Viernes, 12 de julio de 2013

EL PREMIO ALFAGUARA DE NOVELA 2013, JOSÉ OVEJERO, DEFIENDE EL ATRACTIVO DEL DESEO POR ENCIMA DE TODO

“Lo malo del sexo en la literatura es cuando es sólo sexo”

“Lo malo del sexo en la literatura es cuando es sólo sexo”
José Ovejero en una imagen de archivo. (EFE)
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Deben perdonar su optimismo, acaba de llegar de Bruselas. Allí ha vivido la mayor parte de su vida. Pero algo ha debido de hacer crack y monta en estos días su nueva vida en Madrid. Sale a la calle y ve esperanza, al ciudadano protestar por lo que le molesta, siente el inconformismo ante las situaciones injustas. Pero aun hay más. Deben perdonarle también que haya escrito una novela de amor sin sexo. Ya saben que ahora todo lo que calienta –ojo, la cuenta corriente- es entre las sábanas. Sí, el sexo vende. Mucho. A borbotones. Para algunos escritores eso es suficiente para rectificar su trayectoria y arrimarse a ver si pillan. Para otros, como José Ovejero (Madrid, 1958), la mayor moda es despistar al lector con un libro que no tiene nada que ver con el anterior. En esa búsqueda ha llegado a La invención del amor, cuyo título sólo resume una pequeña parte del secreto del descubrimiento. De momento, le ha valido el XVI Premio Alfaguara de novela.   

¿El amor no era algo demasiado inventado?

Esta no es una novela romántica de médicos y mujeres que montan a caballo. No, no es eso. Es una historia sobre relaciones amorosas, que incluyen otra cosa. No sobre la fantasía del amor para siempre. Y desde luego no es un amor para siempre ni una historia de hadas. Hay que reinventar la manera de hablar de ello, de esa relación que incluye miedos, deseos, inseguridades, incluye egoísmos. No esa parte bonita y rosa.

Por eso ha cargado las tintas en el realismo.

Claro. Creo que ahora sólo se puede hablar de sentimientos desde un punto de vista mucho más real. En el libro Verano, de Coetzee, son historias de amor y de las relaciones del protagonista con un montón de mujeres. De lo que habla es de sí mismo, de la dificultad de la relación, de la comunicación. Hay amor, pero no desligado de lo demás. Y eso es lo que hago también, con ese elemento de reinventar a varios niveles. El personaje ha vivido durante muchos años de la misma manera y por una casualidad decide que podría vivirlo, quizás, de otra manera.

¿Dentro de qué tradición cree que se colocaría con esta novela? 

Últimamente estoy dando tantos quiebros que no sé muy bien a dónde me llevan. Porque mi anterior novela, La comedia salvaje, es un disparate sobre la Guerra Civil, España, muy esperpéntica y de ahí a una intimista, aunque con humor negro. No sé muy bien dónde estoy ni hacia dónde estoy caminando como escritor. A pesar de todo es una tradición más cercana a un tipo de novelas similares a Auster o Coetzee por la manera que tienen de analizar las relaciones humanas. No sé muy bien dónde estoy ni hacia dónde estoy caminando como escritor. Quizás un modelo de novela anglosajón

¿Cómo es ese modelo?

Es un modelo que todavía tiene una cierta confianza en el realismo. También incluyo a Pynchon y Foster Wallace. Hay tantas cajas dentro de ese modelo y, sin embargo, es una literatura que a pesar de haber asumido que no puede contar la realidad, te puede poner en contacto con ella. La literatura es crear ficciones para acercarte a algo más, que sería el contrario a Foster Wallace que cuenta ficciones para contar ficciones, no hay nada más allá de la ficción.

¿Y su propuesta cuál es dentro de ese cajón realista?

Reivindico la posibilidad de que la ficción sea ese juego inteligente, pero que además se ponga en contacto al lector con algo que no contaba, devolverle a la realidad. Es decir, que la ficción no sea un mero refugio, sino que te devuelva a la realidad.

Si no es un refugio, ¿ve al lector como una fuente de conflictos?

Creo que un libro sólo cumple su objetivo si sacude al lector. Para sacudirle tiene que generar conflicto. El lector no puede seguir siendo el mismo al cerrar el libro, si es así falta algo. Está bien entretener a la gente, pero como nos entretienen todo el tiempo yo no quiero cumplir también esa ficción. Reivindico la posibilidad de la literatura de sacudirte, emocionarte pero no para que sueltes tu lagrimita, lo cierres y sigas viviendo tu vida normal y corriente. La literatura para que te reinventes. Es evidente que no voy a cambiar la sociedad ni al individuo de una manera radical, pero sí contribuir como hacen tantos otros artistas a un pequeño cambio.

