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OPINIÓN
LA CUESTIÓN ESCOLAR ,  José Penalva

Sobran jefes y faltan indios

BIOGRAFÍA

José Penalva es co-fundador del proyecto internacional de formación del profesorado Teacher Leadership. Ha publicado varios libros sobre la cuestión escolar y el sistema educativo, prestando atención particular a la figura del profesor, así como más de 50 artículos en revistas especializadas. Actualmente realiza su actividad profesional entre España e Inglaterra.

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José Penalva - 21/04/2010

Concluía el post anterior (Las claves de la cuestión escolar) señalando la necesidad de revisar el paradigma que sustenta nuestro sistema educativo (de la ahora llamada educación “primaria y secundaria”). Tres son los pilares básicos de tal paradigma: la teoría de la enseñanza, el papel que asigna al profesor y su modelo de escuela. Ahora bien, el pilar central del sistema educativo es la figura del profesor. A él prestamos atención en este escrito.

La deficiencia principal del modelo de profesor que instaura nuestro sistema educativo reside -a mi juicio- en su concepto pobre y reducido de actividad profesional. La característica central de tal modelo -se puede decir gráficamente- es la decapitación profesional del profesor: de él sólo interesan sus manos; la cabeza ya la ponen los pedagogos universitarios (esos expertos).

¿Quién fue el genio que diseñó tal modelo de actividad profesional? Pues las cabezas voladoras pensantes, los pedagogos universitarios, esos expertos. De ese modo introdujeron una estupenda grieta en la escuela: unos piensa, otros hacen; y los que piensan sobre la escuela y la práctica escolar no han pasado por la escuela (salvo en su período de escolarización); y los que trabajan dentro de la escuela se limitan a hacer lo que piensan las etéreas cabezas en sus despachos con aire acondicionado.

Esa ruptura en la actividad profesional del profesor ha dado lugar a lo que un destacado pedagogo inglés (J. Elliott) ha llamado “imperialismo” y “colonialismo” de la pedagogía

Así se entiende la falta de ajustamiento de las teorías educativas ante la realidad escolar. Tenemos, eso sí, muchas teorías pedagógicas idealistas, pero tan ideales y etéreas como ineficaces. Esa ruptura en la actividad profesional del profesor ha dado lugar a lo que un destacado pedagogo inglés (J. Elliott) ha llamado “imperialismo” y “colonialismo” de la pedagogía.

¿Alguien ha calculado cuánto cuesta a cada español mantener en conserva esta colonia de cabezas pedagógicas voladoras?

La coartada de la ciencia

“Nosotros somos expertos -homo peda-bobus dixit- y nos avala la ciencia, la investigación científica…” Pero, ¿es cierto que la investigación pedagógica dominante en nuestra universidad está avalada por la ciencia? Existen dudas más que razonables. La producción científica de la pedagogía dominante suele seguir los siguientes pasos:

i) Enuncia “conocimiento teórico” procedente de disciplinas tales como la Psicología, la Sociología, la Política, la Filosofía Moral, etc.

ii) Ese conocimiento teórico da como resultado, entre otros: la teoría de la enseñanza constructivista, la educación emocional, teorías sobre organización escolar, la educación para la ciudadanía, el concepto del igualitarismo, de comunidad ideal de diálogo, etc., etc., etc.

iii) Ese “conocimiento teórico” se transfiere -tal cual- a la escuela (a la práctica educativa) para que el profesor lo aplique en el aula.

Imaginemos por un momento que esas “teorías” son “teóricamente consistentes” (que es mucho imaginar: en otros escritos he mostrado que no lo son), y centrémonos en el “modelo de producción de conocimiento”: ¿cómo produce tal conocimiento la pedagogía universitaria dominante?

De entrada, observamos que el conocimiento pedagógico universitario dominante no distingue entre “investigación básica” e “investigación aplicada”. Sin embargo, la comunidad científica actual es clara al respecto: una cosa es la “investigación básica” (que trata sobre problemas cognitivos e intenta dar explicaciones a lo que la educación “es”), y otra cosa distinta es la “investigación aplicada” (que versa sobre resolución de problemas prácticos, esto es: produce conocimientos útiles y, a la vez, propone “cómo” se lleva a cabo en la práctica). Dicho de otro modo, el conocimiento relativo al “qué es” es de distinta naturaleza al conocimiento del “cómo se hace” (por ejemplo: podemos saber qué es la felicidad y, a la vez, tener dificultades para saber cómo alcanzarla; podemos saber bien qué es la igualdad, y ser ineficaces en su aplicación práctica, etc.).

