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OPINIÓN
CON LUPA ,  Jesús Cacho

La década perdida

Jesús Cacho - 02/01/2011

Es un espectáculo que empieza a resultar habitual en cualquiera de los infinitos bares que pueblan la geografía española a la hora de los informativos de tele: basta con que en pantalla aparezca la coreografía gestual de nuestro bien amado José Luis Rodriguez Zapatero largando alguna de sus frases gaseosas para que, como si de un acto reflejo se tratara, la gente a pie de barra empiece a murmurar, y el murmullo adquiera pronto aires de protesta y la protesta gane enteros para convertirse en abucheo general salpimentado con más o menos irreproducibles insultos, momento en el cual el dueño del bar toma el mando a distancia y cambia de canal. ¿Cómo hemos podido llegar a “esto”? ¿Qué han hecho los españoles para merecer tal castigo? ¿Qué ha hecho él para soliviantar a tantos con tan poco?

Tal vez sea pertinente recordar aquí una frase del prólogo redactado por él mismo (cabe suponer que en 2001 todavía no tenía “negro” a su servicio) al libro escrito por su ex ministro y ex amigo Jordi Sevilla, titulado “De Nuevo Socialismo” (Editorial Crítica, Barcelona 2002). Esto escribía entonces el señor Rodríguez: "Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica (...) Si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas".

He ahí, comprimido, el pensamiento del personaje. No hay principios, ni valores, ni argumentos racionales. No hay ideología ni fundamentos morales que valgan. Mucho menos una idea de España (“concepto discutido y discutible”), ni del otrora llamado patriotismo constitucional. No hay Historia. Todo está abierto en canal. El Presidente nos revela en ese prólogo que la base metodológica de su toma de decisiones es lo que alguien denominó la “epistemología de la tertulia”, y que el fundamento ético de su gestión se basa en eso que los anglosajones llaman el brain storming. Todo se reduce, pues, a sentarse en torno a una mesa camilla y empezar a hablar. Y a ver qué sale. Y lo que ha salido en los últimos siete años han sido llamadas desesperadas y de última hora para arreglar los problemas “como sea”.

Todo se reduce a sentarse en torno a una mesa camilla y empezar a hablar. Y a ver qué sale. Y lo que ha salido en los últimos siete años han sido llamadas desesperadas y de última hora para arreglar los problemas 'como sea'

Los españoles hemos tardado años en descubrir lo que el tipo escondía tras la máscara de su seductora sonrisa. Con las  variantes de rigor, hoy existe un cierto consenso a la hora de calificar como inclasificable a un tipo que a su escasa  preparación intelectual y nula experiencia como gestor para el desempeño del cargo une un relativismo, una ausencia de valores morales apabullante, carencias que suple con una frivolidad, un desparpajo y una osadía sin límites, algo que le permite encararse todas las mañanas con el espejo para renovar la fe en sí mismo como el personaje más importante que ha pasado por la historia de España en los últimos 50 años, los que el tipo luce en el pelo. Un aventado, o simplemente un caradura desprovisto de cualquier sentimiento de culpa. Un fatuo sin sentido del ridículo. En todo caso un producto del marketing político, un tipo, eso sí, con la inteligencia emocional suficiente para conectar con parte importante de una sociedad, la española, convertida en su vivo retrato: una sociedad reñida con el principio de la responsabilidad individual, liviana en lo moral, alérgica al esfuerzo, enemiga del sacrificio, acomodaticia, sedada. Sociedad del “buen rollito” que rechaza de plano los problemas, porque solo le preocupa su bienestar a corto plazo. La sociedad de Belén Esteban.

Un mal gobernante camuflado tras una sonrisa

Hace ya cinco años, nada menos que en enero de 2006, escribí en este diario que “la causa principal del clima de desasosiego e incertidumbre que, a pesar de ese casi 3,5% de crecimiento de la economía durante el 2005, invade a millones de españoles, se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Así están las cosas. El presidente del Gobierno de España se ha convertido en el primer problema español al inicio de este decisivo 2006”. No sabía uno bien lo que se nos venía encima. Sobrado del rancio sectarismo propio de una izquierda de la que ya no queda rastro en Europa y ayuno del más elemental sentido común, el personaje ha dinamitado –Ley de Memoria Histórica y nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña- en estos años los dos pilares sobre los que se fundamentó la Transición: el afán de reconciliación que aunó a los españoles a la muerte de Franco, con deseo de pasar página en ambos bandos sobre los excesos cometidos, y el Estado autonómico salido de una Constitución que, reconociendo la España plural, enfatizaba la unidad de la Nación y residenciaba la soberanía en el conjunto del pueblo español.

