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Guía antigua para políticos modernos

Querido presidente, así se gobierna un país

Cicerón se dedicó a escribir ensayos y tratados sobre las obligaciones de un buen gobernante. Más de dos mil años después sus consejos siguen en saco roto
Foto: Busto de Cicerón
Busto de Cicerón
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Hay vidas que la HBO deja escapar sin sacarles partido. La de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) es una de ellas. Aunque aparecía de refilón en la carísima serie Roma (2005), la trayectoria política de Cicerón podría haber dado para una versión romana de El ala oeste de la Casa Blanca, en la que se recrearía su ascenso al cargo de cónsul, el más elevado de toda la república romana. Pero no llegó en un buen momento: la economía se había estancado y el desempleo se había convertido en una amenaza para la estabilidad política. Una vieja historia que no caduca. El uso y el abuso del poder han evolucionado poco en dos mil años.  

Durante su consulado, Pompeyo, Craso y Julio César formaron un triunvirato con el que gobernar Roma entre bastidores. Cicerón no quiso unirse al pastel ilegítimo, pero trató de mantener buenas relaciones con todas las partes. Así que una vez despojado de todo poder –y herido en su orgullo-, comenzó a escribir sobre cómo debía dirigirse un gobierno.

En aquellos numerosos ensayos, tratados y cartas en los que ponía reglas, aconsejaba y delimitaba, siempre a partir de su propia experiencia, dio respuesta a cuestiones que, lamentablemente, todavía no se han resuelto: ¿Cuáles son los pilares de un gobierno justo? ¿Qué régimen es el mejor? ¿Cómo debería conducirse en el cargo un dirigente?

Cicerón es un hombre de Estado, no un político, que habla desde el pasado y monta una guía antigua para políticos modernos, como dice el subtítulo del libro Cómo gobernar un país (Crítica), en edición bilingüe latín y castellano. Philip Freeman, especialista en lenguas clásicas,  ha realizado esta breve antología sobre las ideas políticas de un conservador moderado, “condición cada vez más difícil de hallar en nuestro mundo moderno”.

El autor define a Cicerón como un fiel creyente en la colaboración con otros partidos por el bien de la nación y sus gentes. Para Cicerón, el gobierno ideal es el que combina lo mejor de la monarquía, la aristocracia y la democracia, tal como ocurría en la República romana. Este es el legado del primer hombre de Estado, resumidos en 10 consejos, y olvidado a los pocos años.

