Manuel Borja-Villel en su editorial del nuevo número de Carta (revista oficial del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de la que es editora María Luisa Blanco) carga contra la influencia del mercado en las prácticas artísticas y la conversión del público en una masa “sumisa” que se reúne “alrededor de un líder, héroe o ídolo”, “muy distinta de la multitud que ocupa las plazas”. No confundir al 15M con la masa. En lo que se entiende como una autocrítica al hilo de la exposición más popular de la breve historia de la institución, Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, el director del Museo Reina Sofía señala en su artículo que el espectáculo se ha convertido en una necesidad.

Es un mundo de consumidores como este, compuesto por “individuos excitados” que “no forman un público propiamente dicho”, Manuel Borja-Villel define a esa masa que ha sobrepasado las expectativas en asistencia alentadas por la fama de Dalí, como “una amalgama no reflexiva, compuesta de subjetividades a medias, de personas sin perfil que se reúnen alrededor de un líder, héroe o ídolo, y se identifican con él”. Sumisos adoradores del dios Dalí. Y determina: “Sus actos tienden a la sumisión, no a la emancipación. De ahí que no necesite de la voz de un artista o de un intelectual que cuestione su mundo”. El intelectual y su conocimiento ha sido sustituido por el ruido y el centro comercial y los museos cada vez son más parecidos a estos últimos. 

El mercado y el espectáculo han hecho que lo que Borja-Villel denomina “razón populista” sea hegemónica en los usos y costumbres de la sociedad actual. Explica que la “razón instrumental” (“la utilización de la razón con el fin último de obtener un beneficio”) fue sustituida en el siglo XIX por la “razón histórica” (“la razón como elemento de liberación”) y que esta ha sido superada por la citada “razón populista”, que “se caracteriza por el deseo de dirigir nuestra atención hacia lo que está exento de interés y prestarnos como novedad lo que hemos visto hasta la saciedad”.

La gran estafa

El razonamiento deviene comprometido: si la razón populista es lo que convierte en una exposición sobre Dalí en una cita masiva no es por su interés ni por su novedad, sino por un engaño capitalista. “El capitalismo avanzado reduce cualquier expresión estética a un producto indiferente e intercambiable”, escribe. Esa es la razón por la que más de 70.000 personas pasaron por el museo las primeras semanas de la convocatoria -que se cierra el próximo 2 de septiembre-, para ver las cerca de 200 pinturas de la exposición. Ese es también el secreto del éxito de la taquilla de un museo. La exposición de Dalí no es la única que vincula a la "razón populista", para el director del Reina Sofía las dedicadas a Velázquez y Monet, en el Prado, o Hopper, en el Thyssen, están en la misma línea.  

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía.Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía.En un escrito muy beligerante contra la táctica de otros museos cercanos al Reina Sofía, entregados y habituados a los pelotazos y a las mentiras, anota que la práctica artística ha quedado reducida a una cultura de consumo. Asegura que es la culpa es la precarización de la crítica, porque sus parámetros de evaluación han caído de “manera alarmante”. “El resultado es ese todo vale” tan popular en algunos sectores del arte contemporáneo”, subraya.

Para muchos, la exposición de Dalí en el Museo Reina Sofía es uno de los ejemplos más sonados de esta estrategia de fines que justifican medios, en la que a más visitas, más ayudas públicas y más ingresos privados (patrocinios y entradas). Desde luego, no es la tónica de la institución, más bien una especie extraña entre sus propuestas. Precisamente, esa línea menos complaciente es la que termina por intervenir en el mercado, por poner de moda unos artistas, por convertir las investigaciones de la institución en producto para marchantes: “Cuando nuestra investigación de años, realizada con dinero público, acaba siendo objeto de especulación en manos privadas, nos damos cuenta de que, por desgracia, nuestro trabajo contribuye a asentar aquello que criticamos”.  

Oportunidad de cambio

La principal característica de este montaje del Museo Reina Sofía es la intención de purificar la figura del pintor surrealista, envuelto en el escándalo y el estereotipo que el propio Dalí creó para sí mismo. El estudio que da forma a la exposición trata de comprender al pintor en todas sus dimensiones, pero lejos del espectáculo al que él mismo había decidido entregar su vida y obra. “A este personaje le ha rodeado mucha anécdota, mucho elemento que no tiene interés, que es puro ruido mediático. Hemos intentado volver al Dalí esencial, que hace de él uno de los grandes artistas del siglo XX”, explicaba Manuel Borja-Villel en los días en que se presentaba la muestra.

Las intenciones científicas han sido superadas por las expectativas populistas y la explotación capitalista. Sin embargo, y a pesar de no aclarar el director por qué decidió abrir las puertas del museo a una exposición populista como la que ahora critica, termina su artículo llamando al cambio contra la lógica totalizadora del mercado que denigra toda actividad que no demuestre ser capaz de obtener ningún beneficio económico: “Tal vez sea la gran posibilidad de crear espacios de resistencia y libertad en una sociedad que ignora aquello a lo que no le encuentra utilidad, que no sirve”.