la cultura de los sistemas de sonido

El sonido de la democracia

Chico-Trópico y la Casa Encendida presentan este sábado en Madrid una batalla de sound systems

Foto: El sonido de la democracia
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Atención, pregunta: ¿cuál es el invento más importante en la música popular del siglo XX? Sin duda el tocadiscos, tanto por su capacidad de convertir el salón de cada casa en un auditorio como por su condición de motor de los sound systems, torres de bafles que permitieron sacar la fiesta a la calle y poner el placer musical al alcance de las capas pobres de la sociedad. La invención de este fenómeno tiene lugar en Jamaica en los años cincuenta, pero también tuvieron gran implantación en países latinos como México (donde se llaman sonideros) y Colombia (donde reciben el nombre de picós).

Estas estrategias festivas son prácticamente desconocidas en España, por lo que es buena noticia que el colectivo Chico-Trópico y la Casa Encendida unan fuerzas para montar una batalla sonora entre Lucho que Sabe Mucho y Sonido Pancho. Ambos nos visitan por primera vez. Será hoy, de 20:30 a 22, precedido del documental Picó: la máquina sonora del Caribe y de la presentación del fanzine Bailen (de 17:30 a 20.00). Además el precio es popular: solamente cinco euros.

Solución musical y política

¿Estamos ante otra opción exótica para satisfacer a gourmets melómanos? Nada de eso. Plantar unos bafles gigantes en mitad de la calle, la playa o un descampado supone una reivindicación política del uso del espacio público y un ensanchamiento de la democracia cultural. Los barrios pobres del mundo, cuyos habitantes no podían pagarse la entrada a una discoteca, encontraron una solución colectiva, barata y eficiente a sus problemas para divertirse. Desde entonces, los sound systems o sistemas de sonido han sido el mayor laboratorio de innovaciones para la música popular, alumbrando géneros como el dub, el reguetón, el funk de las favelas, el kuduro o el mísimisimo hip-hop.

Esta fértil invención de la gente más humilde es hoy la forma dominante en la música popular moderna. Quien quiera profundizar en el campo latino puede empezar por un libro electrónico, colectivo y gratuito titulado Sonideros en las aceras, vénganse a la gozadera (Tumbona ediciones, 2012). 

Apropiación festiva

El prestigioso musicólogo Rubén López Cano nos explica el contexto social: "Los estudios poscoloniales hablan de "mímica" cuando la población dominada adopta prácticas culturales de la dominante, pero imprimiendo deliberada o involuntariamente alguna marca estética propia. De este modo, la mimesis posee cierto poder de deconstrucción irónica del colonizador", explica. Don Alirio, discjockey picotero en activo en Barranquilla, Colombia, aporta ejemplos curiosos: "Cuando aquí llegó el vinilo de Another one bites de dust (Queen) lo acabaron rebautizando Guanabana pa' tu casa.

La guanábana es un fruto local (parecido a la chirimoya). Otro disco muy famoso de Sudáfrica que se llama Trouble trouble aquí lo conocemos como Chavo chavo, por el Chavo del Ocho. El noventa por ciento de la música africana, árabe y new wave la hemos rebautizado. Se hizo incluso con temas instrumentales: si el ritmo era romántico le ponían "Corín Tellado" y si sonaba psicodélica le llamaban "El Remolino" o algo por el estilo".

Público entregado

López Cano subraya el espíritu festivo y colectivo de estas prácticas, muy populares en barrios de México DF: "Los sonideros mexicanos hablan todo el tiempo sobre la música: dan informaciones sobre la canción que se escucha (veraz o ficticia), animan la fiesta, intervienen en la grabación agregando coros, alterando el volumen o el estéreo en algunas partes, lanzando rúbricas sonoras identificadoras y, sobre todo, enviando saludos.

Es común ver la cabina del DJ rodeada de un público fervoroso que, más que bailar, desea que éste lea el mensaje que sujeta en sus carteles: "¡un saludo para los amigos del barrio de Peñón de los Baños!!!", "El Chuki saluda a sus compadres de Tepito!!!"; "¡Ya llegó el club de baile de Miguela y sus edecanes!"; "¡Ya está aquí Abigail la Mamazona!!!". Ser mencionado en una de las fiestas o tokines sonideros es fuente de prestigio y tiene valor curricular", apunta en el fanzine Bailen.

La música de los esclavos

Hay que hablar también de la champeta, uno de los combustibles principales de los picós colombianos. Se llama "champetudos" a los estratos más pobres de la población, la mayoría descendientes de los esclavos africanos. La palabra "champeta" hace referencia a los cuchillos usados para las tareas más serviles, por ejemplo cortar verduras o limpiar el pescado en el puerto. Estas "clases bajas" vibraban con discos de estilos africanos como el soukous, la rumba congoleña, el highlife, el mbalax o los géneros populares de Sudáfrica. Se denominaron picós en referencia a los pick ups o tocadiscos integrados en una maletita, que permitían llevar la música a cualquier espacio físico.

Don Alirio remata con el siguiente apunte: "La cultura picotera en Barranquilla ha sido siempre muy vespertina. Podían estar desde las diez de la mañana a las dos o las tres de la madrugada del día siguiente. Existía una verbena muy famosa que se llamaba A Pleno Sol porque encendía los picós a la hora de comer". Con las leyes de Madrid, resulta casi imposible replicar estos fiestones maratonianos, pero hay que agradecer a Chico-Trópico que nos den una muestra de lo que nos estamos perdiendo.

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