entrevista a albert serra

Lo nunca visto de la agonía del Rey Sol

El cineasta catalán presenta en Cannes fuera de concurso 'La mort de Louis XIV', en la que el mítico Jean-Pierre Léaud se pone en la piel de un monarca agonizante

Foto: Fotograma del filme
Fotograma del filme

Durante sus 72 años de reinado en Francia, Luis XIV escapó varias veces de la muerte. En agosto de 1715, una embolia en la pierna lo deja postrado en la cama donde agoniza hasta fallecer el 1 de septiembre de ese mismo año a los 76 años. Sus últimos días están documentados de forma pormenorizada en libros como las 'Memorias' de Saint-Simon y las del Marqués de Dangeau. A partir de este material histórico, Albert Serra reconstruye la agonía del hombre que encarnó el poder absolutista en una bellísima película que tiene lugar en su mayor parte en el único escenario de la habitación del monarca.

'La mort de Louis XIV' también supone la recuperación para el cine de Jean-Pierre Léaud. El que fuera rostro emblemático de la Nouvelle Vague y álter ego de François Truffaut no ha dejado de aparecer en películas recientes pero casi siempre como ese actor mítico cuya presencia es todo un símbolo de cierta época del cine francés. Aquí Léuad es liberado de esta carga referencial y ofrece una de las interpretaciones más conmovedoras que hemos visto en el Festival de Cannes. Todo ello sin apenas moverse de la cama.

Lo nunca visto de la agonía del Rey Sol

Aunque rodada en unas condiciones de producción muy diferentes a las de sus primeros filmes (con intérpretes profesionales y de renombre, en francés, en interiores en lugar de exteriores...), 'La mort de Louis XIV' no renuncia a la radicalidad que caracteriza a Serra. La película se acomoda al tempo pausado y asfixiante de una muerte lenta que tiene lugar en un espacio cerrado. Y en torno a este cuerpo en plena putrefacción se reúne una corte de médicos, curas, curanderos, asesores, familiares y cortesanos en general que atienden los últimos días del monarca. Sus charlas revelan un estado de indeterminación entre una ciencia que está asentando su poder pero todavía muestra sus límites de forma evidente y se muestra incapaz de impedir el fallecimiento del hombre más poderoso del mundo.

PREGUNTA. La mayoría de tus películas son aproximaciones poco ortodoxas a personajes históricos o literarios (Quijote y Sancho, Casanova, Drácula, los Reyes Magos...). En este caso, te acercas a Luis XIV, pero no te interesa tanto su vida como su muerte.

Aquí encontramos el poder máximo enfrentado a la impotencia máxima que le supone la enfermedad

RESPUESTA. Me interesa mucho la idea de la desaparición. Me gustan mucho las cosas que desaparecen, que se extinguen. Aquí encontramos el poder máximo enfrentado a la impotencia máxima que le supone la enfermedad. Hay otro asunto que aparece cuando habla con su heredero y le aconseja que no haga como él y no se interese ni por la arquitectura ni por la guerra. La muerte de Luis XIV representó también el inicio de la decadencia del estado francés, que empezó a verse amenazado por las deudas contraídas durante este reinado. Hay cierta morbosidad en observar cómo una persona tan poderosa va decayendo, también físicamente. Viendo esta película yo pensaría, “mal nacido, ojalá se muera”, pero compruebo que los espectadores acaban sintiendo pena por el personaje.

P. Habitualmente trabajabas con intérpretes no profesionales e incluso, en una gala de los premios Gaudí de la Academia del Cine Catalán, llegaste a proponer que se enviara a todos los actores a Guantánamo. Aquí el rol principal lo encarna un actor tan conocido como Jean-Pierre Léaud...

Viendo esta película yo pensaría, 'mal nacido, ojalá se muera', pero compruebo que los espectadores acaban sintiendo pena por el personaje

R. Escogí a Jean-Pierre Léaud porque me gustaba físicamente, tiene un tipo de facciones que para mí representan la Francia de cierta época, incluso representa una genética francesa, aunque ahora no tenga sentido esta expresión. Me recuerda también al rostro de Mitterrand. Él es muy agradable y yo le tenía mucho respeto como persona, más que como actor. Ya sabes que a mí el cine francés no me interesa demasiado. El cine en general no me influye cuando ruedo una película. Pero en este caso sí que me parecía pertinente contar con él para esta película. Pero para mí Jean-Pierre Léaud no es un actor, no tiene ningún tipo de metodología clásica. Y él se define antes como intelectual.

