La chica anteriormente conocida como Hanna Montana es el mayor icono pop de 2013. Su cuerpo se ha convertido en un campo de batalla cultural donde se enfrentan feministas, pornógrafos, gurús de la moda, expertos en apropiación cultural y psicólogos atentos a los juguetes rotos de Disney. En los últimos meses, el fotógrafo hipster Terry Richardson le hizo una sesión guarra, Sinnead O`Connor le escribió una carta en plan madre, Annie Lennox (Eurhythmics) protestó por la estética de sus vídeos y la empresa GameLink le ofreció un millón de dólares por dirigir una película porno. Cada dos semanas, salta una nueva polémica. Estamos tan saturados que apenas queda energía para hablar de lo que importa: su nuevo disco. Se llama Bangerz y es bastante más insípido de lo que imaginan.

Baladones previsibles

Por lo menos, no engaña a nadie: la portada es un claro aviso de que el álbum contiene lo de siempre. Cyrus opta por la estética retro, sección "años ochenta", con una portada que remite a películas como Cocktail (taquillazo de Tom Cruise) o series horteras tipo Corrupción en Miami (suponemos que ella estaría pensando en Spring Breakers). Arranca con Adore You, baladón meloso de toda la vida, que podría haber grabado sin problema en su época de Hanna Montanna. Lo mismo puede decirse de cortes blanditos como My Darlin, Rooting For My Baby o Maybe You’re Right (esta última recuerda bastante a Alanis Morissette). En la mayoría del resto, se lanza con ansiedad a construirse un perfil fiestero y malote, machaconamente subrayado por las letras, quizá para compensar el escaso poder de contagio de los ritmos. A ratos, parece que a Cyrus le hubieran colado todos los estribillos a medio cocer que rechazaron Beyoncé, Rihanna y The Pussycat Dolls. ¿Lo más flojo? Love Money Party da dolor de cabeza y FU es un transgénico de cabaret pop y bajo dubstep chungo.

Planteamiento conservador

José Fajardo, crítico de La Luna de Metrópoli, compara Bangerz con el Real Madrid de Mourinho: "Salta al césped con un planteamiento conservador, sin sorpresas, cerrando la defensa con cinco cazuelas llenas de R&B, rock para estadios, hip-hop sureño y pop de sintetizadores". También hay reproches al otro lado del charco. Jon Caramanica, del New York Times, señala otro aspecto relevante: "La señorita Cyrus puede ser una cantante notable, tanto por su poderío (escuchen la balada Climb de 2009) como en su tono (repasen See You Again de 2008). El problema es que Bangerz se desentiende bastante de su voz". Tiene razón: suena robótica y estandarizada. Como si fuera una más del pelotón de aspirantes tipo Ke$ha. De hecho, el potente sampler del Push It de Salt N`Pepa en SMS es lo más vivo del álbum. La nómina de colaboradores, desde Britney Spears al rapero Ludacris, pasando por Will.i.am (Black Eyed Peas), colorean más que refuerzan el trabajo de la ex estrella infantil.

Comparaciones odiosas

Cyrus resiste mal la comparación con otros compañeros del Club Disney. Con veinte años, Spears ya tenía en su repertorio temazos como Baby One More Time, Overprotected y Oops ...I Did It Again. Christina Aguilera estaba trabajando en Stripped (2002), su disco más convincente, que contenía el himno Beautiful, hoy clásico de bodas y karaokes. Cuesta pensar que alguna de las canciones de Bangerz vaya a calar a ese nivel. A esa misma edad Justin Timberlake preparaba Justified (2000), recogiendo algunas de las canciones que Michael Jackson había rechazado para Invincible (el rey del pop empezaba a perder el olfato). Himnos como Rock Your Body y Cry Me a River confirmaron a Timberlake como artista adulto solvente y popular. El único respiro para Cyrus es Selena Gómez, cuyo disco de debut también suena mediocre, a fuerza de no saber a qué carta quedarse. En Come & Get It (2013) ha querido contentar al público fiestero y al familiar, para acabar dejando a los a medias.

Cuando no había estilistas

Más duro todavía es comparar a Hanna Montana con las estrellas infantiles de los setenta, cuando la industria del disco no había tanta obsesión por la imagen. A los veinte años, Michael Jackson estaba embarcado en "Off The Wall" (1979), un clásico de la época disco con bombazos que hoy seguimos escuchando como "Dont`Stop Till You Get Enough". De hecho, ese sonido ha vuelto a estar de moda en 2013, de la mano del "Random Access Memories" de Daft Punk. Jackson tenía además en su repertorio estribillos inoxidables como "ABC", "I Want You Back" o "Blame It On Boogie". Todos cocinados cuando era un niño. Lo mismo podemos decir de Stevie Wonder, que a la edad de Cyrus había firmado algunos de los mayores himnos de la historia del soul, entre ellos "For Once In My Life", "Signed, Sealed & Delivered" o "The Tears of a Clown" (con Smokey Robinson). Puede parecer una crueldad enfrentarla a estos titanes, pero es que en aquellos años no mandaba tanto la imagen y quedaba tiempo para cuidar la música.

Sesenta y seis sobre cien

Vale, Bangerz no obtiene tan mala nota. El agregador de reseñas Metacritic (donde se hace media de la puntuación que otorgan diversos medios) calcula un sesenta y seis sobre cien. A los veinte años Madonna aún no había publicado su primer álbum. Lady Gaga tampoco, aunque ya debía tener en la cabeza el explosivo The Fame (2008), publicado dos años después. Miley Cyrus tiene enorme margen para mejorar. Ahora mismo parece estar buscando su sitio, demasiado enloquecida entre las prisas juveniles y una enorme chequera que le permite comprar colaboradores cool al contado. Pero, siendo rigurosos, el verdadero escándalo es que el planeta pop preste tanta atención a unas canciones tan mediocres como estas. El crítico John Murphy, de la web OMH Music, lo resume en una frase: "No es el peor álbum del mundo, pero ni de lejos cubre las enormes expectativas despertadas. Es un disco del montón". Le pone dos estrellas. Si estás de buen humor y te tomas una copa, es posible que We Can`t Stop, SMS o Wrecking Ball te animen la noche. El problema: las grandes canciones consiguen ese efecto aunque estés torcido y sobrio.