luces y sombras

Matraca, robo masivo de móviles y el entierro de La Pasionaria en el Sónar 2015

El festival de electrónica vive un momento de estancamiento donde el riesgo es la excepción

Foto: La vocalista del grupo colombiano Bomba Estereo (EFE)
La vocalista del grupo colombiano Bomba Estereo (EFE)
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El Sónar pasa por ser el festival de música que más arriesga en España. El comentario hay que ponerlo en contexto, ya que el resto arriesgan poco o nada, abandonados a las inercias de la nostalgia (reunir grupos famosos) y la anglofilia (de la que el Sónar tampoco se libra precisamente). ¿Es arriesgado contratar a Chemical Brothers, Hot Chip y Skrillex? Más bien parece que están entrando en una dinámica de moviola parecida a la del reaccionario festival de Benicàssim, donde cada dos años tocaban Suede.

¿Es innovador traer de nuevo a Bomba Estéreo, cuando la escena colombiana tiene artistas tan interesantes o más, por ejemplo Systema Solar, La Mojarra Eléctrica o Don Alirio? Más bien parece que tiran por el camino cómodo. ¿Es valiente programar en "prime time" a Jamie XX? Esto quizá sí, ya que ofreció una de las sesiones más tediosas que recuerdo, de esas que suenan tan estériles que los cluberos curtidos las califican como "aguantaciegos" (su única aportación es mantener las sustancias psicoativas circulando).

Si el Sónar baja tanto el nivel de exigencia, puede acabar bajando el público también. Tampoco es especialmente arriesgado apostar por viejos estrellones de radiofórmula como Duran Duran o antes por Roxy Music. Quien busque a los discjockeys más vibrantes del momento hará mejor en atender a la potente y variada programación del Off Week, repartida por la red de clubes de la Ciudad Condal.

Si el Sónar baja tanto el nivel de exigencia, puede acabar bajando el público también

Que tiemble DJ Tiësto

Lo más impresionante del festival fue Evian Christ. Nacido en 1990, ha colaborado con el superventas Kanye West, ha fichado por el prestigioso sello Warp y participado en una expo para el Instituto de Arte Contemporáneo (ICA) de Londres. Pero no crean que estamos ante un niñato arty, sino ante el autor de un rodillo sonoro capaz de entretener al bakala más fiestero.

Ofreció un aplastante directo el sábado, enfundado en una camiseta de DJ Tiësto, uno de los "pinchas" más planos, previsibles y exitosos del planeta. Obviamente, se estaba riendo de él, mientras nos pasaba por encima con unos ritmos brutales, salpicados de arreglos épicos, que rompieron los medidores de intensidad. Resumiendo: matraca de cinco estrellas. El próximo sábado 27 pincha en el Mulafest. Avisados quedan.

 

El sonido de la calle

Sónar anunciaba en su web que 2015 sería el año del grime, estilo sucio y callejero de los barrios pobres de Londres. La realidad es que había solo tres conciertos y dos de ellos coincidían en horario. El tercero, Mumdance & Novelist featuring The Square lo colocaron a la misma hora que Autechre, estrellas del jueves, poniéndoselo complicado a los que querían acudir. La realidad es que Sónar apenas presta atención a las "músicas de abajo", la explosión de creatividad electrónica en los barrios pobres de todo el planeta. Tampoco pasa nada, ya que los habitantes de cualquier zona popular seguramente no podrían pagar la entrada ni el precio de las bebidas del festival.

 

Dicho esto, fue espléndida la actuación de The Bug en el Sonar Hall, un escenario tan cómodo como perfecto en cuestiones de sonido. The Bug apostó por un sonido denso y sucio, cien por cien callejero, reforzado por dos raperos y una vocalista jamaicana que daba el contrapunto dulce. Uno de los momentazos del fin de semana.

Flamenco del siglo XXI

Se vivió un momento de euforia colectiva durante el concierto de El Niño de Elche y Los Voluble en el Sónar Complex (un auditorio de sonido impecable y cómodas butacas). Arrancaron de forma discreta, pero despegaron con la impresionante pieza El ravero, que explora las conexiones entre la fiesta flamenca y las pinchadas ilegales de música electrónica. El resultado suena tan natural como contagioso. Desde allí hasta el final no decayó el concierto ni un solo minuto, dejando al público con ganas de más. La experiencia se intensifica gracias a unos desarmantes visuales, donde se mezclan jaranas techno con mitos flamencos como Agüjetas y Menese o escenas clásicas de la Transición (lo último que esperaba ver en el Sónar es el entierro de Dolores Ibárruri). Haciendo gala de espíritu 15M, dedicaron una canción a Guillermo Zapata, víctima de un malentendido que le obligó a renunciar a la concejalía de Cultura de Madrid.

