Gaël de Guichen dibuja el futuro de la cueva

El futuro de Altamira: dos grupos de cinco a la semana

Gaël de Guichen es el mayor experto en el mundo en lo que se ha llamado “conservación preventiva”. Ahora trata de curar la cueva de Altamira

Foto: El director científico del Programa de Conservación de Altamira, Gaël de Guichen. (EFE)
El director científico del Programa de Conservación de Altamira, Gaël de Guichen. (EFE)
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Gaël de Guichen es el mayor experto en el mundo en lo que se ha llamado “conservación preventiva”, que trata de poner freno a las enfermedades del patrimonio antes de que sea demasiado tarde. Este ingeniero químico, responsable de cerrar y reducir la entrada a la cueva de Lascaux en Francia, es un gurú, viste como un gurú, tiene el reconocimiento del gurú y como tal, puede llegar a combinar explosiones de alegría y rigor al segundo. En sus manos está determinar cuál es el futuro de la cueva de Altamira, la joya del arte rupestre mundial.

Está al frente del equipo de 48 personas -procedentes de más de una decena de instituciones- y entregará un informe al Patronato de Altamira –el próximo 31 de agosto-, en el que propondrá una actuación de protección sobre la preciada sima. Luego, el Patronato, determinará lo que hacer. Entre otras cosas, porque en el Patronato no hay ni un científico, todos son cargos que responden a insignes nombramientos políticos regionales, nacionales, universitarios y un banquero todopoderoso. No sólo la cueva debe librar una guerra de microorganismos. 

De hecho, la última batalla la libraron los especialistas del CSIC, con el geólogo Sergio Sánchez-Moral al frente, que en 2010 el Patronato apartó del futuro de la cueva, después de emitir un informe con conclusiones tajantes: “La cueva de Altamira, aunque está cerrada en la actualidad, sufre un riesgo real”. “La evolución de la cueva en los próximos años dependerá del mantenimiento o no de las medidas de conservación preventiva, que excluyen las visitas en un futuro próximo”, sentenció sin concesiones a la presión política y turística.

El Patronato de Altamira.
El Patronato de Altamira.

Sánchez-Moral dijo en una entrevista al periódico Público, en 2010, que “si quieren abrirla tendrán que llamar a otros”. Y lo hicieron. En junio de 2013 De Guichen apareció para advertir que, según sus investigaciones, las pinturas “no corren peligro porque evolucionan según el propio proceso natural de la cueva”. Entonces descartaron determinar “aún” si la cueva podría ser reabierta al público. Del “riesgo real” al “no corren peligro”. Y todavía el nuevo equipo no había trabajado con las visitas experimentales para ver cómo afectaban a la cueva, que es precisamente lo que reclamaban al equipo del CSIC.

El aforo perfecto

Las nuevas coordenadas son la conservación y la comunicación. Es decir, la difusión, es decir, la entrada de visitas para que experimenten cómo se vivía hace miles de años. El científico cuenta a este periódico, en una de las salas del vistoso edificio del Instituto de Patrimonio de Conservación Español (IPCE), que en estos momentos se trabaja para averiguar cuál es el número justo de personas que pueden entrar en la cueva.

Ese es el objetivo del estudio, tal y como reconoce Gaël de Guichen. “El método no es cerrar y clausurar, hay que encontrar el punto ideal entre la máxima conservación y la máxima comunicación”, reconoce. “La conservación por conservación no sirve, porque se cierra a todo el público”. Y termina por asegurar durante la entrevista que “debemos trabajar al máximo para permitir visitar la cueva”.

Fotografía de archivo tomada hace 14 años de las pinturas rupestres en las cuevas de altamira (efe)
Fotografía de archivo tomada hace 14 años de las pinturas rupestres en las cuevas de altamira (efe)

Una vez aclarado que la conservación por la conservación es una medida improbable, el profesor De Guichen pone de relieve “el mensaje”. Es el contenido lo que se debe primar y de ahí que argumente que debe haber visitantes observando la cueva de los polícromos originales.

De ahí que compare la visita de Altamira con el Prado o la Capilla Sixtina, a pesar de los 15.000 años de distancia. Como en todos ellos el mensaje es excepcional, hay que abrirlos a los visitantes para que lo sientan y se emocionen con ello. Es curioso cómo este ingeniero químico habla y valora las emociones del espectador ante la obra. Porque su trabajo lo define como técnico, pero también social. ¿No basta la réplica? “Sirve, porque es un modo de comunicación. Siempre y cuando sea una buena réplica”, explica. “La réplica sirve para cuando la presencia humana daña la original”. ¿Ese es el caso de Altamira? “Esa es una conclusión suya”. En realidad, es lo que apuntaba el CSIC.

El especialista utiliza todos los trabajos acumulados durante estos 12 años, como mediciones y nuevas conclusiones. Tiene un ordenador portátil, en el que asoman las diapositivas que utilizará esta tarde en su conferencia (en el Museo Arqueológico Nacional, a las 19 horas). Muestra un gráfico en el que aparece la carga de tiempo de los visitantes, es mínima, menor que la de los investigadores, cuyo impacto es mayor.

“Pensamos que podemos invertir las cargas y hacer que haya más visitantes que investigadores. Además, el público es una visita menos agresiva que la de los investigadores”. De momento, echan cuentas para ver cómo se transforma eso en número de personas al día o a la semana. Las visitas desde febrero, en grupos de cinco, son “poco agresivas”. La variación de temperatura no ha sido significativa, según el científico."Podemos estar pensando en dos grupos de cinco a la semana semana", subraya. “La cueva recupera su temperatura en menos de 60 minutos con un grupo de cinco visitantes”. Cree que la cueva absorbe puede absorber este impacto. El futuro de la evolución científica y las soluciones a la conservación de estos polícromos también levanta la mano pidiendo su turno. 

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