LOS CANALES SIN LICENCIA PROLIFERAN SIN CONTROL ANTE LA DEJACIÓN DE LAS AUTORIDADES

El esplendor de la TDT-basura

La introducción de la TDT en España debía haber propiciado una revolución en el panorama audiovisual nacional. Así fue como el ex ministro de Industria Miguel
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El esplendor de la TDT-basura
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    La introducción de la TDT en España debía haber propiciado una revolución en el panorama audiovisual nacional. Así fue como el ex ministro de Industria Miguel Sebastián defendió el proceso de transición de las emisiones tradicionales a las digitales que se produjo durante su mandato. Pero poco más de dos años después del apagón analógico, en abril de 2010, basta con encenderla para comprobar que la transformación televisiva ha sido un completo fracaso.

    En estos momentos, el espectro radioeléctrico está copado por programas de tarot, concursos absurdos y emisiones pornográficas con teléfono caliente que no respetan el horario infantil ni las más elementales reglas del buen gusto. Además, muchos de los canales que resultaron adjudicatarios de una licencia han dejado de emitir, transmiten contenido basura o han alquilado su señal a otra empresa que la utiliza de forma fraudulenta. Y cada vez más cadenas se están lanzando a ocupar frecuencias pese a no tener la autorización administrativa necesaria. La única revolución que ha provocado la TDT ha sido el ensanchamiento de las cloacas de la televisión española. Y los efectos comienzan a colapsar el olfato de los espectadores.

    Se calcula que en estos momentos emiten en todo el territorio nacional más de 300 canales de televisión pirata, y la cifra se incrementa todos los meses. “Algunas autoridades pensaron que el cambio tecnológico acabaría con las emisiones sin licencia, que se expulsaría a las empresas ilegales del sector. Pero ese argumento se ha demostrado falaz en muy poco tiempo”, denuncia Eladio Gutiérrez, consultor audiovisual de la firma EGM y ex presidente de la empresa pública Impulsa TDT, que se encargó de coordinar la transición al modelo digital. “En este momento, España tiene un grado de ilegalidad en su mercado audiovisual que no tiene parangón en ningún otro país de Europa. Ni en Reino Unido, ni en Francia, ni en Italia, ni en Alemania. Por supuesto, la comparación con Noruega o Suecia es ya sonrojante”, apuntilla Gutiérrez.

    Más barato, más sencillo

    Efectivamente, la nueva tecnología sólo ha facilitado la invasión del espacio radioeléctrico, en lugar de dificultarlo. La TDT sólo requiere una cuarta parte de la potencia que exigía el sistema analógico. Los precios de los aparatos necesarios para radiar, además, son mucho más bajos. Cualquiera que tenga 8.000 euros puede comenzar a transmitir desde su casa. Por ese precio se pueden encontrar equipos de 5KW de potencia, suficientes para cubrir un barrio de 10.000 habitantes sin tener que contratar repetidores de señal. La otra gran ventaja de la TDT es que a través de la misma frecuencia se pueden hacer llegar a los hogares cuatro o seis canales a la vez (múltiplex), sin que eso repercuta en ningún gasto adicional. OMB, una empresa de La Muela (Zaragoza) dedicada a la fabricación y venta de equipos de emisión de TDT, comercializó sólo el año pasado casi un centenar de estos instrumentos. Y cada uno de ellos genera uno o más canales nuevos. 

    La facilidad para emitir y la rentabilidad que obtienen los contenidos basura han provocado el florecimiento de las estaciones pirata. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, alrededor del 50% de los canales que emite lo hace sin licencia. El resultado es una televisión saturada de espacios de quiromancia, tarot y otros formatos de adivinación, ridículos concursos con  regalos que nunca llegan y programas de contenidos pornográficos que, al final, sólo tienen cómo misión sustraer el dinero de los televidentes más incautos. Incluso canales que consiguieron una licencia administrativa en su día para difundir programas informativos o de ocio han renunciado a estos espacios para pasar a ofrecer únicamente contenidos basura. En el mejor de los casos sólo emiten, en un bucle perpetuo, programas de teletienda. En un tiempo récord, la TDT se ha convertido en una máquina tragaperras sin descanso.

