MARCADO POR LA BRONCA DE LUIS SUÁREZ CON GONZALO ANES

Los académicos confirman que el 'Diccionario Biográfico' de los 7 millones “no tiene arreglo”

En la Real Academia de la Historia reina el silencio. Los pasillos del palacio ya eran taciturnos sin polémicas, pero desde la aparición de los primeros
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Los académicos confirman que el 'Diccionario Biográfico' de los 7 millones “no tiene arreglo”
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    En la Real Academia de la Historia reina el silencio. Los pasillos del palacio ya eran taciturnos sin polémicas, pero desde la aparición de los primeros 25 tomos del Diccionario Biográfico Español -hace casi dos años- la institución, y su director Gonzalo Anes a la cabeza, ha quedado muy dañada. Entre los académicos de número se forman los corrillos de fieles a la obra y disidentes, pero entre todos han acordado un pacto de silencio a favor de la estabilidad institucional, tal y como ha podido saber este periódico por uno de ellos. 

    Incorregible y, por ello, doloroso. El pacto de no agresión ha generado un tabú tan insoportable que ni siquiera Luis Suárez, el autor de la fallida entrada de Franco, ha vuelto a pisar la Academia desde hace más de un año. Suárez ha sido la única víctima, apuntan las fuentes, tras una monumental bronca entre él y Gonzalo Anes.

    En los plenos se trata muy por encima y este último pasa de puntillas por el asunto, simplemente se van anunciando los nuevos tomos finalizados. Ni siquiera se informa al resto de los académicos del proceso de publicación. Los dos últimos en aparecer, el 39 y el 40, insisten en los errores por los que fue criticado y denunciado.

    La comisión de trabajo, de la que formaba parte el reconocido historiador Juan Pablo Fusi, ha desaparecido, “se disolvió pacíficamente”. Un académico consultado por El Confidencial asegura que se ha renunciado a las correcciones, que no habrá ni adenda, ni justificación, ni rectificación. Aunque avanza que en los 20 tomos que faltan por entregar se harán algunos retoques y algunas depuraciones. Al parecer, alarmados por la excesiva presencia de beatos y aviadores sublevados, la dirección ha decidido meter tijera y templar las sombras que han ennegrecido los primeros 30.

    Neofranquista y ultraconservador

    “El Diccionario no tiene arreglo”, sentencia sin remedio. También se muestra muy crítico con la gestión ideológica que se ha hecho de un proyecto que probablemente superará los 7 millones de euros en aportación pública y que recibe una subvención nominativa por valor de 100.000 euros, sin acuerdo parlamentario. “Es un diccionario neofranquista y ultraconservador”, remata.

    Así que aquello que dijo el ministro de Cultura, Educación y Deporte el pasado mes de mayo no irá a ningún lado: no hay intención de rectificar “en profundidad” las 14 entradas más graves que destapó la comisión, ni las otras 16 “ligeramente”, ni la que debe ser eliminada. Una parte de las biografías chirría tanto que arroja tinieblas sobre el conjunto del Diccionario y proyecta la penitencia sobre sus propulsores: “Era el único gran proyecto del último cuarto de siglo de la Academia y ha fracasado. En el pecado los promotores llevan la penitencia. A Anes el estigma ya no hay quien se lo quite”, afirma.

    La magnitud de la obra no ha ido acompañada de las medidas de revisión necesarias para garantizar el cumplimiento de aspectos tan básicos y esenciales como el rigor. Por decirlo de manera clara, es un monumento sin control de calidad, aunque la dirección se ha querido amparar en la libertad de cátedra de los autores. Los 50 tomos de 850 páginas cada uno, en los que se dan cita más de 40.000 biografías escritas por 5.500 autores, se han preparado bajo la más severa insolvencia que han hecho de la misma un cúmulo de despropósitos, entre los que destacan los siguientes: 

    Una selección arbitraria

    Dice el dossier del proyecto, elaborado por la propia Real Academia de la Historia, que aparecen “más de 40.000 biografías de personajes destacados en todos los ámbitos del desarrollo humano y en todas las épocas de la historia hispana”. Al hilo de lo publicado, no hay duda de que esta es una normativa invalidada por la propia institución y su cuerpo técnico, como demuestra la incorporación de esos tres hermanos de familia noble, dos de los cuales figuran como “pioneros en el sector del vino y del aceite” y su hermana, como cazadora y benefactora. 

