Hasta hace un tiempo le acompañaban epítetos que para sí quisieran muchos, pero Orson Scott Card se ha ganado a pulso que hoy se le empiece a llamar, como hace la prestigiosa revista The Wrapp, un simple "provocador profesional". El autor de la saga de ciencia ficción El Juego de Ender y uno de las últimos clásicos contemporáneos vivos de la ciencia ficción –a esto nos referíamos con lo de los epítetos más amables, por poner un ejemplo– ha vuelto a dar la nota, y qué nota, al comparar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con Adolf Hitler.

"Como César Augusto, Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler y Vladimir Putin, Barack Obama podría convertirse en un dictador de por vida sin ninguna oposición interna", denuncia Scott Card en un ensayo publicado en su web, Ornery.org. Aunque el artículo aparece publicado con fecha de mayo, ha sido este jueves cuando los medios estadounidenses se han hecho eco de los exabruptos del escritor –algunos periodistas han dudado ya de que la fecha de publicación sea cierta–, que se jacta nada más arrancar de predecir "cómo va a acabar la democracia en Estados Unidos".

"Obama es, por su carácter y su inclinación, un dictador", escribe Scott Card. "Odia la idea del compromiso; demoniza a quienes le critican y desprecia incluso a quienes le hacen la pelota en la prensa liberal. Eludió al Congreso tan pronto llegó a su oficina designando cargos que no necesitaban la aprobación del Senado. Su propio partido no ha hecho llegar un presupuesto nunca al Senado".

Estrategia de marketing

No es que el autor de El Juego de Ender haya tenido nunca pelos en la lengua, pero sus característicos ataques de integridad parecen intensificarse, qué casualidad, según se acerca la fecha del estreno de la superproducción que adapta su novela más famosa, a la postre la primera que se lleva al cine.

Como todo lo que disgusta a Scott Card acaba –por lo visto– con la democracia, ya el pasado mes el autor advirtió de que "el matrimonio homosexual marca el fin de la democracia en América", después de que la Corte Suprema de Estados Unidos ilegalizase la Ley de Defensa del Matrimonio –DOMA– de aquel país, que definía el matrimonio como "la unión entre un hombre y una mujer", y revirtiese los efectos de la Proposición 8, la que eliminó el matrimonio gay en California y permitió el acceso al "enemigo" –así es como se ha referido Scott Card a los homosexuales en más de una ocasión– a las uniones matrimoniales.

En esta ocasión le ha tocado el turno al líder de los Demócratas, presidente de Estados Unidos y aspirante al cargo de perpetuo dictador, según Scott Card, que además "financia a los asesinos de cristianos, los Hermanos Musulmanes de Egipto". Aunque el autor admite después que la idea de que Obama pretenda perpetuarse en el poder como un tirano "podría parecer absurda", se pregunta a continuación: "¿hasta dónde llegará en esta posición dictatorial? ¿Existe alguna manera posible de que se perpetúe como presidente vitalicio, como los dictadores que tanto admira y envidia en Rusia, China y el mundo musulmán?".

Scott Card, de esta manera, dice estar seguro de que el presidente estadounidense tiene "un plan" para ocupar su cargo de por vida, que empieza por su sucesión con un títere –"Michelle Obama será designada sucesora y cualquiera que se oponga a ello seriamente en el Partido Demócrata será destruido"– y su reelección posterior tras una reforma constitucional. Al desgranar la supuesta estrategia a largo plazo de Obama –plagada de paralelismos con las de genocidas como Stalin o Hitler–, Scott Card también acusa a sus seguidores políticos de estar en el ajo. "Ya son fascistas en su corazón", dice, por ejemplo, de los opinadores progresistas.

Finalmente el escritor juega a negar su elaborada paranoia al decir que "por supuesto estas cosas no ocurrirán en realidad" porque "esto es un experimento de pensamiento de ficción", pero asegura que los hechos "son plausibles" y cierra jugando a la incertidumbre, preguntándose que "¿si yo creyera realmente todo esto, escribiría este ensayo?".

