EL ANONIMATO DE INTERNET FAVORECE ESTOS CASOS

Cómo convertir tu libro en un 'best seller' comprando críticas positivas

“Este es uno de los libros más emocionantes que he leído en mi vida”; “una obra maestra moderna”; “está tan bien escrito que me sentí transportado
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Cómo convertir tu libro en un 'best seller' comprando críticas positivas

“Este es uno de los libros más emocionantes que he leído en mi vida”; “una obra maestra moderna”; “está tan bien escrito que me sentí transportado a la época en que tenían lugar estos acontecimientos” o “R.J. Ellory es uno de los mejores autores hoy en día, su capacidad con el idioma inglés es impresionante”. Cualquiera se sentiría impelido a comprar la novela a la que se refieren tales aseveraciones ante tal unanimidad crítica. Lo que muchos de los que se sintieron atraídos por dichos elogios no sabían es que su emisor no era un crítico reputado o un lector con criterio (una figura en auge en los tiempos de la red 2.0), sino R. J. Ellory, el propio autor del libro, A Quiet Belief in Angels (Overlook).

Ellory lleva publicando reseñas bajo seudónimo desde 2008La polémica ha saltado después de que el ganador del Premio Theakstons Old Peculier a la Mejor Novela Criminal de 2010 R.J. Ellory, haya sido descubierto escribiendo reseñas positivas de su propio trabajo en la página web de Amazon. Ahí no termina todo: por si fuese poco utilizar una herramienta pública para alabar su propio trabajo, Ellory, a través de dos apodos diferentes, ha criticado de manera inmisericorde novelas como Dark Blood (Harper Collins), de su colega Stuart MacBride, a la que dedicaba frases como “otra muestra más del desfile aparentemente interminable de novelas sobre investigaciones policiacas que parecen abundar en el Reino Unido”. Una crítica discutible en cuanto que varias de las novelas de Ellory pueden clasificarse fácilmente bajo la etiqueta del procedural, el término inglés que se refiere a este tipo de novelas policiacas, y que recuerda que lo más probable es que el propio autor estuviese marcando de manera poco honesta su territorio.

La escasa habilidad de Ellory para ocultar sus pasos, que muestra que poco ha aprendido de los personajes de sus novelas –en algunos mensajes firmaba como Nicodemus Jones, en otros como Roger, su nombre de pila–, le ha llevado a ser descubierto fácilmente por Jeremy Duns, otro autor de novela policiaca que publica en Simon & Schuster y Penguin, y que delató a su compañero en Twitter. Ellory ha salido al paso pidiendo perdón por su comportamiento y admitiendo toda la responsabilidad sobre las críticas en unas palabras destinadas al rotativo inglés The Daily Mail, en las que señalaba que “me arrepiento sin ninguna clase de reserva de la falta de juicio que ha provocado que estas opiniones personales sean difundidas por estos medios y me gustaría disculparme ante los autores y la comunidad de lectores”. Una explicación poco satisfactoria en cuanto que, como muchos señalan, alabar el trabajo propio de manera anónima poco tiene que ver con la opinión personal. Más aún cuando las primeras reseñas de Jelly Bean, otro  de los alias empleados por el autor, se remontan a 2008.

Una tendencia creciente

Más problemático aún es criticar de manera interesada el trabajo de los demás, puesto que en multitud de ocasiones –y más en el mercado editorial–, la competencia no tiene por qué ser necesariamente negativa. Así lo recordó la Asociación de Escritores de Novelas de Crimen (Crime Writers’ Association), a la que pertenece el propio autor, en una nota destinada a los medios: “Como otros en el medio editorial, somos conscientes de la práctica de autores que asumen personalidades falsas en blogs, Twitter o Amazon para promocionar su propio trabajo y, en algunos casos, escribir reseñas negativas sobre la obra de los demás”, señalaba el manifiesto. “Consideramos que es una práctica injusta tanto para los propios autores como para los lectores. Aún no sabemos lo extendida que puede estar esta praxis. Sin embargo, tomaremos las medidas necesarias para crear un código ético entre nuestros miembros”.

John Locke admitió haber comprado trescientas reseñasSe trata de una tendencia en progresivo crecimiento: el historiador y profesor Orlando Figes admitió hace unos años haber escrito críticas laudatorias de su propio trabajo en Amazon. También Stephen Leather, otro autor de novela criminal, admitía recientemente que en cuanto tenía un nuevo libro en el mercado, se lanzaba rápidamente a promocionarlo en foros y redes sociales, a veces con su propio nombre, a veces con nombres inventados. Lo cual, señalaba el autor, daba lugar a “la creación de una red de personajes que hablan de tu libro” y que esto provoca que “termines hablando contigo mismo”. También John Locke admitió en The New York Times que había pagado bastante dinero a cambio de unas 300 reseñas positivas (“sólo a gente honesta”) que le permitieron convertirse en el número uno en ventas de ebooks, un proceso que detalla sin pelos en la lengua en How I Sold 1 Million eBooks in 5 Months! (Telemachus Press), poniendo a la vez de relieve las miserias del mundo de la crítica literaria.

La importancia de los lectores fiables

La diferencia, en el caso de Ellory, es que no se trata de escritores autoeditados que necesitan realizar por sí mismos todo el esfuerzo publicitario, sino un autor que publica en una de las grandes. El nuevo estado de las cosas que la red ha posibilitado provoca que ya no se necesite una amplia campaña publicitaria o acceder a los grandes medios de comunicación para alcanzar el éxito. Hace pocas semanas, se publicaba también en The New York Times la historia de un servicio de compra de críticas por Internet liderado por Todd Rutherford. El encargado de GettingBookReviews.com señalaba que llegó a ganar 28.000 dólares por mes en poco tiempo. Se trata de un caso diferente al de John Locke y el periódico neoyorquino, porque Rutherford no es un crítico profesional, sino un mero lector que ha conseguido labrar su reputación a través de los años y nada menos que 4.531 reseñas. Y cuya credibilidad puede verse totalmente afectada después de que su relación comercial haya salido a la luz. Sin embargo, el visionario crítico recuerda que su trabajo consiste meramente en “señalar lo positivo por encima de lo negativo”.

El mundo editorial se ha manifestado rápidamente en contra de estas prácticas anónimas y se ha querido desmarcar de ellas calificándolas de vergonzosas y muy localizadas. Una de las soluciones que Jeremy Duns sugiere a tal respecto es vincular las cuentas de páginas como Amazon a la de Facebook, de manera que sólo se pueda publicar reseñas bajo un nombre propio. No es una mala idea, ya que se puede considerar a la red social de Mark Zuckerberg como una de las pioneras a la hora de transformar lo que hasta entonces había sido un universo copado por nicks anónimos en un mundo donde todos los comentarios muestran una cara identificable.

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