publica el libro 'kassel no invita a la lógica'

Vila-Matas hace del arte contemporáneo un acto de felicidad contra resentidos

Doscientos artistas, filósofos, científicos, críticos y Enrique Vila-Matas. Una chimichanga cultural de tal calibre sólo puede resolverse con una novela
Foto: Enrique Vila-Matas, escritor y objeto artístico en Kassel. (EFE)
Enrique Vila-Matas, escritor y objeto artístico en Kassel. (EFE)
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    Doscientos artistas, filósofos, científicos, críticos y Enrique Vila-Matas. Una chimichanga cultural de tal calibre sólo puede resolverse con una novela autobiográfica sobre un novicio en arte contemporáneo que aterriza en el paraíso de la fanfarria vanguardista. Eso es Kassel no invita a la lógica (Seix Barral), el itinerario de alguien sin prejuicios, que pasea y se deja llevar por el marasmo de acciones que rocían el festival alemán cada cinco años, durante 100 días.  

    La última Documenta de Kassel fue especial. Vila-Matas recibió la invitación de sus comisarias para participar en ella, quiero decir, para que se sentara en un restaurante chino a las afueras de un parque de la ciudad y se dedicara a escribir a la vista del público. El escritor formó parte de aquel gigantesco parque de las maravillas, en el que sucede todo. Objeto y sujeto. Su estancia resultó uno de los libros más humanistas que se hayan escrito sobre arte contemporáneo, por su humildad, por su capacidad para sorprenderse, por su intención de no levantar más barreras entre el arte y la sociedad.

    He dado una dimensión humana al libro para que se pueda pasear. No es necesario hacer grandes alardes, lo interesante es contar lo que has visto, con todo tu conocimiento, con todos tus límitesKassel no invita a la lógica es un libro humilde, trazado con una naturalidad inusual en quien se acerca por primera vez a los experimentos contemporáneos de las artes plásticas. “He dado una dimensión humana al libro para que se pueda pasear. No es necesario hacer grandes alardes, lo interesante es contar lo que has visto, con todo tu conocimiento, con todos tus límites”, explica el autor a este periódico, que imaginaba durante su estancia germana que aquello, Kassel, podría convertirse en una especie de Estado cultural, en el que primara la inteligencia, el debate, la curiosidad, el diálogo, una vida cómplice en la que compartir todo sin equivocarse en lo insignificante. “Quién lo iba a decir. Y yo que no quería ir”.

    La documenta alemana abre sus 100 días de arte vanguardista
    La documenta alemana abre sus 100 días de arte vanguardista

    Además de pasear entre las instalaciones de los artistas invitados, Vila-Matas aprovecha para preguntase por la importancia y el sentido de la vanguardia. Y, sobre todo, para desmontar a aquel que se camufla con sus ropas y alardea de ello. “En el terreno literario, lo vanguardístico había perdido peso, por no decir que probablemente se había extinguido”, escribe el narrador de la novela.

    El centro del laberinto del mito de las vanguardias del arte contemporáneo es Kassel y allí llegó con un mandato propio: prohibido reírse, “como hacen tantos”. “Y me lo había prohibido porque sabía que siempre resultó para idiotas bien fácil denostar ese arte y yo no quería estar entre ese tipo de gente”, escribe. Si hay algo que Enrique detesta por encima de cualquier cosa son las voces agoreras, que con apariencia de lucidez proclaman el fatalismo.

    Enrique Vila-Matas en el restaurante chino en el que actuó como instalación.
    Enrique Vila-Matas en el restaurante chino en el que actuó como instalación.

    ¿Qué hay detrás de esas risitas facilonas? “Resentimiento, odio sucio a los que alguna vez tratan de jugársela buscando hacer algo nuevo o al menos diferente; se ocultó siempre una inquina enfermiza hacia los que son conscientes de que, como artistas, se hallan en una posición privilegiada para fracasar donde los demás no se atreverían a hacerlo”. En los ataques a la ignorancia es cuando la ira desborda a Vila-Matas. Una ira de golosina, para entendernos.

