¿Por dónde empezar? ¿Quién es Hilma af Klint? Una extraterrestre, un ser extraordinario que durante sesenta años se enterró voluntariamente en el anonimato, allá en Estocolmo, mientras alteraba el sentido de la Historia de la pintura al parir la abstracción en silencio, sin que nadie se enterase. Se adelantó a Kandisky, Mondrian y Malevich (vea la galería de imágenes) y ellos creían que habían descubierto la pólvora. Nadie sabía nada, porque nunca enseñó su obra y su última voluntad fue que nada podía enseñarse hasta que no hubiesen pasado dos décadas de su muerte.

Hilma af Klint también es una novela. Verán, nace en 1862 y a los 20 años estudia en la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo. ¿Se imaginan una mujer que decide ser artista en el siglo XIX? Por si fuera poco, al cruzar el siglo XX asiste a sesiones de espiritismo, junto con otras cuatro amigas, que deciden formar un grupo y llamarse “Las cinco” (no se complicaron demasiado). En encuentros espiritistas se entregan al dibujo y la escritura automática (y se adelanta a los surrealistas, otros de la santa cofradía de la pólvora mojada).

La pintora sueca Hilma af Klint (1862-1944).La pintora sueca Hilma af Klint (1862-1944).Bajo el influjo de los espíritus pinta series inmensas, coloridas, inexplicables, irresolubles, como la asombrosa Los cuadros para el templo, de 193 cuadros, que empieza en 1906 y remata en 1914, tan variada y alucinante, que sólo podemos alcanzar a decir de ella que estos monumentales lienzos “pretenden ampliar nuestra comprensión de las relaciones entre el ser humano y el cosmos”. Estaba convencida de que llegaría un tiempo en el que se entendería su obra.

“Tratan de desarrollos y procesos, y del surgimiento del mundo y la materia desde el espíritu. El ciclo trata igualmente de la división del alma humana en dos mitades, una masculina y otra femenina, que se esfuerzan por volver a ser nuevamente una sola”, escribe Iris Müller-Westermann, la comisaria de la mejor exposición del año en este país: Hilma af Klint. Pionera de la abstracción (hasta el 9 de febrero de 2014), en el Museo Picasso de Málaga.  

Pero su tiempo no era su momento. Hilma decía que no pintaba, no se consideraba artista, sino un canal de energías: entre 1906 y 1908 aborda sus pinturas desde una actitud de médium plena, y su mano es “guiada”. En la segunda fase de su creación más madura, entre 1912 y 1915, la artista sigue considerándose médium, pero además se siente con libertad para realizar una interpretación personal.

Misión: el más allá

Una de las cosas más sorprendentes en su evolución es que al entrar en contacto con la pintura mediúmnica, abandona la técnica pictórica aprendida y pasa a introducir cuadros geométricos, rayados, garabatos, símbolos, una señal de capacidades deficientes, a pesar de tener una mano excelente como deja claro en sus apuntes naturalistas, casi botánicos, que en la exposición se presentan en la primera vitrina.

Albert von Schrenck-Notzing. La médium Eva C., 1912. Albert von Schrenck-Notzing. La médium Eva C., 1912. Renuncia a la perfección, al rigor y la precisión, a la fidelidad con la naturaleza, a cambio de la expresión de una emoción. Con su entrega al espiritismo deja de ver entre las sombras, como dijo Platón, para ver más allá de lo evidente. Eso es el espiritismo, un intento de demostrar que hay un más allá. “Pintar por otras voces”, dijo el director del museo, José Lebrero.  

El profesor Helmut Zander, especialista en espiritismo, teosofía y antroposofía, asegura en el catálogo de la muestra que “el espiritismo no se sirve para contactar con el más allá, sino para producir materializaciones de una sustancia sutilísima llamada teleplasma o ectoplasma”. Por los diarios de Klint, da la impresión de que una persona entraba en trance y recibía mensajes en posición yacente. Una fuerza vital animista conduce sus impulsos y Hilma está convencida de que sus cuadros abstractos los ha recibido como médium de unos planos superiores de conciencia.

¿Klimt? No, Klint

La pintora demuestra que el futuro llegó mucho antes de lo que nos habían enseñado. Su legado supera el millar cuadros y 125 cuadernos de notas. En uno de ellos escribe el 9 de octubre de 1944, unas semanas antes de morir, una última anotación que concluye con la siguiente frase: “Tienes un servicio de misterio por delante y muy pronto te darás cuenta de lo que se espera de ti”. Nadie sabía quién era Hilma af Klint. Hoy nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que construyó, ni qué quiso decir, ni cómo lo hizo, ni por qué prefirió callar, trabajar e insistir en soledad.

Setenta años después de su muerte, es una arrebatadora incógnita que ha aparecido para sobrecoger al mundo y retorcer los renglones de las vanguardias de la Historia del Arte, que se niega a admitir a una mujer que terminará por ser referente inevitable e inexplorado. Y con carácter retroactivo.  

Nunca vendió nada

En contra del reconocimiento de Klint juega su mayor virtud: ni uno sólo de sus cuadros ha salido de la Fundación, que se creó para conservar tan extensa obra, ni una sola venta, todo lo heredó su sobrino. La familia mantiene todos los fondos al margen del mercado y con escasos recursos económicos tratan de hacer llegar la vida y obra de Klint (no Klimt) al resto del mundo, de incluirla en los manuales y grandes museos.

La paradoja es que el precio será la venta: para conseguir el hueco que se merece Hilma entre los grandes la familia tendrá que aceptar la dispersión, la especulación... No es la primera oferta que reciben de los nuevos magnates del gas y el petróleo. Tampoco los grandes creadores del relato del arte contemporáneo lo hacen gratis –ni mucho menos el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York-, quienes sólo apuestan y multiplican el valor de un artista si se encuentra en el fondo de sus colecciones.

Tal es la oposición del mercado y de las obligaciones que este impone al canon, que hasta el pasado mes de abril el MoMA ha mantenido abierta una exposición dedicada a la invención de la abstracción. La comisaria Masha Chlenova estableció las fechas entre 1910 y 1925, y se negó a introducir a la pintora sueca.

Esto no son los EEUU

Al centro andaluz han llegado casi 300 piezas, entre cuadernos, dibujos, acuarelas y pinturas de todos los tamaños. Que importan y mucho. Hasta hoy hemos tenido que interpretar el arte abstracto espiritual a partir de las escasas notas de Kandinsky y de su ensayo De lo espiritual en el arte (1911). Esto es otra cosa. Hay que bautizar de nuevo la pintura abstracta, volver a las fuentes y los historiadores y filósofos reescribir a partir de esos monumentales ejercicios de ensimismamiento espiritual.

El lenguaje pictórico de la primera parte de su carrera está lleno de referencias orientales como las flores de loto, ornamentos en forma de mandala, hasta que en 1912 el vocabulario es reemplazado por uno nuevo “más decididamente cristiano”: la cruz y las escenas de crucifixión son recurrentes. Es una pintura simbólica, con la espiral como protagonista, o el árbol del conocimiento, las letras, etc.  

La comisaria asegura que, con objeto de explicarse lo que había experimentado durante sus años como médium, Hilma af Klint dictó entre 1917 y 1918 más de mil doscientas páginas acerca de su manera de entender las conexiones espirituales del mundo. De ahí surgen estas vigorosas y radicales visiones del mundo. De este o del que sea. “Los cuadros de Hilma af Klint invitan a ese viaje por otra dimensión; un viaje hacia el interior que es, al mismo tiempo, un viaje al exterior”. El trayecto acaba de empezar. Bienvenida Hilma af Klint.