LOS RECORTES EN LAS SUBVENCIONES OBLIGAN A DISMINUIR LA OFERTA

La agonía de la cultura española

El pasado día 1 el Museo Chillida-Leku cerró sus puertas por problemas financieros. El centro granadino José Guerrero se ha salvado por los pelos de un
Foto: La agonía de la cultura española
La agonía de la cultura española

El pasado día 1 el Museo Chillida-Leku cerró sus puertas por problemas financieros. El centro granadino José Guerrero se ha salvado por los pelos de un final similar gracias a una intervención de urgencia de la Diputación de Granda y al esfuerzo de la familia del pintor. El Instituto Cervantes no sólo ha retrasado indefinidamente la apertura de los centros de Seúl y Kiev, sino que cierra su sede de Florianópolis (Brasil). La misma suerte corrió la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, ‘absorbida’ en 2009 por otras áreas del gobierno regional gracias al “recorte presupuestario”.

Estos son sólo algunos del los síntomas de una grave y temida pandemia que afecta a todos los sectores en todos los países: la celebérrima crisis. Y el de la cultura, por supuesto, también se ha contagiado. Basta con echar un vistazo a los citados casos, que no son los únicos, pero sí los más publicitados, de la situación en España.

Otros ejemplos son los teatros, y sus sufridos productores. La morosidad de las administraciones públicas los han puesto contra las cuerdas y están asfixiando poco a poco a quienes viven sobre las tablas. Jesús Cimarro, productor teatral, dueño de varios teatros y  presidente de la Asociación de Productores y Teatros de Madrid, asegura que son ellos -los productores- quienes están financiando a las administraciones, al revés de lo que debería ocurrir. Como propietario de Pentación Espectáculos a Cimarro le deben 900.000 euros entre varios ayuntamientos. Se ha visto obligado a abrir hasta cuatro líneas de crédito para financiar sus giras y ha visto descender su facturación hasta un 20% por evitar ciertas administraciones morosas.

Pese a las dificultades que atraviesan su empresa y el sector en general, Cimarro considera que el teatro es uno de los sectores donde menos se nota la crisis. “La gente que acude al teatro es de clase media o media-alta, y sólo ha habido un descenso de público de entorno al 5%, eso no es nada comparado con lo que hay por ahí”, apostilla. Parece ser que, a pesar de todo, este productor ha tenido más suerte que otros, como la compañía Animalario, que en 2010  se quedó sin fondos para producir su último espectáculo, Penumbra, para el que los propios actores han tenido que hacer aportaciones económicas.

Pero no sólo el teatro sufre la fiebre de la crisis. El sector editorial clama por un aumento de las ventas que les saque del pozo. Aunque hasta agosto del año pasado había capeado dignamente la tormenta, la hucha ha terminado por romperse; las devoluciones de obras no vendidas han alcanzado cifras históricas en 2010 y las ventas han caído hasta entre un 7% y un 34%, dependiendo de las editoriales. Una de las míticas, de las más prestigiosas de hecho, ha sido vendida a un sello italiano por problemas financieros. El legendario editor Jorge Herralde ha tenido que ceder el mando de Anagrama al grupo Feltrinelli Editore para conseguir una inyección económica vital que le salvara de la muerte editorial.

La cultura, ese bien tan prescindible

Más allá de la palabra impresa (o digitalizada, a estas alturas hay de todo), el virus económico ha afectado sobre todo al Estado y eso implica la reducción de sus inversiones. Y ya se sabe, la cultura siempre es una de las primeras víctimas de toda poda. El director de orquesta Josep Vicent, una vez asumido que es necesario “reajustar” las programaciones a las circunstancias, lamenta que esta etapa sea “de una dificultad tremenda porque todos han asumido como obvio que si hay que sanear en algún sitio, es en la cultura”.

Efectivamente, los Presupuestos Generales del Estado aprobados para 2011 contemplan una reducción del 13,9%  del presupuesto del Ministerio de Cultura, principal ‘sanador’ de muchas instituciones agónicas. Con esto la cartera pasa de disponer de 916 millones (en 2010) a 789,3 millones de euros en 2011.

El nuevo y drástico recorte (es uno de los ministerios donde más ha entrado la tijera presupuestaria) se suma a las dificultades que ya hubo en 2010 para sostener muchas instituciones culturales. Cada una de ellas se ha buscado la forma de sacarse las castañas del fuego contando sólo lo justo con el apoyo de la Administración.