Cuando salimos del show, alguien decía que podemos estar ante el Enrique Morente del siglo XXI (mucho más politizado que el maestro granadino). No sé si es buena la comparación, pero sirve para orientarnos, ya que el Niño de Elche también explora recursos para poner al día el flamenco sin despojarle de su esencia ni alejarlo del sentir popular.

 

Coches de choque

¿El momento más divertido? Seguramente el concierto de Die Antwoord, dúo de Ciudad del Cabo que lleva el sonido global ghetto (música de los barrios populares de todo el planeta) hasta su lado más pop. Ritmos febriles, estribillos contagiosos y estética fluorescente. Se pueden disfrutar como un cruce de M.I.A y Aqua, aunque sus detractores les describan como el encuentro de Amistades Peligrosas con los peores Prodigy.

¿El concierto más desconcertante? El de los míticos Autechre, que optaron por tocar en completa oscuridad, excepto por treinta segundos iniciales para que el público supiera a quienes estaban viendo. Se trata de un truco escénico tan sencillo como efectivo para dar todo el protagonismo a la música. El problema es que mucha gente se empeñó en intentar grabarlo con el móvil (¿tiene sentido registrar la oscuridad?), arruinando parcialmente el efecto. ¿El mejor recurso para no desfondarse? Si alguien necesita un descansito, la mejor opción es sentarse junto a los coches de choque. Siempre hay algo que mirar, por ejemplo los móviles y bebidas que salen disparadas tras algunas colisiones (incluso vi a una persona caer fuera de su vehículo). La música del escenario Sónar Car es muy adecuada: desde el techno elegantón de Randomer hasta el disparatado mix fiestero de DJ Detweiler. En ese mismo espacio, los pujantes raperos de Barcelona Pxxr Gvng demostraron que pueden ofrecer un show entretenido. La mediocridad de sus canciones se compensa con el desparpajo de subir a media docena de colegas a perrear y descasar sobre el escenario.

 

Bluff electrónico

También es obligado comentar la actuación de Skrillex. Este joven artista es uno de los emblemas de la escena EDM, que consiguió contagiar la fiebre electrónica en Estados Unidos. A pesar de su importancia para la industria, ofreció un show mediocre, tan tedioso como mirar a un adolescente hacer zapping en la televisión de su cuarto mientras en su cadena de música suena a todo trapo el grupo rockero Korn. Lo mismos trituraba trocitos de Daft Punk que de El Rey León, en un minuto pasaba de su colaboración con el rapero A$AP Rocky al clásico infantil Los pollitos dicen pío pío pío, siempre sin ritmo ni gracia. El mejor momento fue Make It Bun Dem, poderoso himno antidesahucios cantado por Damian Marley, que bien podría haber dedicado a la nueva alcaldesa de la ciudad. Igualmente triste fue la actuación del británico DJ Fresh, acompañado por un vocalista que recordaba a Fred Durst, líder de Limp Bizkit, olvidadas estrellas rockeras de comienzos de siglo.

Público en un concierto del festival (REUTERS)
Público en un concierto del festival (REUTERS)

Y es que este tipo de electrónica (Skrillex incluido) se parece más al ramplón "nu metal" que a otra cosa. La sensación es que la oferta de Sónar noche es cada vez más pobre y estandarizada, mientras que la parte de día ha salido ganando, debido a las estrecheces y mal sonido de los dos mayores escenarios del antiguo recinto (Sónar Village, el mayor espacio del día, sigue tenido una acústica floja y dispersa).

Momento robo

Al volver a casa, leo en El País que la organización puso controles a la salida del recinto de noche debido al robo masivo de móviles. Ya me lo habían comentado algunos colegas, incluso uno que estuvo a punto de ser víctima, aunque yo no vi registro al salir ninguno de los dos días (más o menos a las seis y media). A lo largo del festival, también se utilizó la palabra "robo" para hablar de los precios de las bebidas, por ejemplo cuatro euros por una Coca-Cola donde la mitad del vaso es hielo.

Un abono para el Sónar puede costar hasta doscientos euros más cinco de gastos de gestión. A la hora de obtener la pulsera hay que hacer una larguísima cola custodiada por dos seguratas desbordados, incapaces de controlar a quienes se cuelan (que son más y más grandes). También fueron insuficientes los transportes, hasta cincuenta minutos tuvieron que esperar algunos el sábado al bus en Plaza de España, ante la ausencia de taxis libres y la abundancia de autobuses llenos. Los más jóvenes decidieron subir andando. Si un festival es tan caro, lo mínimo que se puede exigir es que sea ultracómodo. Y lo deseable sería que bajaran los precios. La revolución electrónica, con sus equipos baratos, fue una importante contribución a democratizar el acceso a la música, tanto a escucharla como a hacerla. Con su enfoque pijo, el Sónar parece empeñado en elitizarla.    

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