un contrato de 260 millones de euros

Indra y Prisa acaban en los tribunales por un contrato de 260 millones de euros

Indra y Prisa firmaron en 2009 la externalización de los servicios informáticos del grupo de medios, un contrato millonario que ha terminado en los tribunales a menos de un año de su finalización

Foto: El presidente del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián. (EFE)
El presidente del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián. (EFE)

Julio de 2016. Los problemas entre Indra y el Grupo Prisa llegan a los tribunales. Todo después de que el gigante tecnológico estuviera a punto de cortar el servicio informático que estaba prestando a la editora de 'El País'. Solo la concesión por la Justicia de medidas cautelares impidió que la situación, en palabras de un directivo de la compañía de los Polanco, se convirtiera en "un problema grave" para el grupo de comunicación.

El contencioso entre ambas compañías está claramente relatado en el informe de gestión que acompaña a las cuentas anuales de Prisa correspondientes al año pasado, remitidas recientemente a la CNMV. La historia, de largo aliento, parte de un contrato valorado en 260 millones de euros por servicios tecnológicos firmado en diciembre de 2009. Con Prisa inmersa en graves problemas económicos, los pagos anuales pactados entonces fueron reformulados dos años después, cuando surgieron los primeros imprevistos.

La firma del contrato, valorado en 260 millones de euros, convirtió a Indra en el socio tecnológico a nivel mundial de la compañía de medios

“Durante el ejercicio 2011, se han producido cambios en el alcance del proyecto y se han modificado determinados criterios en la facturación de los servicios, pasando de un modelo lineal financiado a un modelo por consumos”, señaló por entonces Prisa. Fácil de entender para buen entendedor. En la práctica, este cambio repercutió en la facturación del contrato. Hasta ese momento, la compañía de medios tenía previsto pagar a Indra casi 215 millones para los años 2012 y siguientes. Tras este cambio, la retribución total restante menguó hasta los 182,3 millones.

Fuentes próximas a Indra explican que, dada la complicada situación financiera de Prisa, la tecnológica accedió a rebajar el importe anual del contrato a cambio de extender la duración del mismo. Aunque esa rebaja se llevó a cabo de forma inmediata, el choque se produjo en el momento de ejecutar la extensión del contrato, algo que Prisa no quiso hacer, precisan esas mismas fuentes.

Ya a mediados de 2016, con la imposibilidad de ejecutar la citada ampliación, Indra pidió resolver el acuerdo mercantil. La compañía de medios, por su parte, acudió a un juzgado de Madrid para que se declarase ilícita la “resolución extrajudicial” del contrato. Un frente judicial que sigue abierto.

Aunque El Confidencial se ha puesto en contacto con Prisa para ampliar su posición sobre este asunto, desde el grupo de medios han declinado hacer ningún comentario y se remiten a la información enviada a la CNMV.

Un contrato grueso

La firma del contrato, valorado en 260 millones, convirtió a Indra en el socio tecnológico a nivel mundial de la empresa. “El contrato, con una vigencia de siete años, contempla la gestión y operación de la función de Tecnologías de la Información de las áreas de Edición, Prensa, Radio y Audiovisual del Grupo Prisa en España, Portugal y en los más de 20 países de Latinoamérica en los que está presente”, anunciaron por entonces. Casi nada.

Por entonces, ambas compañías pusieron de relieve la relación que mantienen desde hace años, tras haber trabajado juntas en proyectos como la puesta en marcha de las versiones digitales de 'El País' y 'Cinco Días', entre otros. Unos lazos que se estrecharon todavía más en 2011, cuando Ignacio Santillana, a la sazón responsable del plan estratégico del grupo Prisa, fue propuesto como consejero independiente de Indra, cargo en el que se mantiene hasta la fecha.

Para hacerse una idea de la relevancia del contrato, basta con echar un vistazo al apartado de riesgos del último informe anual. “En la medida en que esta prestación de servicios no continuara o se transfiriera a un nuevo proveedor, las operaciones del Grupo podrían verse afectadas”, reconoce Prisa, inmersa en un proceso de venta de activos para acometer los vencimientos pendientes de cara a 2018.

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