  1. El gobernante debe poseer una integridad excepcional. Cicerón se pregunta por las dotes de mando de quienes aspiren a velar por la paz y dirigir el rumbo de un país: “Deben destacar por su coraje, su aptitud y su resolución, porque en nuestra nutrida ciudadanía son multitud quienes aspiran a la revolución y a la caída del Estado por tener el castigo que se merecen las faltas que saben haber cometido”. Es decir, que los gobernantes de una nación deben estar dotados de un valor, una capacidad y una resolución notables.  
  2. Inteligencia, perspicacia y elocuencia. Si los dirigentes no poseen un conocimiento meticuloso de aquello de lo que hablan, sus discursos serán una cháchara de palabras vanas. La neolengua ya debía existir hace veintiún siglos. Pero hoy no es fácil hacerse una idea de la importancia que revestía la oratoria en el mundo antiguo, y quien quisiera guiar a otros no tenía más remedio que dominar el arte de dirigirse con elocuencia. “Para elaborar un discurso no importa sólo la elección de las palabras, sino también su correcta disposición”. A eso hay que añadir “la agudeza, el humor, la erudición propios de un hombre libre, así como la rapidez y la brevedad a la hora de responder o atacar, que siempre irán ligadas a un encanto sutil y a un claro refinamiento”.   
  3. La corrupción destruye una nación. Lo sabemos. Sabemos a dónde conduce la codicia, los sobornos y el fraude. Cómo devoran un Estado desde el interior y lo vuelven débil y vulnerable. ¿Qué pensaba Cicerón de la corrupción? Que desalentaba a la ciudadanía y la hace presa de la cólera y la incita a la rebelión… En su discurso contra Gayo Verres, antiguo gobernador de Sicilia y paradigma del político depravado, Cicerón no dejó lugar a dudas: “Como si de un rey de Bitinia se tratara, se hacía trasladar en litera de ocho porteadores, dotada de un elegante cojín relleno de pétalos de rosa de Malta. Ceñía su frente con guirnalda y llevaba otra al cuello, y cerca de la nariz, su saquito de malla tupida hecho de delicadísimo lino y también lleno de rosas. De esta guisa hacía los viajes…”  
  4. No hay que subir los impuestos. Al menos si no es absolutamente necesario. “Quien gobierne una nación debe encargarse de que cada uno conserve lo que es suyo y de que no disminuyan por obra del Estado los bienes de ningún ciudadano”. El propósito principal de un gobierno consiste en garantizar a los individuos la conservación de lo que les pertenece y no la redistribución de la riqueza. Pero también condena la concentración en manos de una minoría selecta. Asegura que el Estado tiene el deber de ofrecer a sus ciudadanos seguridad y otros servicios fundamentales. “También es deber de quienes gobiernan un Estado garantizar la abundancia de cuanto se requiere para vivir”.
  5. La inmigración fortalece un país. Roma se convirtió en un imperio poderoso gracias a la acogida que tuvo a nuevos ciudadanos a medida que se extendía por el Mediterráneo. Hasta los esclavos manumisos podían tener derecho a voto. “Defiendo pues que en todas las regiones de la tierra no existe nadie ni tan enemigo del pueblo romano por odio o desacuerdo, ni tan adherido a nosotros por fidelidad y benevolencia que no podamos acogerlo entre nosotros u obsequiarlo con la ciudadanía”.
  6. No a la guerra. Si es injusta… los romanos, que podían justificar cualquier conflicto bélico que desearan emprender, como tantos otros pueblos que vinieron detrás de ellos. Pero para Cicerón, al menos, el ideal bélico no puede darse si se hace por codicia en lugar de para defender la nación o por castigo. “¿Cómo os sentís vosotros sabiendo que una sola orden [de Mitríades] ha bastado para causar en un día la matanza de miles de ciudadanos romanos?”
  7. El mejor gobierno es un equilibrio de poderes. Sin equidad los hombres libres no pueden vivir mucho tiempo. Sin ella tampoco hay estabilidad. Cicerón advierte que no es difícil que de la virtud nazca el vicio y que “el rey degenere en déspota, la aristocracia, en facción, y la democracia, en turba y rebelión”. Supervisión y equilibrio. De ahí que “el ejecutivo deberá tener cualidades descollantes propias de un soberano, pero siempre concediendo autoridad a los próceres y al juicio y la voluntad de la multitud”.
  8. El arte de lo posible. Considera irresponsable la adopción de posturas inflexibles, en política todo se encuentra en evolución y cambio. “Cuando hay un grupo de personas que gobierna una república por el hecho de tener riquezas, abolengo o cualquier otra ventaja, cabe considerarlo una facción, aunque ellos se quieran llamar próceres”. Negarse a transigir es un signo de debilidad, no de fortaleza.
  9. Estar cerca de amigos y de enemigos. Nuestro enviado especial a Roma sabía cómo tratar a un aliado ofendido y abordar un problema de forma directa y elegante, pues los dirigentes fracasan cuando subestiman a sus amigos y aliados. Le resultaba aún más importante asegurarse de saber qué hace el adversario. Para Cicerón hay que tender lazos con los oponentes. En el año 63 a.C., cinco años después de ejercer de cónsul, sus enemigos políticos lograron exiliar a Cicerón con falsos cargos, y 20 años más tarde Marco Antonio mandó su ejecución. Sus propios presupuestos no le sirvieron.
  10. Leyes universales gobiernan la conducta humana. No supo del concepto de derecho natural. Creía firmemente en la existencia de leyes divinas, no sujetas al tiempo ni al espacio, que garantizan las libertades fundamentales del ser humano y limitan la conducta de los gobiernos. “Habrá un único dios que ejercerá de maestro y gobernante del común, creador de este derecho, juez y legislador”.
Cultura
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#9
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#8
En respuesta a jimmyjoe22
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Nada mas alejado de la realidad de Roma, hoy Europa se define como una zona especial del mundo gracias a ellos, los pueblos romanizados y los que no ...hoy se ve claramente la diferencia.