    Entre las últimas vidas aparecidas en los dos tomos destaca la aparición de María Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia (1916-1975), a quien se define como “numeraria del Opus Dei”. En la nota se aclara que no pudo terminar sus estudios de Ciencias Químicas debido “a la interrupción durante la Guerra Civil, en la que el bando republicano fusiló a su padre en la Cárcel Modelo”. El otro gran momento reseñable de su andadura fue cuando en enero de 1944 “conoció a José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, quien le ayudó a discernir su vocación”.

    Un galimatías fruto de la incoherencia

    La negación de la naturaleza dictatorial del régimen franquista en la biografía de Franco escrita por Luis Suárez es contradicha por decenas de otras entradas que sí lo hacen. Otro de los cruces más sonados de este despropósito que inhabilita al Diccionario es la ficha que Carlos Seco hace sobre Manuel Azaña, en la que se refiere a Juan Negrín como un dictador. Sin embargo, la entrada del propio presidente del Gobierno de la II República en el exilio le describe como “el chivo expiatorio de los males de la República”.

    Entre las últimas entradas podemos leer dos Emilio Mola distintos: por un lado está el intelectual, amable y humano, y por otro un golpista cruel “cerebro de la sublevación” capaz de difundir “unas contundentes instrucciones de eliminar sin miramientos a los tibios que no estuvieran dispuestos a apoyar la sublevación”. La verdad es la víctima en este guirigay de criterio, puesto que el lector es confundido con dos interpretaciones de la misma biografía.

    Los deslices ideológicos

    Los errores más graves remiten a los retos mal resueltos en la planificación de una obra que, en unos casos, ha excedido los recursos de la Academia y, en otros, ha servido de plataforma ideológica desmedida, tal y como han apuntado los directores de historia contemporánea de las universidades españolas

    Marcelino Olaechea Loizaga, obispo de Pamplona, en una valiente alocución del 15 de noviembre de 1936 denunció la práctica habitual de fusilar a los vecinos considerados 'rojillos' tras caer un requeté en el frente. Pero esta caridad contra la venganza no se menciona en su entrada de los nuevos tomos, en la que omite la represalia y se remite a la mención que la Conferencia Episcopal tuvo con el obispo por “la caridad que ha tenido con más de 300 sacerdotes evadidos de la zona roja”. 

    Ofende al buen gusto histórico y moral, como apunta José Luis Ledesma, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, que en varias biografías se nombre a la contienda de 1936-1939 como "Alzamiento”, “Movimiento Nacional”, “Guerra de Liberación”, “dominación roja” y hasta “verdadera Cruzada”, setenta y cinco años después. Son las huellas impresas por la connotación ideológica reaccionaria de algunas fichas que bastan para descalificar al resto.  

    Entre la hagiografía y la épica

    El relato del clero en Guerra Civil es una de las presencias preferidas, que se multiplican en estos últimos tomos. Su aparición entre las vidas de los españoles ejemplares está justificada no por sus logros, sino por cómo murieron. Este numeroso grupo de víctimas –entre las que han desaparecido las del otro lado de la trinchera- destacan normalmente por la retórica que ilumina su espíritu valeroso y abnegada clarividencia, propia de otros géneros alejados del historiográfico. Mientras unos alcanzaron “la palma del martirio”, otros son “el enemigo”, los “rojos”. Los militares que aparecen en las nuevas entregas mantienen los tonos épicos de las bravas acciones de guerra.

    Fuentes y autores interesados

    Es rara la biografía de los “mártires” en la que no se encaje el expediente de beatificación o las hojas de servicios en el caso de los componentes del ejército sublevado. Aunque parezca inaudito, entre los casi 6.000 autores que han tomado partido en la elaboración del Diccionario Biográfico Español hay quien no está al corriente con las técnicas de la disciplina a la que representa la Real Academia de la Historia.

    La consecuencia es un tono propio de crónicas de sociedad más que de un relato histórico que marca una notable diferencia entre los profesionales de la historia y quienes no lo son. Los desafortunados fallos de estos últimos desestabilizan el conjunto. Una buena prueba de fuente interesada y de ejercicio sin rigor es el encargo a la Casa Real de la biografía de la princesa Letizia Ortiz

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