Si los destrozos en el orden interior son evidentes, no lo son menos en lo que a la imagen de España en el exterior respecta. Nuestro país es hoy el convidado de piedra no solo en la gran política internacional, sino en la Unión Europea. “Han tardado seis años en descubrir que detrás de su sonrisa solo había un mal gobernante”, aseguraba France-Soir en marzo de este año, “pero los principales líderes europeos ya conocen al presidente español, al que ignoran y consideran un político dañino para España y para Europa”. Con ser todo ello doloroso, en modo alguno la situación hubiera alcanzado el grado de dramatismo al que, al doblar la esquina de la primera década del siglo, hemos llegado, de no haber sido por la crisis económica.

Las dos legislaturas Zapatero, en efecto, quedarán marcadas por la peor crisis económica sufrida por España desde 1947 y por la pérdida de todas las ganancias de convergencia real –renta, riqueza y empleo- logradas desde el inicio del ciclo expansivo en 1996 y hasta el 2007. La década perdida. Lo peor, con todo, es que el perfil cíclico de nuestra Economía es en L, que no en V, es decir, nos enfrentamos a una contracción de la actividad seguida de un proceso de estancamiento con tasas de crecimiento de entre el 0,5% y el 1,5% durante un periodo de tiempo muy dilatado. Al endeudamiento de familias y empresas une España un descomunal déficit público, dos desequilibrios que, en un escenario de recesión, primero, y de bajo crecimiento, después, ponen en cuestión la capacidad de nuestra economía para atender los vencimientos de su deuda. La sombra del default, que a punto estuvo de hacerse realidad en el dramático fin de semana del 7 y 8 de mayo pasados, podría, por eso, volver a presentarse a lo largo del primer trimestre de 2011, llevándose por delante, entonces sí, los restos del gran naufragio español.  

La responsabilidad histórica del Partido Socialista            

Es ya un lugar común afirmar que la crisis de caballo que padecemos ha llegado para España en el peor momento posible, con la clase política más mediocre de las últimas décadas y en la fase final de agotamiento del sistema salido de la Transición. Nos hallamos, en efecto, ante una crisis sistémica, crisis de un modelo –donde lo económico es apenas su parte más visible- que se halla en el umbral de un apagón de consecuencias imprevisibles a menos que se aborde con decisión una reforma de la Constitución del 78 que cada día más españoles reclaman y ante la que nuestros políticos hacen oídos sordos. Desde esta perspectiva, cargar todas las culpas de la situación en el pasivo de Zapatero no solo sería falso, sino, además, deshonesto. El drama español ha consistido en contar con el peor Presidente posible en el momento en que necesitaba el mejor imaginable. El peor Gobierno para hacer frente a la coyuntura histórica más exigente. 

Así las cosas, las consecuencias de los atentados del 11 de marzo de 2004 han ido adquiriendo con el paso de los años más y más relevancia, porque, inducidos por aquella tragedia, una minoría mayoritaria de españoles decidió poner el Gobierno de la nación en manos de un individuo claramente incapacitado para la importancia del reto. El resultado de aquel error, reiterado cuatro años más tarde, está llamado a tener consecuencias muy dolorosas para el nivel de vida de los españoles y para la propia idea de España como nación. Al inicio de 2011 y cuando en teoría aún restan 15 meses de Gobierno Zapatero, España es un país exhausto, que se adentra en el cuarto año consecutivo de crisis con el drama a cuestas de casi cinco millones de parados y al límite en lo que a pesimismo y desánimo colectivo se refiere. Un país donde solo es posible encontrar un empleo si se cuenta con el enchufe adecuado, como en las peores épocas de nuestra Historia. Un país incapaz de procurar un futuro de esperanza a sus generaciones jóvenes. Un no-país.

Y, sin embargo, un país que cuenta con investigadores de la máxima categoría, con arquitectos de gran prestigio, con médicos de nivel mundial, con deportistas, ingenieros, economistas, con profesionales, en fin, capaces, en sus distintas categorías, de medirse con ventaja con los de cualquier latitud. Un país que reclama a gritos un liderazgo creíble con nervio bastante para movilizar conciencias, inspirar entusiasmo y ofrecer esperanza. La simple llegada de un Gobierno de nuevo cuño sería motivo suficiente para, con apenas cuatro retoques, revertir la situación económica –solo la económica; lo “otro” son palabras mayores- en seis meses. Se trata de un problema de confianza. De ahí la responsabilidad que ante la sociedad española contraerá el Partido Socialista si opta por mantener en el poder a un político amortizado, un zombi, durante otros 15 meses que solo servirán para profundizar la herida, agravando el daño infligido a España y a los españoles. Es hora de que hablen los ciudadanos. Hora también de olvidarse de operaciones extrañas, estilo Rubalcaba (“Lo sé todo de todos”), que, de materializarse, vendrían a suponer la puntilla definitiva al régimen de libertades. Feliz año, a pesar de todo.   

