El bestiario oculto de EEUU

La historia secreta del Salvaje Oeste negro

Servando Rocha publica un ensayo sobre las bandas negras motorizadas y sus conexiones contraculturales

Foto: Motoristas afroamericanos en los años sesenta (Roland Freeman)
Motoristas afroamericanos en los años sesenta (Roland Freeman)
Autor
Tags
Tiempo de lectura6 min

Si yo les digo a ustedes, “viene un negro en moto”, probablemente no se inmuten. Si les digo, “viene un negro macarra en moto”, quizá se inquieten un poquito. Y si les digo, “viene un negro macarra en moto” y están ustedes en el EEUU de 1959, probablemente entren en pánico y llamen al sheriff del lugar…

En efecto, estamos en San José, California, el 25 de mayo de 1959, y por ahí viene un ejército de Harleys en formación: El ejército negro (La Felguera Editores), título del nuevo ensayo de Servando Rocha, que describe así esta histórica escena californiana:  

“Primera incursión desde el gueto de Oakland. Comienzo de una epopeya contemporánea. El Ejército Negro había salido al amanecer. Durante más de cinco horas avanzó decidido a través de interminables carreteras, horizontes de fuego sobre los que quemar las ruedas, dejando atrás Oakland  y la bahía como zonas de guerra, enclaves en llamas. América. Paseaban veloces y libres, atravesando campos de muerte, desoladores pueblos bajo un sol rojo como hierro candente. Territorios devastados. Puntos distribuidos a lo largo de la carretera. Estrellas cromadas sobre un firmamento de asfalto. Motores rugiendo, revolucionados, intoxicando el aire con sus tubos de escape trucados y el embrague suicida…”.

He aquí un libro que es, a la vez, ensayo contracultural y western épico. O la historia secreta de una banda de motoristas negros, los Dragones de la Bahía del Este, que el ensayista rescata de los agujeros de la Historia: los mismos moteros malditos que salieron a la luz pública un 25 de mayo de 1959, reciben a Rocha en su sede de Oakland 55 años después:

“Me siento un extraño, un intruso, pero ya no hay marcha atrás. El símbolo del dragón preside la fachada del local, hacia donde me encamino decidido. En la entrada hay un cartel que advierte. ‘Prohibido la entrada, Solo miembros’, pero veo que la puerta está entreabierta. La cruzo, mientras pregunto si hay alguien. Está muy oscuro, o al menos eso me parece, hasta que de pronto alguien responde y grita mi nombre. Frente a mí encuentro al sonriente Rasheed, que luce una imponente imagen de forajido: su chaqueta negra de cuero está repleta de símbolos, emblemas y un parche que dice: ‘Los motoristas forajidos no son una banda callejera’. Nos abrazamos y, al hacerlo, noto la dureza de su curtida y vieja chaqueta. De repente, un pequeño fogonazo de realidad, un instante que me recuerda que mi casa está muy lejos de aquí, que estoy en la guarida del dragón…”.

Los Dragones de la Bahía del Este
Los Dragones de la Bahía del Este

Los veteranos forajidos negros proceden a contar su historia al ensayista, y Rocha ve en ella el reflejo de otras historias: la de los orígenes de las bandas de motoristas tras la II Guerra Mundial, la de los cruces entre hippies y Ángeles del Infierno en los sesenta, la de la lucha de los derechos civiles, los Panteras Negras y la rebelión negra contra la sumisión a través de los tiempos. Bienvenidos al otro Salvaje Oeste, cuando los negros montaban comunidades de autodefensa y búsqueda de autonomía política y personal.

"Los Dragones de la Bahía del Este son la banda motorista negra más longeva, y los primeros que se autoproclamaron como outlaws [forajidos] y 100% negro. Los célebres Ángeles del Infierno del capítulo de Oakland, el más famoso de todos, se fundaron dos años antes y los Dragones fueron, en sus comienzos, la versión negra y menos criminal de ellos. Mi tesis fundamental y en lo que se basa y parte el libro, como un relato mayor, es que existió un Salvaje Oeste negro que resulta desconocido. Esos mismos forajidos, al llegar la modernidad, sustituyeron los caballos por las Harleys, pero siguieron siendo forajidos”, cuenta Rocha a El Confidencial.

El Ejército Negro, subtitulado Un bestiario oculto de América, combina crónica personal, investigación histórica y experimento político. Un poco como lo que hizo Greil Marcus en esa historia secreta del siglo XX llamada Rastros de carmín, salvo que mejor: si Marcus disparaba en tantas direcciones que acababa recurriendo a la analogía política arbitraria, Rocha centra mucho más el tiro: El Ejército Negro es una vibrante biblia de culto sobre la contracultura negra.

Banda de motoristas en EEUU (Elliot M. Gold)
Banda de motoristas en EEUU (Elliot M. Gold)

 

“La presencia negra en los EEUU, que los motoristas muestran con orgullo bajo el parche ‘American Biker’, en el caso de las bandas de motoristas, es un ejemplo de la supervivencia del negro en las duras calles de ciudades como Oakland o Los Ángeles. Para ello, crearon hermandades, espacios de autoprotección, entendieron la rebelión de esta forma", razona Rocha.

Una rebelión en la que los Dragones jugaron un papel clave: "Estuvieron presentes en medio siglo de movimientos contraculturales: los beatniks se fascinaron con ellos pero ellos también fueron beatniks; con la llegada de los hippies, se unieron al movimiento por los derechos civiles y los Panteras Negras, con los que se aliaron e influenciaron. Soñaron con que fuesen su ‘guardia motorizada’. En los setenta y ochenta, resistieron las oleadas de la droga y la violencia ya profesionalizada de bandas callejeras. Durante más de medio siglo se han mantenido en pie y conservado un aura legendaria, lo cual es muy complejo. Han sabido llevar la sabiduría milenaria del dragón a una tribu sobre ruedas”, añade el ensayista.

'Durante más de medio siglo han mantenido en pie y conservado un aura legendaria, lo cual es muy complejo'

El Ejército Negro, narración épica que, como buen western, tenía que cerrarse necesariamente con una escena crepuscular: Rocha se despide del legendario fundador de los dragones motorizados, el veteranísimo Tobie Gene Levingston, al borde de iniciar su última batalla vital.

“Poco a poco sale el sol en Oakland… Por última vez, Tobie me mira y se toma su tiempo. ‘Somos un grupo unido en un país dividido’, añade mientras le vemos alejarse. Posiblemente sea la última vez que lo vea. Sin mucho esfuerzo, puedo imaginarme el momento fatal, cuando se haya ido el padre de los Dragones, el primer de ellos pero no el último. Entonces, al repicar las campanas, esta Hermandad Negra Forajida deberá nuevamente encomendarse a la sabiduría del dragón, persiguiendo su silueta a través del tiempo. Casi puedo verlo, justo aquí, con su gran sonrisa, una figura espectral en una luminosa mañana, cabalgando hasta el último aliento y tatareando la vieja canción, esa que dice:

‘Poned sobre mi pecho las espuelas y el lazo.
Y mientras los muchachos me bajan a la tumba
Dejad sueltos y en libertad a mis caballos’”

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios