POST ANTERIORES
Ferrán estaba nervioso y cariacontecido. El reloj marcaba las tres y diez de la tarde y la sala de prensa de Madrid Fusión era un hervidero. Adriá es transparente. Con verle la cara, los que hemos tenido la oportunidad de conocerle sabíamos que los rumores que habían circulado en las últimas semanas eran realidad. Algo trascendente iba a ocurrir.
Se podía intuir en la entrevista publicada por El Confidencial hace pocos días y este cronista lo evidenciaba en la introducción. En los últimos días no se hablaba de otra cosa en los círculos gastronómicos: que si iba a desarrollar modelo a la japonesa con una sola mesa al día, que si iba a tener un formato deslocalizado e itinerante por grandes ciudades del mundo, que si iba a suponer el cierre definitivo de El Bulli… Finalmente ha anunciado que el restaurante cerrará al público durante dos años.
Una decisión más importante de lo que parece
Entre ayer y hoy están corriendo ríos de tinta en todo el mundo al respecto de la decisión. Mucha gente lo considerará oportunismo mediático y otros verán la noticia como algo intrascendente. He tenido la oportunidad de vivir todo desde muy cerca, por lo que cuando me han solicitado exponer mis reflexiones de lo acontecido a vuela tecla, no lo he dudado. Desde mi punto de vista la noticia es de enorme envergadura. No nos olvidemos de que aunque la alta cocina es algo minoritario, Ferrán Adriá es una referencia creativa y un líder de opinión a nivel mundial, además de constituir la mayor influencia en la cocina del último siglo.
No se va a retirar a lo Robuchon. Contamos con el inigualable talento de Ferrán Adriá para una década más, no lo duden. Pero el genio catalán necesita parar la máquina para buscar nuevas motivaciones, nuevos lenguajes y “para buscar qué es lo que hay más allá”. Precisa detenerse para volver a encontrar nuevas formas de expresión y descubrir “el equilibrio entre lo real y lo posible”.
Debemos ser justos. El de Hospitalet es un genio verdadero que pertenece involuntariamente al establishment y por ello todas sus decisiones son tan mediáticas hoy en día. No fue así cuando Juli Soler (su socio) y él decidieron cerrar seis meses al año por los continuos ceros en el libro de reservas, o cuando optaron por cerrar en el turno de comida debido a los altos niveles de saturación en cocina.
Los que conocen al cocinero catalán de cerca saben que ha sido una decisión meditada mucho tiempo. Personas de su entorno más próximo me revelaban hace algún tiempo que Adriá les había confesado su idea de cerrar El Bulli en 2012, pero los compromisos lo impedían.
La incógnita que nadie sabe resolver
El cierre de 2012 y 2013 se puede abordar como un mero periodo sabático. También de trabajo e investigación. Mi opinión va más allá. Creo que se cierra un ciclo. Va a existir un antes y un después de El Bulli (y en la propia evolución del modelo de alta gastronomía) tras lo acontecido ayer. Afortunadamente no es una decisión sustentada en el cansancio y la fatiga creativa. Es una determinación que tiene en cuenta veinticinco años de durísimo trabajo, el sacrificio diario por parte de las familias implicadas, un abundante desgaste a nivel conceptual y sobre todo, el afán de superación. Ferrán lo dejaba claro en su anuncio: “Es imposible seguir con el frenético ritmo creativo de El Bulli”.
Su vuelta se producirá seguramente en 2014. ¿El formato y el medio para financiarlo? No lo sabe ni el propio Ferrán, aunque intuyo destinos que les iré exponiendo en lo sucesivo. Lo que sí es seguro es que el escenario de la nueva etapa será Cala Montjoi (Roses, Gerona), el lugar donde se ubica desde los años sesenta el restaurante más famoso y codiciado del mundo. Ahora se abre el debate entre aficionados y periodistas sobre qué es lo que pasará durante esos dos años de reflexión y qué ocurrirá después, tras el retorno.
Una cosa les aseguro, amigos: Ferrán Adriá volverá a revolucionar los conceptos de la cocina moderna como lo ha hecho en el último cuarto de siglo. Pero para ello necesitará distancia, introspección, descanso, reflexión y tiempo. Sólo desde ese estado y desde ese momento vislumbrará los caminos para el nuevo amanecer en Cala Montjoi.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
62 COMENTARIOS
62 .- Pues yo me abono a la tesis de que más de un "chaleco" está que tiembla. Chaleco era el peluquero que afeitaba a mi padre, me pelaba a mí y al tocapelotas del primogénito, lo que más destacaba de este barbero era el hambre y el frío que pasaban en su casa, la mala leche que se gastaba con su familia y lo pelota que era con mi abuela Josefa que le cobraba el alquilerv y a mi padre que tenía escasa influencia pero ejercía. Un pobre miserable Chaleco [sus hijas recuerdo estaban mollares, yo tendría 5 ó 6 años, pero entendía, no como el primogénito que siempre ha entendido poco y ha palpado aún menos]
61 .- Pues yo me abono a la tesis de que El Bulli no es rentable [Adriá dixit]y ha optado por una salida inteligente. Este tío, Ferrán Adriá, es un lince y cuando ha visto las barbas de su vecino desconstruída no ha dejado ni el margen de un bigote de gamba para que le pongan las suyas a remojar. Este tío vendiendo humo le da 20 vueltas a Steve Jobs.
60 .- #59 Si, soy cordobesa de los pies a la cabeza.Saludos paisano.
59 .- #58
¿Usted es un paisano cordobés, por un casual? :]
58 .- #56 Pues mira te hago yo una liebre en salsa, un salmorejo cordobes y unos flamenquines, que en nada tienen que envidiar a esos platos que aludes.Sin olvidar el guiso de rabo de toro. ¡Una delicia!.
"El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga alguien para compartirlo".
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(*) La foto que ilustra Cuaderno Matoses corresponde al sistema de poleas creado por Bittor Arginzoniz para su restaurante, Etxebarri.