P. ¿Cómo se dirige a un actor que se pasa casi toda la película postrado en la cama?

R. Dirigiendo, cada cual tiene su metodología. Mi sistema consiste en hablar mucho con el actor y estar siempre rodando con tres cámaras hasta que consigues lo que te interesa. Yo lo explico a través de la metáfora del magma, que va bajando y lo va uniformizando todo hasta que no queda ninguna arista que sobresalga, ni tan siquiera la que puede representar un actor como Jean-Pierre Léaud. Me gusta mucho su locura y su creatividad, que se han acabado adaptando a la lógica de la película porque no le quedaba más remedio, ha acabado sucumbiendo. Esta es la gracia de la película: tienes a Jean-Pierre Léaud, pero no de la forma habitual.

 

Serra y Jean-Pierre Léaud en Cannes (Reuters)
Serra y Jean-Pierre Léaud en Cannes (Reuters)

 

P. El peso que tiene la ciencia en el filme resulta insólito. ¿Por qué te interesa tanto esta dialéctica entre el mundo de la razón y el de la superstición?

R. Las metodologías médicas que aparecen en el filme están documentadas y la gracia es ver cómo a nuestros ojos de hoy parecen esotéricas, cuando justo en ese momento luchaban para imponerse a otros métodos que sí eran supersticiosos. Es un tema hermoso y divertido. Todos creemos en la ciencia y guiamos nuestra vida por la racionalidad. Y al mismo tiempo tenemos un deseo íntimo y cotidiano por lo irracional, esperamos que lo esotérico irrumpa en nuestra vida. Que haya esa otra lógica que corresponde al mundo de los sueños y de la noche... Me gusta aplicar esta dialéctica a asuntos concretos como la medicina o la religión...

Cartel del filme
Cartel del filme

P. Uno de los mejores momentos del filme es aquel en que el curandero que interpreta Vicenç Altaió cita el tratado que el médico medieval Arnau de Vilanova dedicó al amor pasional. ¿Cómo conociste este libro del siglo XIII?

R. No lo conocía. Pero me apetecía introducir una referencia más catalana y este libro sobre la fisiología del amor resultaba muy oportuno en boca del personaje de Altaió, que encarna a un médico provenzal que existió en la realidad y así justificaba que Vicenç hablara con ese acento.

P. 'La mort de Louis XIV' es una producción mayoritariamente francesa. ¿Qué diferencias encuentras entre rodar en Francia y hacerlo en España?

R. Se nota mucho en el rodaje. Hay unas lógicas de trabajo que difieren mucho de las que tenía yo, más anárquicas. Pero como los actores eran franceses y ya estaban adaptados a ellas, pues funcionó. Y el cine de autor siempre se recibe mejor en Francia

P. Viendo la película tienes la sensación que estás habitando un cuadro. ¿Cómo llevasteis a cabo la dirección artística?

Todos guiamos nuestra vida por la racionalidad. Y al mismo tiempo tenemos un deseo íntimo y cotidiano por lo irracional

R. En los rodajes yo me concentro en los actores y me olvido de temas como el de la luz o la composición de los planos. Aquí rodé en formato de 16:9 y he acabado reajustándolo a un formato de 2.35:1, lo que supone perder un 25-30% de la imagen. Me intereso por los decorados y el vestuario justo antes del rodaje para tener clara la relación física que van a tener los intérpretes con el espacio. Tengo una tendencia natural a iluminar poco y además intento que esté justificado en la película, como aquí la presencia de las velas. En esto voy a la contra de la tendencia actual a que todo esté súper iluminado y todo se vea perfecto. Mi iluminación es muy naturalista, pero por contraste con la tendencia actual, da esa sensación pictórica.

P. Tu película se a situado en el top de filmes más valorados de todas las secciones del Festival de Cannes.

Me avergüenza que mi película le guste a la gente normal

R. Jamás miro estas cosas. Jean-Pierre Léaud no ha visto la película, dice que le da demasiada angustia, pero en cambio se lee todas las críticas. Yo hago al revés, he revisado mucho la película pero no me leo las críticas. Solo leo a ciertas personas que me interesan y no suelen escribir en medios de actualidad. Pero siento un poco de vergüenza.

P. ¿Por qué?

R. Porque mi película le está gustando a la gente normal. Y me siento como Sansón sin su cabellera. Me avergüenza que mi película le gusta a las mismas personas a quienes les ha encantado la película brasileña, 'Aquarius', que es tan mala. Yo pensaba que la segunda parte, donde hay tantas reiteraciones y repeticiones durante más de 10 minutos, les iba a parecer muy dura y agresiva. Y en cambio dicen que les encanta. ¡No lo entiendo! Vivir para ver...

 

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