DE MILLONES A CIENTOS DE COPIAS VENDIDAS

La industria musical oculta la muerte del disco

Se desploma el formato (no el soporte) que marcó la música popular del último medio siglo: el álbum. El fin de la gallina de los huevos de oro

Foto: Justin Timberlake, el músico más vendido del año en EEUU alcanzó un mínimo histórico
Justin Timberlake, el músico más vendido del año en EEUU alcanzó un mínimo histórico
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    Vendíamos poco y se escaparon los datos. Promusicae, lobby de la industria discográfica en España, tuvo una sorpresa desagradable en Nochebuena con la filtración de la lista de ventas de álbumes (cortesía de la web La Reputada). ¿Mapa de la situación? Ya solo hace falta despachar 500 copias para entrar en el top 40 español, 2.000 para llegar al top diez y 8.500 para alcanzar el número uno. Hablamos de la semana previa a Navidad, del 9 al 15 de diciembre, una de las más animadas del año. Imaginen cualquiera de agosto, considerado "el desierto".

    Aparte de confirmar la decadencia de la industria discográfica, se aireaban otras costumbres cuestionables, como las falsas certificaciones. Cuando un artista presume de disco de platino por 40.000 copias vendidas, se refiere a que están colocadas en tiendas, no a que las haya comprado el público (no son extrañas devoluciones del 15 o el 20%). Las preguntas surgen solas: ¿Agoniza el formato álbum? ¿Vive su etapa zombi? ¿Le importa a alguien que se esfume?

    Público estafado

    Pedimos opinión a Luis Merino, veterano ejecutivo de radiofórmula, hoy al frente de la consultoría Ideas Clave: "El álbum es fruto de una explosión creativa espectacular en los años sesenta. Los primeros discos de los Beatles y los Rolling Stones eran simples colecciones de canciones, pero luego decidieron dar a sus trabajos mayor entidad artística. El problema principal de este formato es que muchos grupos tenían tres canciones buenas y metían siete de relleno. En muchas ocasiones, la gente se ha sentido estafada, por eso han apostado por el streaming de sitios como Spotify, la descarga ilegal o la compra de temas sueltos". 

    ¿Ha muerto, entonces, el álbum? "Solo sobrevivirá si hay grupos con enjundia, capaces de grabar diez canciones valiosas. El problema es encontrarlos, sobre todo ahora, porque el modelo de negocio no permite que los artistas jóvenes se dediquen a la música. Las remuneraciones son demasiado bajas: para ganar 0,07 euros, que es lo que cobra un autor por descarga en Itunes, te tienen que pinchar 425 veces en YouTube y algo así como 600 en Spotify. El sistema actual está orientado a la explotación de grandes fondos de catálogo, no a fomentar los nuevos talentos", explica.

    "Ya no grabo más álbumes"

    Sobre las canciones de relleno, la periodista Patricia Godes escribió en 2007 un frase contundente: "Es como si cada vez que quisieras comprar un kilo de arroz para hacer una paella te obligasen a llevarte diez kilos de basura".

    La explosión de internet nos ha devuelto a la situación previa a los sesenta: el público solo paga por las canciones que le gustanCon la aparición del compacto, se reforzó la hegemonía del formato álbum. "La industria discográfica apostaba por el CD-single, pero las grandes superficies lo rechazaron. Dijeron que suponía demasiado trabajo de transporte, almacenamiento y minutos de caja para facturar 1,95 euros o dólares por pieza. Preferían cobrar doce o quince por un álbum. La explosión de internet nos ha devuelto a la situación previa a los años sesenta, donde el público solamente paga por las canciones que le gustan", apunta Merino.

    Hoy, como bien saben los discjockeys, se puede ser una estrella sin necesidad de publicar álbumes. Un caso llamativo de deserción es Chris Brown, superventas R&B de 24 años, que el pasado mes de julio anunció que a partir de ahora solo publicaría canciones sueltas. Sus dos primeros álbumes llegaron a disco de platino, pero los tres siguientes no lo lograron, así que decidió amoldarse a la demanda. "Prefiero publicar una canción cada pocos meses, acompañada de su vídeoclip". Tanto el artista como su equipo han comprobado que no publicar álbumes no perjudica a sus ingresos

    Récords negativos de venta

    EEUU, el mayor mercado musical del planeta, ha registrado un bajón espectacular en la venta de álbumes: de 800 millones de copias vendidas en 2002 a solo 316 millones en 2012. El año pasado se perdió otro 8%, quedándose en 289,41 millones. Se acaban de registrar las peores navidades de la historia, con solo 4,49 millones de copias despachadas. 