Ingenio para no cerrar

El Musac de León, por ejemplo, ha visto reducido su presupuesto para adquisición de obras de 1,5 millones en 2008 a 300.000 euros en 2010; los responsables del Museo Patio Herreriano de Valladolid han decidido cerrar al mediodía y evitar la programación de exposiciones foráneas para reducir al máximo los gastos. El Museo Reina Sofía no paga algunas facturas de luz a cambio de hacer publicidad de la compañía eléctrica. Otros han decidido tirar de colección propia y dejar las exposiciones externas para otro año o intercambiar sus fondos con centros cercanos sin más costes que los del transporte y el montaje. Se dice, incluso, que algunas filmotecas proyectan DVDs porque resultan demasiado caros la adquisición y el mantenimiento de los rollos cinematográficos.

Hay más: la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid ya no existe, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ya no recibe ayudas públicas, el equipo que organizaba el Festival de Otoño se ha desmantelado, Teatralia, el festival infantil, está al borde de su extinción y se baraja la posibilidad de el festival Escena Contemporánea pase a ser bianual en lugar de celebrarse cada año, como ocurría hasta ahora.  Todo eso sólo en Madrid. En Barcelona la sala de cine Rex ha tenido que echar el candado por falta de público. En Sevilla las galerías Pueyo, Estil y Jesús Puerto tampoco han sobrevivido al 2010...  Y así cientos de ejemplos marcan, como cicatrices, toda la geografía española.

La cultura europea también sufre

Pero esto no es sólo un problema español. En otros países europeos se dan situaciones parecidas y los agentes culturales salen a la calle para denunciarlo. En Inglaterra el primer ministro, David Cameron, ha ordenado que se reduzca la inversión pública en cultura un 30% en cuatro años, lo que se suma a la reducción del 15% de la aportación económica que hacen las diferentes instituciones culturales. Con este reajuste de los presupuestos más de cien organizaciones culturales británicas perderán sus ingresos y tendrán que cerrar.

En Italia Silvio Berlusconi, por su parte, ha recortado casi 500 millones de euros a la cultura en los últimos tres años y tiene previsto reducir el presupuesto en otros 200 millones este año, lo que provocó a finales del año pasado multitudinarias protestas en Milán. En Francia los museos parisinos se pusieron en huelga en diciembre en respuesta al recorte de personal prevista en una Ley que reducirá todo el funcionariado.

¡Que entre la empresa privada!

En España el sector cultural no se ha echado masivamente a la calle, pero a cambio ha propuesto un Pacto Social por la Cultura que impulse el mecenazgo y deje entrar aire fresco, en forma de euros, en las instituciones culturales que agonizan. Los pasados 17 y 18 de diciembre más de 60 entidades culturales españolas debatieron cómo acercar el mundo empresarial (o su capital, más bien) al cultural.

De su reunión salió el pacto que propone, entre otras cosas, impulsar una modificación de la actual Ley de Mecenazgo y Patrocinio Cultural. La idea básica es que esta ley de 2002 introduzca ciertos cambios que contemplen más ventajas fiscales para quienes inviertan en cultura. Con la ley actual las donaciones individuales desgravan un 25% del IRPF y un 35% del impuesto de sociedades si se trata de empresas, una cifra muy inferior a las de países con similar patrimonio. En Francia, por ejemplo, llegan hasta el 66% y el 60% respectivamente, mientras que en el caso de EEUU se puede desgravar hasta el 100% de lo donado.

Tanto Jesús Cimarro como Josep Vicent coinciden en que es “imprescindible” y “fundamental” una reforma del sistema de mecenazgo español porque, entre otras cosas, “a los Ayuntamientos les tranquilizaría y se diversificaría la inversión”, como apostilla Cimarro.

Voces optimistas

Frente a este panorama desolador se alzan algunas voces que aseguran que la cultura, lejos de sufrir graves daños por la crisis económica, goza de un estupendo estado de salud. La ONU ha publicado recientemente un estudio técnico que asegura que los “productos creativos” se muestran inmunes ante la recesión y exhiben un ritmo de crecimiento envidiable para cualquier otro sector de la economía. Aún así conviene tener en cuenta que la industria creativa sobre la que se ha realizado el estudio también incluye sectores como los del videojuego y la televisión, industrias que continúan tirando de la economía.

Las dos visiones de la situación, el optimismo y el pesimismo culturales, convergen ahora en un mismo lugar: la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid, conocida como La Pecera. En esta meca cultural que, por cierto, ha visto reducido su presupuesto dos millones de euros en los últimos tres años, el artista Mateo Maté ha realizado una curiosa instalación. Le ha puesto un gotero y unos electrodos a la escultura El salto de Léucade de Moisés de Huerta (una escenificación del mito de la muerte de Safo), que controlan sus constantes vitales. La cultura en crisis: Unidad de Cuidados Intensivos es el título de esta instalación que ejemplifica el agónico y enfermizo momento que atraviesa el sector. Aún así, su creador, tiene muy clara su postura: “soy optimista, siguen saliendo proyectos”.

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