 

Inventaron el concepto de ciudadano, de infraestructura, de gobierno local dentro de un imperio con gobernadores que siguiendo reglas generales  (salario, ciudadania, defensa, leyes civiles, derecho, moneda comun etc) adaptaban su hacer a la idiosincracia local....le suena a la UE?

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#7
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1 Muy interesante lo que dice, y se puede aplicar a los tiempos actuales, pero sustituyendo la esclavitud por el petróleo, y a Roma por EEUU.

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#6
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Está publicado por la editorial Ariel en 2005, con ISBN 9788434467712. En una rápida consulta a la web de la casa del libro me encuentro con que está descatalogado por el distribuidor, y tampoco figura en la web de la editorial. Supongo que puede encontrarse de segunda mano. Yo lo saqué de la biblioteca pública de Valladolid.

 

Lástima, porque es un libro interesante. A mí me gustó más que, por ejemplo, la biografía de Julio César por Goldsworthy, que ha tenido cierto éxito. Quizás sucede que nosotros mismos confiamos más en los autores anglosajones que en los españoles.

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#5
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Es fácil escribir una lista de buenas intenciones para gobernar. Ponerlas en práctica ya es más difícil, como comprobó Cicerón en su ajetreada vida política.

 

Sobre Cicerón recomiendo la excelente biografía del profesor Francisco Pina Polo, con una visión ponderada del personaje, con sus virtudes y sus limitaciones, y además ameno para el lector medio. Además, es un libro no solamente de historia en realidad, porque muchas cosas de la época te recuerdan los problemas de nuestro tiempo.

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#4
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Lo que debo hacer es no escribir dormido. Lo siento

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#3
En respuesta a juliano el apostata
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¡Huy!, ¡me lié!, me refería al asesinato ilegal de Catilina y los suyos

Lo de Saturnino fue utilizado por César en el juicio a Cayo Rabirio como aviso y ataque personal a Cicerón por saltarse la ley con Sergio Catilina

Además, q hubiera una conjuración auténtica o q Cicerón empujase a Catilina a la sublevación por su ataque a los Sergios todavía está discutido

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#2
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Cuando manda matar a Saturnino y los suyos en la Curia a pedradas saltándose las leyes de Roma a la torera no parece q Cicerón tuviera en cuenta demasiado sus propias reglas

 

¡Ah, claro!, las reglas para los demás, ¿no?

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#1
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Esta muy bien eso que dice Ciceron pero el  verdadero  poder de Roma siempre fue la  " Pax Romana" es decir ,  hacer la guerra con  los insurgentes o vecinos  vencerlos y esclavizarlos . De esa forma obtenian beneficios de las guerras a largo plazo, movilizan la poblacion  donde quieren y recolonizan con romanos los territorios conquistados para que no se vuelvan a  rebelar.

Cierto es  eso de tener a los enemigos cerca , pero esclavizados  trabajando para ti y desde luego poco  importaban las caricias y los lenguajes finos en  aquellas epocas  donde la espada  marcaba el destino de una nacion.

En repetidas ocasiones los romanos subian los impuestos en provincias  rebeldes para incitarles a la rebelion y asi  poder mandar a las legiones  romanas para hacerelos picadillo y a  los hombres que queden  , mas las mujers y ninos  llenar el  mercado de  esclavos . A los romanos nunca les gusto enfrentarse a los persas pues no sacaban beneficio de aquellas guerras al no conquistar  apenas  teritorios tras una  victoria.Tampoco les  gustaba enfrentarse a los  barbaros  pues  estos eran nomadas y  huian siempre hacia el interior de rusia despues de una derrota con sus mujeres e hijos.

La llegada  del cristianismo supuso el decaimiento de la esclavitud  y el fin del Imperio Romano  y   1000 anos de  parada cardio respiratoria de  Europa  en  ciencia  y  desarrollo.

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