    El disco más vendido de 2013 en EEUU -Justin Timberlake- obtuvo la cifra más baja de la historia de los números unoEl disco más vendido del año fue 20/20, de Justin Timberlake, que obtuvo la cifra más baja de la historia de los números uno, solamente 2,43 millones de copias (fue el único trabajo de 2013 que superó los dos millones de unidades).Conclusión: "Parece que ha muerto el formato álbum, las diez canciones como reflejo de un momento creativo del artista. Ha terminado el ciclo que arrancó a finales de los años cuarenta con la hegemonía del vinilo de 33 revoluciones y media", explica el periodista Edward Helmore, de The Guardian

    Gran Bretaña, otro mercado emblemático, también ha batido récords a la baja. La venta de cedés cayó un 20% en 2013. Es la primera vez que no se alcanzan los cinco millones de copias anuales, el peor dato desde 1991, cuando Nielsen Soundscan comenzó a hacer el recuento.

    La agonía de un ritual

    ¿Cómo anda el debate en el indie británico, búnker de la vieja escuela, donde se profesa adoración al formato? El periodista Jim Carroll, del Irish Times, rechaza la tesis del funeral: "El álbum no ha muerto porque los artistas siguen grabándolos. Que yo sepa, solo lo han abandonado grupos de culto como Ash, que no editan disco desde 2007, pero se las arreglan para seguir de gira. Respecto al resto, nadie le ha retirado la confianza y pocos hablan de hacerlo".

    La réplica la encontramos en un texto de Victor Alfieri, de la web Indie Music Reviewer: "Para mí, un álbum es el paquete completo: la portada grande, las notas interiores, la lista de agradecimientos del grupo. Llegar a casa y escucharlo de una sentada, ponerle nota en mi cabeza, teniendo en cuenta el conjunto, no solo la canción famosa que machacan en las radios. Que haya una buena media de composiciones es el factor decisivo para considerar si un disco es bueno o malo". Resumiendo: hoy se siguen publicando álbumes, pero se han extinguido los viejos rituales. "¿Cuándo fue la última vez que discutiste con un amigo si la portada de un disco era chula o no?", pregunta Alfieri.

    ¿Últimos suspiros?

    Ed Christman, de la revista Billboard, aporta el dato clave: "Todavía se venden 300 millones de álbumes cada año en EEUU. Es improbable que una industria abandone un producto que vende 300 millones". Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, coincide en que no se puede enterrar un formato que todavía supone el 50% del negocio discográfico.

    Por su parte, Luis Merino explica un ejemplo reciente de éxito en España: "La colección de los Beatles con El País arrancó con Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band. Ese fin de semana agotaron la tirada a 9,90 euros, que no es un precio barato. Se comenta que vendieron cuarenta copias por cada una que despachó el número uno de la lista de ventas de Promusicae. Esto significa que el público está dispuesto a pagar por la música si tiene confianza en lo que está comprando. También es una cuestión de distribución: en vez de usar los 300 puntos de venta de discos que quedan en este país, se usaron los 25.000 de los quioscos. Me dirás que los Beatles son la mejor marca de la historia de la música, pero con la promoción de Gloria Estefan en el periódico también se multiplicaron por veinte las cifras que seguramente habría alcanzado usando los canales tradicionales. Dicho esto, es verdad que el cedé es un producto para mayores, la gente joven usa YouTube, Spotify o Deezer".

    La cuestión, en plena crisis, es cuánto tiempo podrá sostenerse un formato en caída libre que resulta marciano para los menores de treinta años. 2013 también fue el año en que la revista Billboard comenzó a contabilizar los clics de Youtube para confeccionar su lista de ventas. ¿El motivo? No podían permitirse ignorar éxitos virales como el Harlem Shake (Baauer). Golpe a golpe, el álbum pierde centralidad. Cuesta imaginarse cómo pueda recuperarla. 

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