El “conocimiento teórico” de la pedagogía (esto es, la teoría de la enseñanza construccionista, la teoría de la educación emocional…) es pura “investigación básica”. Ni se preocupa por problemas prácticos, ni propone “cómo” se produce la implementación práctica. (Por eso he dicho antes que las producen cabezas voladoras en un despacho con aire acondicionado). En sentido estricto, podemos decir que en el discurso de la pedagogía universitaria dominante existe un malentendido estructural, que consiste en considerar toda “ciencia social” como si fuera “ciencia aplicada”. No advierte que la metodología de ambas ciencias es distinta (una es la metodología que se usa para saber qué es algo, y otra la que se emplea para saber cómo se hace).

Legitimación de la guillotina y la nueva clase pensante

Una cosa es la teoría sobre la educación y otra cosa es la práctica docente en el aula

Basado en ese falso modelo de producción científica, se ha llevado a cabo la decapitación profesional del docente. La pedagogía universitaria dominante ha seccionado en dos la actividad docente (de maestros y profesores). Pero una cosa es la teoría sobre la educación y otra cosa es la práctica docente en el aula. Y, como recuerda el dicho: “el que parte reparte y se lleva la mejor parte”, de modo que la pedagogía universitaria se ha quedado con el marchamo de “expertos”; para el maestro y el profesor la “acción” profesional equivale a “práctica”. Esto es, en nuestro sistema educativo la actividad del profesor = docencia; y docencia = intervención individual, concreta y situada en el aula. Estrictamente hablando, el profesor no piensa la educación; como mucho, se admite que la capacidad reflexiva (ya técnica, ya de carácter moral) del profesor está referida a la “revisión de la práctica”.

La ciencia aparece como coartada de la decapitación profesional (desde la revolución francesa no faltan ideas para legitimar barbaries), y la estructura universitaria como legitimadora de la superioridad de las cabezas pedagógicas voladoras. Así, han proliferado los expertos de la pedagogía, los jefes de la tribu (jefes que primero hicieron su carrerita, luego cogieron su bequita, sirvieron sus cafelitos a los gurús de la tribu,… pero esa historia es harina de otro costal).

Hacia un marco alternativo en la profesión docente

Para superar las deficiencias del modelo de profesor vigente en este sistema educativo hay que plantear que la actividad del profesor tiene dos dimensiones esencialmente relacionadas:

a) dimensión práctica (intervenciones en el aula)

b) y dimensión cognitiva (conocimiento innovador y educativo)

La inclusión de ambas dimensiones (cognitiva y práctica) en la actividad profesional nos conduce a un concepto radicalmente distinto de profesionalidad. La actividad del profesor incluye dos facetas íntimamente relacionadas:

1. Acción práctica (esto es, la docencia)

2. Acción cognitiva (esto es, estudio e investigación)

Esto lo veremos en el próximo capítulo. No se marchen todavía: aún hay más.

POST ANTERIORES:

- La incapacidad de ofrecer un modelo educativo alternativo

- La argucia discursiva de Ángel Gabilondo

- Los exámenes son cosas de derechas

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 9 COMENTARIOS

9 .- Estoy totalmente de acuerdo con José Penalva, la división entre los “expertos” que piensan la educación y los profesores que la ejecutan es insostenible, José, esta trabajando mucho y muy bien respecto al sentido que debería tener la educación, comparto su visión no por suya sino por tener un sentido vital verdadero. Además es un excelente profesor, y una persona afectuosa.
Mario Andreo Osete

Osete

8 .- #4.-Advierta usted, Sr."Orejas Caravallo", que el autodeclarado pateador de diccionarios, no es el Sr.Zano, sino el Sr."quintoimperio".

Barrio del Carme

7 .- #1 A mí tampoco me gusta "implementar". No obstante, es correcta, según dice la RAE:
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=implementar

munruhig

6 .- #5
Google: "Too many chiefs y not enough Indians" Indica que, en una empresa, cuando hay demasiados jefes, no dejan hacer al trabajador, y es poco eficiente.

Orejas Caraballo

5 .- #1 diccionario RAE
implementar.
1. tr. Poner en funcionamiento, aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo.

En el contexto en el que lo usa el autor está perfectamente usado.

Estoy de acuerdo en general con todos los artículos del autor, con una puntualización, no considero que el paradigma a alcanzar sea el contrario del impuesto por la "pedagogía aúlica", sino más bien una vía intermedia entre el actual modelo y el tradicional. Al contrario que ambos modelos no considero que el punto central deba ser ni el alumno, ni el profesor, el punto central debe ser el conocimiento y la capacidad de transmitirlo y adquirirlo.

tampoco entiendo muy bien el título del artículo. creo que no ha sido elegido con mucho arte

mellao

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