¿Eso se puede conseguir con amor?

En realidad lo mismo que encuentra el protagonista de la novela, Samuel. Él vive una vida cómoda, sin compromisos y en una burbuja. Ese es el ideal de nuestras vidas, vivir en una burbuja. Así que él se inventa un amor para acercarse a la realidad. Lo que hace el amor es despertar tu curiosidad por el otro y por ti mismo, por saber quién eres de verdad. Eso es útil también en un sentido social.

¿Es una novela política?

Mi novela no tiene un tema conflictivo. No es un arma política arrojadiza. No sé... no sé qué pensaría al leerla si fuese Gallardón, porque propone un tipo de amor no convencional, porque el protagonista no tiene ningún interés por las instituciones que definen tu relación amorosa con los demás. Pero no tiene un objetivo político concreto.

¿Es de los que piensa que la literatura es política?

La literatura, como cualquier acto público, lo es. Porque incluso la negación a serlo también es una declaración. Te pongo un ejemplo: la llamada Generación Nocilla.

Ex Generación Nocilla

Ah, sí. Buena parte de ellos reivindicaban una literatura al margen de cualquier ideología o conflicto social. Era el arte por el arte, lo que es decimonónico. Eso dentro de una sociedad del capitalismo posindustrial en lo que se le dice al ciudadano “desmovilízate”, la política no existe, sólo existe la economía, en el fondo lo que hace es alimentar a la bestia. La literatura es política y la mía lo es siempre. Hago una literatura política sin mensaje, no me pongo a escribir pensando en lo que le tengo que decir a la sociedad. No creo en la novela con mensaje, pero soy un hombre político. Y mis obsesiones aparecen en lo que escribo.No creo en la novela con mensaje, pero soy un hombre político. Y mis obsesiones aparecen en lo que escribo

¿Se considera un autor exiliado o al margen?

Hombre, definirme al margen justo antes de ganar el Premio Alfaguara sería darme una vocación de malditismo. Pero me fui de España muy joven, nunca tuve contacto con el mundo cultural y durante muchos años no he existido como escritor aunque escribiese y publicase. A mí me invitan a dar más talleres y conferencias en el extranjero que en España. En ese sentido, sí he sido una figura marginal. La crítica me ha descubierto en los últimos años y eso le da más visibilidad a los libros. No hay vocación de marginalidad, es que estaba poco aquí y España funciona por las relaciones personales. Te encargan un artículo cuando se toman una cerveza contigo.

Entre tantos quiebros creativos, ¿por qué ha llegado ahora al amor?

Cuando me pongo a escribir nunca tengo claro de qué voy a escribir, justo todo lo contrario que explico a mis alumnos de escritura creativa. Yo tengo una historia o una idea que no me deja ni me abandona. No sabía que iba a escribir una historia sobre el amor. Pero la anécdota de esta novela la tenía escrita desde hace tiempo. Tengo esa historia de un tipo que está en una terraza que lo llaman y lo confunden con otro y él decide ser ese otro para tener una relación con una persona que no conoce. Aparecen otras historias que se van cruzando. Y acabas escribiendo una historia de amor pero no porque lo haya pensado.

¿Qué papel juega el pudor en el montaje?

Soy un escritor que en general se esconde mucho, no hago autoficción, no escribo mis propias experiencias, no hago poesía lírica sobre mis emociones, sino que suelo escribir sobre lo que está fuera de mí. Aunque es mentira. Pero no hago una literatura autobiográfica. Hubo una vez que tuve que romper mi pudor y escribir un libro de viajes: China para hipocondríacos. Soy pudoroso hasta en las entrevistas. Lo que importa de mí al lector es el libro.

¿Y es pudoroso con los demás?

Utilizo continuamente historias de los demás. Lo malo es que cuando las escribo no soy consciente de que esas personas se van a reconocer ahí y que es un problema suyo. Alguna vez alguien me ha recriminado contar algo propio. Ahí sí tengo falta de pudor: soy muy pudoroso conmigo mismo pero aprovecho las historias y la sustancia de los demás de una manera un poco despiadada.

¿Pero el escritor es oído?

Claro, yo no soy un escritor de esos con una imaginación desbordante como Calvino o Borges. Necesito que la realidad sea el apuntador de mis novelas. Soy alguien que escucha mucho las historias que cuentan los demás, las anoto y van saliendo. Utilizo mucho el oído para escribir.Me fui de España muy joven, nunca tuve contacto con el mundo cultural y durante muchos años no he existido como escritor aunque escribiese y publicase

Tampoco le falta su dosis de deseo sexual.