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 351 COMENTARIOS

351 .-
El problema es bien sinple se llama SOCIALISMO mientras este pais no se scuda esa lacra ,sera lo mismo PARO Y CORRUPCION

Rolania

09/01/2011, 19:12 h.

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350 .- [...sigue de #349]

También es usted quien más adelante en #329 vuelve a la carga con sus insultos y me emplaza a que me documente "mejor"...

Mire, todos hemos vivido en éste país en los últimos años, y sabemos lo que ha pasado. Como veo que usted no lo tiene tan claro [o se ha fabricado una realidad a su medida] es tan sencillo como mirar en Wikipedia:

Burbuja inmobiliaria en España

Encontrará gráficas de la evolución del sector, y de los precios de la vivienda en éstos años.

Por último, dice usted en #348:
Y ahora trabajo en la administración del estado...donde le debo a ud y los suyos el recorte que han hecho de mi sueldo.

Pues mire, "los míos" no son ningunos porque llevo 24 años sin votar. Estoy en contra de que le bajen a usted y a cualquiera su sueldo y me parecen justas y legítimas todas las medidas de protestas y reivindicaciones que ustedes hagan...Y otro caería en la respuesta fácil de decirle que en lugar de deberle yo a usted algo, quizá sea usted el que me deba a mí su sueldo, pues cobra de mis impuestos...Pero no soy de esos abonados al insulto al chivo expiatorio

500

05/01/2011, 16:01 h.

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349 .- #348

Si vuelve a leer mi post, comprobará que hablo de "los últimos quince años" [que para ser más exactos son alguo más]: a 2010 réstele 15, y obtendrá 1995, año en que gobernaba Felipe González.

La referencia al sector de la construcción no es ningún ejercicio demagógico: vea usted cualquier estadística al respecto, y comprobará que bastante más del 50% del paro que tenemos, se concentra en el sector de la construcción e inmobliario, y servicios asociados [aunque francamente no hace falta consultar ninguna estadística: se vé en la calle]. De los dos millones y pico en los que se ha incrementado el paro desde el comienzo, un millón son solo del sector de la construcción.

Otra cuestión: le diré que mi lista de oficios diversos es más amplia que la suya, y que en éstos momentos estoy trabajando de delineante mecánico en la misma empresa en la que trabajaba y volveré a trabajar de tornero [polivalente que es uno].

Por último: yo no voy por ahí pretendiendo dar lecciones a nadie. Fué usted quién irrumpió en el post #315 [origen de éste diálogo] soltando demagogia e insultos, llamando zoquetes y analfabetos a media España solo porque no habían votado lo que a usted le gusta.

500

05/01/2011, 15:46 h.

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348 .- #341 Y sabe ud que el gobierno que creó estos contratos temporales fue el de Felipe Gonzalez ? Una vez más los socialistas de Puerto Hurraco destruyéndolo todo y en especial las condiciones y ventajas sociales de los trabajadores.

Si me referí a la construcción fue porque ud se refirió demgógicamente a ella.

Mire ud, a mí no me de lecciones que no sean las de manejar el torno, que creo que es lo suyo, aparte de ciberpepiñear
No solo he trabajado en una fábrica, sino en en varias sucursales de una caja de ahorros , en dos ingenierías, en un laboratorio de control de calidad y además bastantes años a pie de obra.
Y ahora trabajo en la administración del estado...donde le debo a ud y los suyos el recorte que han hecho de mi sueldo.

CANTIMPLORO

04/01/2011, 11:18 h.

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347 .- continuación: ‘insulso y vacuo’, embriagado con un resentimiento que le lleva de bruces a practicar un sectarismo enfermizo.
Primero fue Gustavo Bueno y luego José García Abad, los que desde fuera del aparataje político han descrito y diseccionado ‘la esencia del chico’.
Sus naderías le lleva a hacer silogismos pachangosos con las palabras, retorciendo su etimología, y así…. le luce el pelo.
De todas formas y maneras esta sociedad civil inexistente tiene un aguante excesivo. La puedes machacar y no pasa nada. Los políticos lo saben, y por eso solo tienen que desconectar a los posibles aglutinadores y concentradores del malestar social, verbigracia: los sindicatos. ZP trabaja para las lumiescas, con lo ‘mejorcito de la sociedad’.
Es curioso que con tanto periodista ocioso en este país, ninguno haya tomado la iniciativa de leerse el BOE y los Boletines Oficiales de las 17 Comunidades Autónomas desde Junio de 2004 hasta ahora.
Es escandalosa la cifra de dádivas, cesiones, incentivos y ayudas a la formación que han recibido estos pollos y la patronal.
Ahí está el secreto.
Espera que entre el PP, y si encima, se atreve a regular estos abusos, la sangre por desgracia está servida.

Libertad y Fraternidad, mucha fraternidad.
¡Feliz 2011!

ferran1950

03/01/2011, 19:53 h.

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