15/01/2013
(19:57)
El erudito Salvador Gutiérrez tenía razón: los consejos de la Academia en la nueva Gramática española, publicada hace casi tres años, no tienen predicamento. La prueba está en que ni siquiera sus académicos comulgan con las normas que ellos mismos han pactado antes de abandonar la costumbre de poner el acento gráfico en el adverbio sólo o en los pronombres demostrativos, como éste. Si acaban de leer con tilde es que este periódico ha hecho una excepción para explicarles la división en el órgano que vela por el idioma, porque la prensa y los libros de texto acatan órdenes y consejos de la Real Academia Española (RAE) hasta sus últimas consecuencias.
El incumplimiento no tiene falta ni penalización, porque no son artículos que figuren en las nuevas leyes como las “propuestas normativas”, es decir, están al margen de las normas que tratan de poner orden y precisión en este instrumento común que es la lengua. Pero no deja de ser paradójico que los mismos que dan consejos dentro de la gran casa de la palabra, una vez la abandonan los rechazan y mantienen fidelidad a su forma de ser -de escribir- anterior a 2010, cada vez que ofrecen una novedad a sus lectores.
Ni están fuera de la ley ni son académicos del mal ejemplo, simplemente se aferran a la autenticidad de su identidad. “El efecto de la escritura debe estar en lo que se escribe y no en cómo se escribe”, escribe Carlos Castilla del Pino en sus pensamientos póstumos titulados Aforismos (Tusquets).
Es difícil saber si Salvador Gutiérrez se refería a su entorno más cercano cuando sintió un ataque de sinceridad ante las preguntas del periodista de la agencia EFE, pero de los académicos que le acompañan en las sesiones, y que han trabajado con la nueva Gramática en su escritorio, únicamente cuatro siguen la recomendación. El resto, 15, mantienen las tildes por todo lo alto. La RAE ha sido derrotada en casa.
Revuelta silenciosa
El venerable José Luis Sampedro, académico en el sillón “F”, trazó en el prólogo de Indignaos (Destino) -el best seller de no ficción de Stéphane Hessel- un panorama democrático desolador pero sin perder la esperanza de rebautizarlo, al tiempo que dejaba claros cuáles son sus accidentes gramaticales: “Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? […] La culpabilidad del sector financiero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema”.
Tampoco ha querido aceptar los consejos Javier Marías, sillón “R”, quien en la nota previa del libro de cuentos de reciente aparición, Mala índole (Alfaguara), asegura: “Sólo concibo escribir algo si me divierto, y sólo puedo divertirme si me intereso. No hace falta añadir que ninguno de estos relatos habría sido escrito sin que yo me interesara por ellos”.
Arturo Pérez Reverte no ha perdido ni una de sus tildes en su asiento “T”. En El tango de la guardia vieja (Alfaguara) vemos a su protagonista Max Costa abordar a una mujer que pasea sola a lo largo de la borda de un barco, cuando el académico se salta el consejo:
“-Fue agradable- dijo inesperadamente.
Max logró reducir su propio desconcierto a sólo un par de segundos.
-También para mí- respondió.
La mujer seguía mirándolo. Curiosidad, era tal vez la palabra”.
De los académicos que han trabajado con la nueva Gramática en su escritorio, únicamente cuatro siguen la recomendación. El resto, 15, mantienen las tildes por todo lo alto. La RAE ha sido derrotada en casaLa revuelta silenciosa de los académicos continúa por Antonio Muñoz Molina, de quien leímos en La noche de los tiempos (Seix Barral): “No está bien que tú digas eso. Los militares y los falangistas se han levantado contra la República. Sólo porque tienen la ayuda de Mussolini y de Hitler no han sido derrotados todavía”. En las próximas semanas aparecerá Todo lo que era sólido, su nuevo libro, un ensayo en clave autobiográfica y explosiva como unas crónicas, con las que revisa los últimos treinta y siete años en España para entender por qué el país se hunde. El escritor recuerda y apunta: “Pero el pasado es otro país, como dice ese escritor británico, del que yo sólo conozco esa frase memorable, con su segunda parte: el pasado es otro país y allí las cosas se hacen de otra manera”.
Sólo en pruebas
Salvador Gutiérrez aclara que la decisión de aconsejar abandonar el uso de estas tildes se basó en criterios científicos. Lo que no explica es cómo es posible que éstos -lamento el arraigo a estas tildes- se incumplan por sus propios integrantes. Si son los usuarios los que marcan el hábito de la lengua y encuentran el modelo leyendo a los escritores en castellano más científicos -y más célebres- no es extraño que lo que podría haber llegado a ordenanza quedase en sugerencia.