    La invitación de Ferran Adrià a Kassel 12 fue un desastre, porque el comisario cometió la enorme equivocación de conceder esa presencia para que fuera mediático“Quien se ríe del arte contemporáneo es un reaccionario que se niega a la curiosidad”, apunta a este periodista, mientras señala que el conocimiento no interesa, que se prefiere vivir en la ignorancia. Y lo que es peor: que el arte y la sociedad han roto relaciones. La buena noticia son, precisamente, estos paseos pensados. En el trasiego por Kassel, Vila-Matas descubre la manera más honesta de relacionarse con el arte contemporáneo, la forma más espontánea de acercar al lector: a través de la piel. “Lo importante es escribir una frase verdadera”, decía Hemingway, a quien Enrique suele citar en esta frase tan… verdadera. No quiere hablar de crónica, ni de reportaje, ni de divulgación, ni de periodismo, y cuántas intenciones comparte con ellos.

    Por si no había quedado claro, la lógica y la vanguardia es una pareja sin futuro. Agua y aceite. La vanguardia es el impulso, el camino de la seguridad y la felicidad, la potencia que invita a huir por senderos sin lógica. La lógica es el lenguaje común, los prejuicios, el sentido pactado, la muerte de la valentía. Vila-Matas sintió ese “impulso” con la obra de Tino SehgalThis Variation: “Un espacio en tinieblas, un lugar escondido en el que una serie de personas esperaban a los visitantes para acercarse a ellos y, si lo creían oportuno, cantar canciones y ofrecer la experiencia de vivir una pieza de arte como algo plenamente sensorial”.

    Una de las obras de la Documenta 13 de Kassel.
    Una de las obras de la Documenta 13 de Kassel.

    Del impulso (o subidón) al “instante estético”, lo que había ido a buscar a Kassel. “Es una especie de instante de armonía que no sabía muy bien en qué consistía, pero que me interesaba catar. Y, por otra parte, además, qué diablos: aquella brisa invisible me llenaba de un raro pero en cualquier caso interesante bienestar”, escribe el autor, en su inconfundible hormigueo digresivo, regado con inocencia y humor. El arte produce buen humor. “Me fascinaba y no me importaba saber por qué ejercía sobre mí aquella atracción”.

    Quien se ríe del arte contemporáneo es un reaccionario que se niega a la curiosidadEs un nuevo Vila-Matas, uno que ya no cree que para escribir hay que llevar una mala vida. Es el Vila-Matas que asume que el arte, la felicidad, la mañana, pasa y llega la tarde, la angustia. Porque Kassel, como el arte, es un movimiento efímero, algo que nace y muere en el mismo momento. “El arte es algo que se acerca a la alegría”, dice el escritor, reconociendo que es una idea romántica.

    La alegría es más importante que la innovación, porque quienes innovan son las marcas comerciales. “Creo que no es necesario ser innovador. El progreso ha quedado en entredicho. Ni en el arte ni en la literatura, porque tampoco creo que haya nada nuevo. Eso no significa que nos frustremos, el arte puede sobrevivir sin vanguardia. Debemos contar lo que ya se ha hecho de manera diferente y personal”, explica. Lo nuevo como cuestión de estilo.  

    Otra parada de la Documenta Kassel 13.
    Otra parada de la Documenta Kassel 13.

    Kassel no invita a la lógica ni al mercado. El escritor puede que se defina como un recién llegado, pero es un avanzado que se atreve a afirmar que el interés del dinero ha sustituido al interés por el arte. “Ha progresado el triunfo de la vulgaridad. Ha desaparecido la poesía del mundo y eso es porque el capitalismo está reñido con la poesía”, cuenta.

    ¿El arte está reñido con los cocineros? “Cuando veo lo que hacen pienso que están muy por debajo de la poesía. En la novela se refiere a la Documenta anterior, en la que fue invitado Ferran Adrià, muy criticada por la presencia del ex cocinero y nueva estrella artística. “El de Adrià fue un desastre porque el comisario cometió la enorme equivocación de conceder esa presencia para que fuera mediático”, dice. Kassel no está fuera del mercado, pero no es ARCO. Por cierto, Vila-Matas fue una vez hace veinte años y no parece que le volvamos a ver por los pabellones del Ifema. No hay que confundir arte con mercado, con mercado con arte.  

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