¿Quién es Donald Rumsfeld? El director Errol Morris dice que podría entender perfectamente a aquellos espectadores que, después de ver The Unknown Known, siguiesen sin saber quién es en realidad este político norteamericano que ocupó la Secretaría de Defensa con George W. Bush entre 2001 y 2006 y es considerado como el artífice de la guerra de Irak, su máximo ideólogo. Morris entendería a esos espectadores porque él mismo reconoce que tampoco sabe quién es en realidad Donald Rumsfeld.

Después de entrevistarlo durante 33 horas a lo largo de once días, la personalidad de Rumsfeld sigue siendo un misterio y no deja de preguntarse si no habrá estado siempre actuando. De esas largas horas de entrevistas, en The Unknown Known queda algo menos de una hora, a lo que habría que sumar el material de archivo utilizado con las famosas ruedas de prensa que dio durante todo el conflicto de Irak. Para Morris, entonces, su película no respondería tanto a la cuestión de quién es Donald Rumsfeld como a la de qué piensa Donald Rumsfeld de si mismo.

Como es habitual en Morris, el resultado es fascinante, un duelo dialéctico entre uno de los mejores documentalistas de nuestro tiempo y un político, se piense lo que se piense de él, de cuya inteligencia no se puede dudar. Quizás los fans de los documentales de Michael Moore puedan sentirse decepcionados ante The Unknown Known. Morris no se lanza a la yugular de Rumsfeld, no busca, como reconocía él mismo en la rueda de prensa, una confesión de todos sus actos ni una demanda de perdón. Dado su origen judío, Morris dice con cierta sorna que su voluntad nunca fue la de interpretar el papel de un sacerdote católico ante el que llegan los políticos buscando confesión.

La ruina política

Esta es la principal diferencia entre The Fog of War (2003), la película de Morris sobre Robert S. McNamara, quien fuera Secretario de Defensa con Kennedy y Jonhson y bajo cuyo mando se extendió la guerra de Vietnam. Más de tres décadas después de aquellos hechos, McNamara buscaba expiar sus culpas. Nada más lejos de la intención de Rumsfeld lavar su conciencia, por más que ahora ya no veamos a aquel hombre que dirigía con mano de hierro las ruedas de prensa en la Casa Blanca y siempre tenía una frase contundente para responder a los periodistas.

Esa seguridad en sí mismo ya no parece ahora tan firme, Rumsfeld duda, guarda silencio y se contradice. Al mismo tiempo, que Obama no haya hecho o no haya podido hacer nada con respecto a Guantánamo o el Patriot Act parece reafirmarle en sus convicciones. Morris, que no deja de evidenciar esas contradicciones (o mentiras), ya sea durante la entrevista misma o aportando datos e informes oficiales, afirma que en realidad se está contradiciendo todo el tiempo, que se trata de una personalidad extraordinariamente confusa y contradictoria. Quizás esta es la única respuesta posible a la pregunta de quién es Donald Rumsfeld.

Pero The Unknown Known no es The Rumsfeld Lie, no es una película concebida con el único propósito de sacar a relucir la gran mentira de la guerra de Irak. En realidad es mucho más, como cabe de una personalidad tan compleja como la de Rumsfeld, quien desde su despacho del Pentágono dictó en sus seis años en el gobierno Bush más de 20.000 memorandos sobre múltiples temas, muchas veces meras cuestiones semánticas. Lo cierto es que esta era una práctica que Rumsfeld llevaba haciendo desde sus tiempos de congresista, antes incluso de ocupar su primer cargo en la Casa Blanca en la época de Nixon.

Los memorandos dictados a lo largo de sus casi cincuenta años en política ahora ocupan un gran archivo y le sirven a Morris para organizar el relato de su película. Rumsfeld denominaba esos memorandos “copos de nieve”, ideas, conceptos, reflexiones realizadas a veces sin una finalidad concreta pero que quedaban ahí, como flotando en el aire, para poder echar mano de ellos, él o sus colaboradores, cuando fuese preciso.

Destrucción masiva

Rumsfeld lee en pantalla algunos de esos memorandos donde están algunas de las frases más conocidas del político republicano. Una de ellas es la que da origen al título de la película: “Hay saberes desconocidos, cosas que uno piensa que sabe pero que resulta que no”, frase que en pantalla Rumsfeld llega a malinterpretar. Otra de sus más famosas sentencias, con las que gustaba de confundir a los periodistas, a veces simplemente para evitar responder a las preguntas que le planteaban, viene decir que “la ausencia de evidencias no es la evidencia de una ausencia” (sobre las “armas de destrucción masiva” que almacenaba Hussein).

Viendo The Unknown Known uno es consciente cómo Donald Rumsfeld es prisionero de sus retruécanos y juegos de palabras. Por esa razón, Morris no encuentra mejor manera de terminar su película más con un océano lleno de palabras que de tanto jugar con ellas han perdido todo su sentido.

The Unknown Known es una de las grandes películas de la competición de Venecia, lo que no puede decirse de L’intrepido, de Gianni Amelio, un cineasta se diría que también preso también de sus contradicciones. La película, una fábula tragicómica, pretende denunciar las condiciones laborales en la Italia de hoy. Inconscientemente su mensaje parece ser otro: no trabaja quien no quiere