Hace años un crítico escribió cuánto le molestaba la presencia del sexo en mis obras. Yo creo que hay mucho deseo y muy poco sexo explícito. Esta novela es una novela más sobre la fantasía que sobre el sexo. Lo que genera es expectativa en el lector, que el deseo de protagonista sea el deseo del lector. Hay poco sexo en mis novelas y mucho deseo.

¿Por qué cree que hay escritores que entran en estas corrientes sexuales?

Hay escritores y escritores: los hay que utilizan el sexo de una manera muy explícita como Philip Roth que me parece deslumbrante. Lo malo del sexo en la literatura es cuando es sólo sexo. El sexo es interesante hacerlo tú pero no que te lo cuenten. Roth hace una disección del ser humano a través de un deseo feroz y del sexo feroz y me encanta esa radicalidad. No puedo meter en el mismo saco a Roth y a E. L. James y esta sentimentalización del sexo. El sexo como cuento de hadas, con orgasmos incontenibles. Roth utiliza el sexo para entrar a saco en la realidad.

Roth tiene un deseo radical de escribir. No quiero tener barreras, ni mi propio pudor. Eso es extraordinario

¿Y su pudor entonces?

Tengo esa limitación. He elegido otro camino literario que es intentar desligarme de lo escrito. He hecho una escritura radical que ha supuesto un hándicap para mi literatura. No he hecho libros para tranquilizar al lector. No buscar un tic para que el lector se sienta cómodo.

¿Cree que la historia de amor que ha escrito está empapada en los jugos del capitalismo?

Completamente. Es una historia de amor en un entorno de capitalismo descreído. Hubo un tiempo en el que el capitalismo creía en el progreso, ahora el capitalismo cree en el estancamiento. y que no nos pase nada peor. Es una novela de amor en un tiempo en el que la gente no cree que las cosas puedan mejorar, en el que la gente y me incluyo tiende a vivir en una burbuja para protegerse. Las obsesiones políticas, como te decía, aparecen en mi obra. La política ya no existe, sólo existe la economía. Pero en España hay algo esperanzador en estos momentos: la capacidad de salir a la calle. Nunca he sido de salir a la calle y ahora siempre que puedo me voy a una. Por lo menos podemos hacer eso: no desaparecer en nuestras casas, en nuestras redes sociales. Soy

Cuál es el cambio con el premio, haría lo que fuera necesario para tener más lectores como me dijo un lector en esta misma mesa, compañero en su editorial

En el fondo lo que quiero es hacer buenos libros. Mis quiebros han contribuido a tener menos lectores porque no le acostumbro ni le fidelizo con unas determinadas historias. Eso no es bueno para el marketing de mis libros. No puedo decir que las modas me son indiferentes, como tampoco podría decir que la publicidad no me cala. ¿En qué cambia haber ganado el Premio Alfaguara con una novela que es más amable de lo habitual en mí? Espero que no me haya cambiado nada. Espero no apoltronarme en esa comodidad de lo amable. Lo amable y lo cómodo no tienen interés en la vida, son como tibias. Espero que en el próximo libro, que no sé cuál será, ir a otro sitio donde no he estado. Lo que estoy tratando de hacer en la literatura es llegar allí donde no he estado todavía. Y así espero seguir independientemente del premio. No voy a escribir otro libro pensando en mis lectores de este premio, allá ellos. Espero que algunos me seguirán y otros no.

No es la mejor receta para vivir de ella. Además, usted también quiebra de editoriales. Convendrá conmigo en que es difícil saber por dónde anda.

Eso es casual, tiene que ver con el mundo editorial español. Cuando yo empecé a publicar lo hacía en Destino hasta que lo compra Planeta. Llegó un nuevo equipo, no me sentí cómodo y me fui. Para mí lo ideal habría sido quedarme en Destino siempre y no tener que ocuparme de dónde publica. En Ediciones B me quedé durante cinco libros. Pero lo mismo, cortaron cabezas y la gente con la que yo trabajaba ya no estaba y me marché también. Me he ido yendo pero por razones ajenas a mi voluntad, porque aquello donde yo estaba de pronto se convertía en otra cosa. Cuando los nuevos de Destino me dijeron que por qué no escribía cosas más amables… tuve que cambiar de editorial.

Le estaban invitando a marcharse.

Claro. Ahora estoy con alfaguara pues para mí lo ideal sería seguir con Alfaguara.

Pues lamento decirle que no ha llegado en la época más fácil de la casa.

Yo voy hundiendo editoriales, según llego las compran. Así que tampoco te puedo decir que me vaya a quedar mucho tiempo en Algafuara. Pero depende más de ellos que de mí. Sería más fiel de lo que soy si me dejaran, pero no me dejan.

También es una historia de amor complicada la suya con las editoriales.

Realmente lo es. 

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