Cuando el académico Francisco Rico (sillón “p”) publicó uno de los tratados más importantes sobre el Quijote (editorial Acantilado), no dudó en cómo debía comportarse. En el prefacio avisa de la actualidad perenne de la obra de Cervantes: “No sólo y a cada lector: cada tiempo tiene su Quijote y sus razones para que éste sea diverso del de otros tiempos”. De hecho, en las librerías hay tantos Quijotes distintos como normas lingüísticas se le apliquen.
A la mayoría de los insumisos, los correctores les aplican la rectificación de los adverbios y los pronombres demostrativos de manera inmediata. Luego, cuando los autores que se niegan a claudicar leen pruebas de su libro, aclaran que éstos deben ser restituidos en su versión final.
Otros académicos fieles a los amenazados acentos gráficos son Soledad Puértolas (“g”), en Mi amor en vano (Anagrama); Francisco Nieva (“J”), en la obra de teatro No sé cómo decirlo. Malditas sean Coronada y sus hijas (Huerga y Fierro); Luis Goytisolo (“C”), en El lago en las pupilas (Siruela); Carme Riera (“n”), gracias a Naturaleza muerta (Alfaguara); Luis Mateo Díez (“I”), en Fábulas del sentimiento (Alfaguara); Martín de Riquer (“H”), en el extraordinario Reportajes de la historia. Relatos de testigos directos sobre hechos ocurridos en 26 siglos (Acantilado); o el filólogo Francisco Rodríguez Adrados (“d”), con Nueva historia de la democracia (Ariel), del que queremos recoger este avance tan ilustrativo de nuestros días: “Y la democracia siempre fue y es problemática; es un compromiso siempre en crisis, fruto de un acuerdo delicado, siempre amenazado por desviaciones, pero muchas veces lo es sólo de nombre; está expuesta a cambios y riesgos mil”.
Los dos poetas Pere Gimferrer (“O”) y Francisco Brines (“X”) siguen siendo dueños de sus propias reglas. En Rapsodia (Seix Barral), Gimferrer anota una extravagante declamación: “El viento sólo sabe sostenerse/ en las pañolerías del azul/ quiebros y tientos dicen el topacio/ con que tus ojos ven las alabardas/ de la tarde vencida por la propia puerta/ del sol vendimiador de tanta luz”.
Por su parte, Brines en Aún no (Bartleby) dedica un poema a “Las noches del abandono”: “Hace tiempo que callo,/ y son tristes las noches de nuestra juventud,/ y el alba llega muerta./ Rodeado de frío vuelvo a la hostil ciudad,/ y el clandestino amor me despide furtivo/ desde las rotas sombras de los descampados,/ y el día se alza lívido/ como si sólo un muerto lo hubiera de habitar./ Con el recuerdo sólo de tu vida, porque fuiste mi vida,/ qué abandonado estoy/ ¿y a quién le contaré lo que ahora siento?”. Pero en esta pelea importa el cómo más que el qué o a quién.
Abajo el criterio
El premio Nobel Mario Vargas Llosa (“L”), en su ensayo La civilización del espectáculo (Alfaguara) se muestra horrorizado por lo que lee en la sección de cultura de su periódico habitual. Cree que esas noticias son el final de la cultura tal y como entiende. “El hecho es tanto más sorprendente cuanto que la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a ese vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. Y acaso haya desaparecido ya, discretamente vaciada de su contenido y éste reemplazado por otro, que desnaturaliza el que tuvo”.
Frente a este batallón de académicos contra los indicaciones a avanzar hacia otra manera de componer la comunidad de la lengua, se encuentran José María Merino (El río del Edén, Alfaguara), Álvaro Pombo (El temblor del héroe, premio Nadal, Destino), Emilio Lledó (La filosofía hoy, RBA) y, claro está, Víctor García de la Concha, director de la RAE cuando se aprobó la nueva Gramática, que en Cinco novelas en clave simbólica (Alfaguara).
Entre los dos mundos, el que escribe con leyes de antes y el de las normas de hoy, está Ana María Matute. La académica del sillón “K”, en el prólogo de sus cuentos completos, publicados por Destino y titulados La puerta de la luna, se muestra creyente en la nueva Gramática de la RAE al explicar lo que para ella es un cuento: “He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse”.