Boicot a 'El juego de Ender'

El escritor –exmisionero mormón y miembro desde 2009 de la dirección de la National Organization for Marriage o NOM, uno de los lobbies conservadores más agresivos de Estados Unidos– ya tuvo que pedir disculpas el mes pasado a instancias de sus socios comerciales, Summit Entertaiment y Lionsgate –que en noviembre estrenarán la esperadísima adaptación de El juego de Ender– y la todopoderosa editorial Simon & Schuster, la cuarta más grande del mundo en lengua inglesa, que detenta los derechos de su saga Pathfinder y acaba de editar su segundo volumen, Ruinas.

La disculpa, publicada por Entertaiment Weekly y en la que matizaba su tesis de que la igualdad de derechos de los homosexuales "acaba con la democracia", no ha conseguido en cambio neutralizar el boicot contra el estreno en la gran pantalla de El Juego de Ender organizado por Geek OUT, una asociación que vela por la representación de la homosexualidad en el cómic, el cine y la industria del entretenimiento. En la web www.skipendersgame.com –algo así como Sáltate El juego de Ender–, en donde una cita del propio Card recibe al visitante –la perla, en esta ocasión, es que "aquellos que violan flagrantemente la regulación de la sociedad en materia de conducta sexual no pueden continuar siendo considerados miembros ciudadanos iguales y aceptables"–, Geeks OUT aporta alguno de los argumentos para no ir a ver la película de la que Scott Card, por cierto, es también coproductor.

Una escena de 'El juego de Ender'. (Summit Entertainment)Una escena de 'El juego de Ender'. (Summit Entertainment)"¿Realmente le quieres dar dinero a este tío?", pregunta este colectivo a medio camino entre homosexual y geek. "¡No veas esta película! No compres una entrada para el cine, no compres el DVD, no lo veas en vídeo a la carta. Ignora todo el merchandising y los juguetes. Por más que hayas admirado sus libros, mantén tu dinero fuera de los bolsillos de Orson Scott Card".

Lionsgate ha invertido ya más de 100 millones solo en la producción de la película dirigida por Gavin Hood, cuya campaña de promoción arranca ya mismo y previsiblemente costará si no lo mismo, sí un montante muy similar. Cuenta, además, con la presencia de Abigail BreslinViola Davis y Hailee Steinfeld y de pesos pesados de Hollywood como Ben Kingsley oHarrison Ford. Para colmo de males –de los males de los males de Summit Entertaiment y Lionsgate, se entiende–, El Juego de Ender es el primer volumen de una saga que completan La voz de los muertosEnder el Xenocida e Hijos de la muerte y parió otra saga de novelas paralelas, entre ellas La sombra de EnderLa sombra del HegemónMarionetas de la sombraLa sombra del gigante y Sombras en fuga. Es un filón, en otras palabras. Uno que podría eclosionar en una franquicia multimillonaria o acabar en fracaso si el boicot contra Card prende entre los aficionados.

En El juego de Ender un niño, Andrew Ender Wiggin, es reclutado a los seis años por la Escuela de Batalla, una escuela militar en órbita, y formado para el mando militar con la esperanza de que consiga vencer en la guerra que la Tierra mantiene contra los insectores, una raza alienígena. Es precisamente el argumento al que ha aludido Scott en su famosa disculpa sin disculpa, que arranca precisamente aclarando que "El Juego de Ender acontece dentro de más de un siglo y no tiene nada que ver con asuntos políticos que no existían cuando el libro fue escrito en 1984".

Orson Scott Card, al que algunos consideran el mejor autor de ciencia ficción vivo –un trono que se disputa con William Gibson tras la muerte el año pasado de Ray Bradbury, autor de Crónicas Marcianas, y en 2008 la de Arthur C. Clarke, autor de 2001 Una Odisea en el espacio– pertenece a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días –la Iglesia mormona– y su tatarabuelo fue Brigham Young, apodado El Moises americano, segundo profeta vidente de los mormones –el primero fue el mismísimo Joseph Smith– y aquel que introdujo oficialmente la poligamia en la religión.