    “Si en una televisión que funciona legalmente este tipo de contenidos ya es condenable, lo es mucho más en cadenas que ni siquiera cuentan con licencia, obviamente”, argumenta Mariano González, portavoz de la Asociación de Telespectadores y Radioyente (ATR), una organización que viene denunciando la proliferación de este tipo de programas. “No sólo son contenidos de mal gusto, es que además no se ajustan a la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que prohíbe expresamente ofrecer este tipo de espacios en la franja que va de las 6 horas a las 22 horas para proteger a los menores, algo que se infringe de forma flagrante”, subraya el representante de ATR.

    Dejación de las competencias públicas

    Mariano González revela que han denunciado a las autoridades en multitud de ocasiones el incumplimiento masivo de la ley. “Nos responden que es casi imposible hacer nada. Que no tienen medios para hacer frente a esta plaga de canales”. Y la falta de respuesta de la administración sólo alimenta la aparición de nuevas cadenas. En 2010, la mayoría de las frecuencias que emitían sin licencia en analógico dejó automáticamente de transmitir por miedo a las sanciones. Pero a lo largo de 2011, tras 12 meses a la expectativa en los que no hubo actuaciones contra los primeros canales que se arriesgaron a pisar por primera vez el terreno por entonces virgen de la TDT, se produjo una avalancha de nuevas cadenas que no da muestras de agotamiento.

    Las competencias de vigilancia del espectro radioeléctrico recaen en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio y en las comunidades autónomas, pero ningún organismo quiere asumir sus responsabilidades. Tanto el Ministerio como la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid rechazaron, pese a ser requeridos insistentemente, responder a las preguntas de El Confidencial.

    Eladio Gutiérrez lamenta que las administraciones se decanten por el silencio. “Es lógico que al ciudadano le sorprenda la cantidad de canales de contenido cuestionable e incluso intolerable que ofrece en la actualidad la televisión”, afirma. Y critica la “dejación histórica en materia de telecomunicaciones que se ha producido siempre en España”. “Las autoridades no han sido diligentes, probablemente, por la falta de una legislación adecuada, pero sobre todo, porque ningún político quiere ser el malo de esta película y dar el paso de cerrar una cadena. Además, hay muchos intereses en el sector y a veces a los partidos no les interesa ir contra algunos de estos empresarios audiovisuales”, asegura.

    Para Javier Aragonés, socio del bufete madrileño Menta Abogados, especializado en el sector audiovisual, “la legislación actual detalla con precisión las sanciones que merecen las emisiones pirata”. La más grave es el cierre, pero raras veces se decreta. “La realidad es que, aunque eso sea lo que dice la ley, apenas se persiguen estas emisiones. Y cuando se hace, es siempre porque ha habido una denuncia previa, por lo general, de alguien a quien le está afectando directamente la señal fraudulenta. Es muy raro que la administración inicie una investigación de oficio en estos momentos, porque no tiene medios suficientes para hacerlo”, afirma Aragonés, apuntando otro motivo que podría explicar la paralización institucional. “Si nadie los denuncia, los canales piratas seguirán emitiendo. Seguro”.

    En la misma situación se encuentra la vigilancia de los contenidos que emiten los canales con licencia o del uso que hacen de ésta empresas que resultaron adjudicatarias. La legislación dice que las licencias pueden revocarse si los propietarios no cumplen las condiciones con las que resultaron vencedores de los concursos, pero en la práctica, aún no se ha tomado ninguna decisión de este tipo, pese a las numerosas infracciones que se dan cada día a lo largo del territorio nacional. Aragonés mantiene que la administración “no da abasto” para vigilar el cumplimiento de la legalidad, pese a que la norma haya sido aprobada en el Congreso hace sólo dos años.

    Los reyes del negocio

    Con todo, el mayor problema se encuentra en el terreno de los canales ilegales. La dejación de las competencias de control está siendo explotada por una parte del sector para obtener grandes beneficios. Uno de los mayores canales de tarot que opera en España es Astro Canal, una empresa de origen español que hace unos meses fue adquirida por la multinacional germana Adviqo. En Alemania, la firma mantiene una apariencia de empresa seria, centrada principalmente en el sector de servicios de comunicaciones. No menciona su presencia en el mercado televisivo español a través de canales pirata, ni tampoco que su especialidad es echar las cartas al personal. En la actualidad, Astro Canal sólo tiene dos licencias en Canarias. En el resto del territorio, sus adivinadores actúan 24 horas al día, de lunes a domingo, sin cobertura legal.