Pero la gran Matute no fue así siempre, antes tenía tildes. La misma edición que acaba con ellos en el prólogo, decide brindarles respeto en las tripas. En su primer e inquietante libro Los niños tontos (1956), podemos leer en una parte de La sed y el niño: “El niño se volvió ceniza. Sólo era un montoncito de sed. El viento lo esparció, lejos. ¡Quién sabe adónde lo llevará!”. ¿A cuál de las dos Ana María Matute debemos seguir, a la de antes o a la de ahora? Aunque ella quiere, su obra se resiste.
¿De quién hay que recoger el consejo si los mismos que difieren en una parte coinciden en otra? Si el lenguaje es actuación y mutación, los amantes de los acentos gráficos tienen la revolución perdida.
EL REDACTOR RECOMIENDA
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
22pelapollos 16/01/2013 | 20:32
#20 Comprendo que el sentido de "ortogonal" que he empleado es un tanto marginal, y que es un sentido con el que quizá esté más familiarizada gente con formación técnica. Deformación profesional por tanto, mea culpa.
Se podría interpretar como equivalente a "cartesiano", que en estos ámbitos viene a resultar equivalente a racional, donde hay una correspondencia biunívoca entre términos y significados, sin caminos oblicuos o alternativos, etc.
20yolarnaiz 16/01/2013 | 14:21
#17
Muy bueno el párrafo ortogonal --no acabo de ver los 90 grados sexagesimales por ningún sitio--, si bien todas las palabras, salvo monosílabos claro, deberían contener sus correspondientes acentos gráficos para dejar clara su pronunciación ... ortogonal.
Una pregunta: ¿está usted de acuerdo con las normas [¡puaj! ... qué asco] de acentuación gráfica?
19cazador_entre_cascabeles 16/01/2013 | 14:10
18arija 16/01/2013 | 13:31
Toda la vida la RAE atarmentádonos con las falta de ortografía y la acentuación y ahora los mismos progres Reverte, Molina y toda la patulea se mofan de lo que dictaminó en el asturiano y ex-cura Víctor García de la Cancha. Reverte es un icoonoclasta que debe marcharse de la academia como todos los patrocinados por ZP y elñ PSOE, analfabetos de pleno derecho
17pelapollos 16/01/2013 | 13:12
#16 No, si eso ya lo sé, gracias.
Lo que pasa es que, visto lo visto, éstos con sus justificaciones "científicas" no parece que se anden con remilgos etimológicos al incorporar palabras como "murciégalo", "toballa", o "almóndiga", así que, por qué no despojar al castellano de incongruencias y duplicidades.
Quedaría totalmente ortogonal, sin ambigüedades, moderno, precioso:
"Lo ke pasa es ke, bisto lo bisto, estos kon sus justifikaziones "zientífikas" no pareze ke se anden kon remilgos etimolójikos al inkorporar palabras komo "murziégalo", "tobaya", o "almóndiga", así ke, por ke no despojar al casteyano de todas sus inkongruenzias i duplizidades".
16yolarnaiz 16/01/2013 | 12:28
#14 La razón de escribir vaca y baca —no existe aún, que no aun, “vaca” =portaequipajes— no es para a diferenciar sus significados, sino que se debe al origen etimológico de tales la palabras.
La razón de la tilde diacrítica siempre fue —antes se escribía “fué”—, y sigue siendo, diferenciar la pronunciación, tónica o átona, de la misma sílaba de palabras polisémicas. El error fue —antes se escribía “fué”— que en colegio nos enseñaron que la razón era para “distinguir significados”.
Tanto en “solo” como en “este”, la primera sílaba es siempre tónica.
15Orwell1984 16/01/2013 | 10:48
#13
jajaja, he caido como un chorlito, qué cachondo, me habias asustado con la tu afirmación de inclusión en la RAE de la palabra miembra.
14pelapollos 16/01/2013 | 10:32
#10 Siguiendo la "justificación científica" les veo eliminando la B o bien la V, la H muda, sustituyendo la LL por la Y...
Está claro que siempre se podrá diferenciar vaca animal de vaca de coche [ex-baca] por el contexto, así que para qué andar con sutilezas.
Llegaremos así a un lenguaje de diseño, totalmente ortogonal, sin esas incongruencias que ha dado la evolución a lo largo de las generaciones. Lo mismito que sucede con el vascuence normalizado, dicho sea de paso.
13pelapollos 16/01/2013 | 10:09
#9 ¡Acabo de encontrarlas en el DRAE! Si no lo leo no lo creo, pero no hace sino confirmar lo de la bajada del listón.
Echo de menos "cocreta" y el verbo "hechar".