Debate sobre la música de la democracia

La gran batalla cultural de los ochenta: Mecano versus Kortatu

Periodistas culturales analizan los vicios y virtudes de las escena musical de los primeros años de la democracia
Foto: Concierto de Kortatu a mediados de los ochenta (Lengua de Trapo)
Concierto de Kortatu a mediados de los ochenta (Lengua de Trapo)
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Se abre el telón y aparece Nacho Cano aporreando una torre de teclados en paños menores. Fermín Muguruza pegando patadas de karate, y Alaska subida a un bote gigante de laca. ¿Cómo se llama la película? La batalla cultural de los ochenta. Duelo de gallitos. Mecano, Kortatu y los Pegamoides. ¿Quién da más?

Para hablar de todo eso, de los vicios y virtudes de las escenas musicales ochenteras, se juntaron en Madrid los autores de tres libros recientes sobre Kortatu (Roberto Herreros e Isidro López), Mecano (Grace Morales) y Alaska y los Pegamoides (Patricia Godes), publicados en la colección Cara B de Lengua de Trapo, que revisa la creación de discos clásicos de la música popular española atendiendo a su contexto sociológico.

Lamento deshacer el sueño de algunos, pero los grupos de la Movida eran horrorososEl debate arrancó tratando de responder a una de las preguntas del millón: ¿Está sobrevalorada la Movida? Grace Morales limó asperezas: ni era tan buena como se decía antes, ni es tan mala como se dice ahora. Equidistancia que saltó por los aíres lo que tardó Patricia Godes en sacar el mazo: "Lamento deshacer el sueño de algunos, pero los grupos de la Movida eran horrorosos por lo general. Te tenías que tomar dos aspirinas para verlos".  ¿Les suena muy loco? Pues Godes tiene sus argumentos, como ya nos explicó aquí.

No obstante, Godes intentó poner los méritos de la Movida en su sitio: "La crítica a la Movida suele hablar de su frivolidad, pero también mostró a un montón de jóvenes que se podían hacer cosas. Esa fue su gran aportación y no los ídolos con pies de barro, las juergas y las drogadicciones míticas".

Todos los autores coincidieron en una idea: en los ochenta se cocinó un relato hagiográfico sobre la Movida, impresión certificada por el apabullante repaso a la hemeroteca del libro de Godes.

Otro punto de vista compartido: la entronización de los modernos madrileños eclipsó a otras escenas musicales que bien movían mucha más gente (Rock Urbano) bien eran más conflictivas y difíciles de asumir por el mainstream cultural (Rock Radical Vasco).

Censura involuntaria

El caso de Kortatu es de libro. Grupo de masas en Euskadi que vendía como churros en el resto de celtiberia... y jamás aparecía en la prensa generalista. "En Madrid había fiebre por Kortatu, por lo menos en mi barrio", aseguró Morales para subrayar la pegada popular del grupo vasco.

¿Significa esto que hubo una conspiración periodística para no hablar de Kortatu? Según los autores, se trató más bien de incapacidad periodística para encajar al grupo vasco en el impoluto relato cultural de los felices ochenta. "El Rock Radical Vasco tuvo muy poca repercusión en medios estatales pese a sus bestiales cifras de ventas. No es tanto que hubiera censura contra Kortatu como que los medios fueron incapaces de procesarlos como parte del relato cultural de la época. Eso no fue culpa de la Movida. Ocurre que la Movida era presentable desde el punto de vista institucional, mientras que el Rock Radical Vasco era mucho más complicado de asumir en Madrid", explicó López.  

"Censura no había, pero tampoco ninguna necesidad de sacar a Kortatu en el periódico: no encajaban en el relato y, por tanto, se podía prescindir perfectamente de ellos. No es que los periodistas no quisieran sacarlos, es que no se les pasaba por la cabeza", aseguró Herreros.

Los autores también hablaron sobre si es posible ahora una escena masiva tan politizada como la del Rock Radical Vasco. "Está claro que la música actual está poco o nada politizada, salvo algunas excepciones, tipo Fundación Robo. Los músicos cada vez se encierran más en sí mismos. Las letras de los grupos españoles actuales, los del indie, hablan cada vez más de su mundo interior, de las cosas que ocurren dentro de sus casas o de lo que sucede en su círculo íntimo. Y cada vez menos de lo que ocurre a su alrededor o de la situación social y política. Nada les interesa más allá de su limbo", explicó Morales. "Es la huida de la realidad", añadió Godes. "No sé exactamente qué les pasa, pero hay una fractura grande con la realidad", zanjó Morales.

Mecano y la modernidad

El debate basculó entonces hacia el grupo que podría ser la antítesis de Kortatu: Mecano. Primero se analizó la clave de su éxito: "La sociedad se miró en ellos porque su música no te comprometía mucho y no te hacía pensar demasiado. Te hacían creer que estabas escuchando algo nuevo, no a otro grupo progre o de rock duro. Estaba todo perfectamente diseñado para escuchar sin que surgiera culpa o rencor contra nada. Canciones listas para ser escuchadas por cualquier tipo de edad o clase social, por eso llegaron a tanta gente. Mensajes y estribillos pop perfectos. La gente quería ser moderna, olvidarse del pasado y subirse al tren europeo", aseguró Morales, que ya había profundizado sobre el tema en esta entrevista.

El problema es que, treinta años después, la modernidad de Mecano parece algo agrietada. "La concepción que tenía el grupo de la modernidad fue nefasta. Mecano convirtió en moderno la ñoñería y la cursilería tradicional de la España carpetavetónica", espetó Godes.

Sucede que Mecano, que sacaron su último disco de estudio en 1991, siguen presentes en el imaginario cultural colectivo. Lo cual contrasta paradójicamente con la tibia valoración de la crítica. "Es un fenómeno muy extraño. Mecano siguen sonando todos los días en la radio pese a que se separaron hace muchos años. Sin embargo, los críticos los tienen ninguneados. No creen que tengan la suficiente relevancia artística, al contrario que Radio Futura. Mecano no son respetados. Quizás porque han vendido mucho. El caso es que nunca fueron tomados en serio. No tienen categoría de grupo. A mí no me gustan, pero hay cosas incontestables: fueron un fenómeno social y musical", explicó Morales.

Isidro López puso el broche al debate con una ácida teoría sobre por qué no nos tomamos en serio ni a Mecano ni a su época: Pregunta: ¿Por qué la crítica no hace caso a Mecano? Respuesta: "Porque su auge se produjo en una época de excesos que a los medios igual les abochorna recordar. El 92, la EXPO, las Olimpiadas... Mecano formó parte del ascenso hacia eso. El delirio sociata es Mecano vestidos de blanco ibicenco. Es algo que colectivamente quizás preferimos olvidar por bochornoso, aunque culturalmente siga vivo", afirmó López. "Pero es mejor no olvidar las cosas... para no repetirlas", zanjó Morales.  

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