a punto de cerrar sus puertas

El Café Central, del mejor jazz internacional al silencio eterno

La Ley de Arrendamientos Urbanos obligará a los dueños a pagar un precio de mercado por el alquiler del local. La subida del IVA y la crisis hace inviable su continuidad

El Café Central es mítico. Situado en la plaza del Ángel de Madrid, las paredes de este lugar transpiran música jazz. Pero a Gerardo Pérez, socio y fundador de lugar, no le gusta la palabra mítico. Ni emblemático. Para Gerardo el Café Central es el Café Central. Es el negocio que decidió montar con sus cuatro amigos para disfrutar de la música y poder hacerse ricos.

Lo primero, lo consiguieron, lo segundo, no. El Café Central ha dado de comer a varias familias y a los empleados, pero no ha conseguido que Gerardo y sus socios naden en la abundancia. Con 62 años, encontramos a este fundador sentado en la terraza del café, observando su sueño de juventud con la resignación de quién nada puede hacer para parar un cierre inminente.

El lugar que vio a Tete Montoliu tocar un mes entero, rebajando su caché para salvarles de las dificultades económicas, llega a su final. La Ley de Arrendamientos Urbanos termina en 2015 con los contratos de renta antigua y el local se alquilará a precio de mercado. 32 años de historia, y en plena maduración, una normativa obligará al Café Central a jubilarse.

El alquiler del local, en la Plaza del Ángel dejará de ser de renta antigua. (Foto: Enrique Villarino)
El alquiler del local, en la Plaza del Ángel dejará de ser de renta antigua. (Foto: Enrique Villarino)

De 5.000 a 12.000 euros

“Aquí pagamos más de 5.000 euros al mes, otra cosa es que ahora el mercado diga que esto vale 12.000. Nosotros no podemos pagar eso”, explica el propio Gerardo. La crisis económica y la subida del IVA del 21% hacen inviable continuar.

“Confieso que en mi insensatez pretendía hacerme rico, estar 30 años y retirarme con el dinero que había hecho, tranquilo. Y no he hecho ni una cosa ni la otra, ni me he hecho rico ni me voy a retirar. Es más, igual me echan a patadas”.

Gerardo podría ser, a estas alturas de la vida, un viejo rockero. Pero unos Led Zepepelin “demasiado pesados” en uno de sus disco de los 70 hizo que mirara al soul. “Entonces escuché un concierto de Tete Montoliu y decidí que esa era la música que me gustaba. El Café Central surgiría 11 años después de aquello, en un momento en el que mis amigos y yo necesitábamos ganarnos la vida”.

Gerardo Pérez, fundador del Café Central. (E. Villarino)
Gerardo Pérez, fundador del Café Central. (E. Villarino)

Una antigua tienda de marcos en la plaza del Ángel les sirvió para empezar, y allí sigue, hasta que les dejen. El 1 de enero de 2015 finaliza ese contrato antiguo pero el Central abrirá el 2 de enero. “Hay cuestiones que no están claras en esa ley, y en nuestro contrato con el propietario, y queremos discutirlo en un tribunal. Con la rapidez de nuestra justicia puede que esto se alargue unos meses más, pero será una situación transitoria”, apunta Gerardo.

Mientras siga funcionando seguirá habiendo música. Todos los días, excepto las fiestas de guardar. Porque una de las características de este lugar es que un músico o una banda toca aquí siete día seguidos, con un público diferente cada día que se sienta a menos de un metro del escenario.

“El Central es el lugar donde yo ponía en práctica mis proyectos en los 90”. Habla el músico Chano Domínguez, uno de los grandes, que con mirada triste habla ya en pasado. “Es un club que te daba siete días de trabajo, te daba tiempo para experimentar con el grupo, para probar nuevas músicas. Y la cercanía con el público. Es algo muy enriquecedor, me encanta tocar en sitios donde puedes mirar al publico a los ojos”.

Mirar al público pero también al músico que viene a escuchar y que en cualquier momento puede decidir subirse a tocar al escenario y deleitar a los fieles, como los llama Gerardo, con un espectáculo único. Así paso entre Chano Domínguez, que tocaba con su trío, y Wynton Marsails, que estaba entre el público. El segundo decidió subirse al escenario y tocar con esta banda a la que no conocía de nada.

(E. Villarino)
(E. Villarino)

Hay quien crece musicalmente entre sus sillas, como Niño Josele, que también habla del Central con sentimiento antes de comenzar la prueba de sonido con Chano Domínguez en el festival JazzMadrid del mes pasado. “He escuchado buena música en el Central, como a Jerry González, y he aprendido mucho latin jazz. Una lástima que se pierda esto y no le den la oportunidad a los jóvenes de conocer est música”.

Los fieles perderán su lugar de encuentro, los músicos, su espacio para tocar y las nuevas generaciones un sitio en pleno centro de Madrid para descubrir el jazz. “Yo me aficioné a esto por escuchar un concierto de Tete. En la radio y en la tele se escuchaba jazz, pero ahora no se ve”, se resigna Gerardo. “Si nunca has estado en un concierto de jazz no te puede gustar. Veo salir gente de aquí diciendo ‘yo no entiendo de jazz’. ¡Pero si no hay nada que entender, es sólo música!”.

A Gerardo se le sigue poniendo los pelos de punta con la música en directo, 32 años después de aquella locura de montar un club de jazz con sus amigos, pero sabe que poco queda para que se le erice el cabello en directo. Lo hará en casa, sin público, no en el Central. Podría salvarlo la petición de Change.org, un indulto, un juez generoso o una carambola de la vida. Pero el silencio eterno se vislumbra al final del túnel. Hasta entonces, la música seguirá sonando. En el Central. 

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