    En el Registro Mercantil figura como presidente de Adviqo Telelinea, la propietaria de Astro Canal, el alemán Tim Schiffers. Completan su Consejo de Administración otros tres directivos germanos y dos socios locales. Según sus cuentas de 2010, las últimas presentadas en el Registro, la empresa tenía 46 empleados en ese ejercicio, pero ese año sólo facturó, curiosamente, 8.574 euros. Sin embargo, otra empresa asociada al grupo, reconoció ese mismo año unos beneficios cercanos a los tres millones de euros procedentes, presuntamente, de las llamadas de tarificación especial que generan sus programas de tarot. Los portavoces de la empresa, en sus oficinas centrales de la lujosa calle madrileña de Serrano, rehusaron también valorar esta información cuando fueron consultados por este diario.

    Javier Aragonés, socio de Menta Abogados, detalla que es habitual en este tipo de canales “utilizar distintas sociedades para evitar que se pueda encontrar una conexión entre las facturas por las llamadas de coste especial y las emisiones de televisión”. “Se supone que la empresa no puede tener un canal porque no tiene licencia, por lo que tampoco podría obtener esos beneficios derivados de esas emisiones”, prosigue. “Con sociedades interpuestas, se camufla el vínculo entre el beneficio y los canales de televisión”

    Otro de los grandes propietarios de canales pirata es Randenthein Investments. Sus estaciones, repartidas por casi todas comunidades autónomas, también difunden exclusivamente programas de tarot, un formato que sólo requiere a un embaucador sentado delante de una mesa. Ni siquiera es necesario un operador de cámara. Las ganancias, sin embargo, pueden ser millonarias. Según las cuentas presentadas por Randenthein al Registro Mercantil, esta empresa, que tiene como administrador único a un desconocido Ricardo Inglés Muñoz, facturó en 2011 más de 1,1 millones de euros, un dato que evidencia el lucrativo negocio que se esconde tras este tipo de programación.

    Predicadores evangelistas y musulmanes iraníes

    La TDT le ha hecho un hueco incluso a los canales de telepredicadores, comunes en Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, pero hasta hace poco completamente desconocidos en España. En los últimos meses ha comenzado a difundir su señal TBN (Trinity Broadcasting Network), una cadena evangelista dedicada a pregonar la palabra de Dios. No sólo lo hace sin la licencia necesaria, sino que además sus programas sólo sirven para engrosar las cuentas de sus dos propietarios, un matrimonio septuagenario estadounidense, Paul y Janice Crouch, que ha creado todo un imperio empresarial a partir de la emisión de programas religiosos. Sus activos incluyen mansiones, residenciales inmobiliarios, iglesias, medios de comunicación y hasta un parque temático en Florida que recrea, según sus dueños, “la experiencia de la Tierra Santa”. Los expertos no se ponen de acuerdo en cifrar el patrimonio de los Crouch pero se estima que podría superar los 350 millones de euros. Ahora tienen una franquicia en España con la que intentan agrandar esa cifra.

    A Eladio Gutiérrez le sorprende aún más la llegada a España de otra cadena, Hispan TV, propiedad del Gobierno iraní. En los receptores más modernos ni siquiera hace falta una resintonización para poder verla. De momento, sólo radia en algunas demarcaciones. “No parece que tengamos nada en común con el Gobierno de Irán y, sin embargo, se ha permitido que un canal esté presente en nuestro país”, afirma este experto audiovisual, escandalizado por este último acontecimiento. “Nos hemos convertido en la puerta de entrada en la UE de canales como este. Cómo puede ser que en estos momentos se pueda ver un canal como Hispan TV, que es pura propaganda de Irán, sin ningún tipo de control”, se pregunta. “Es absolutamente increíble”.

    La pelota está en el tejado de las administraciones pero, mientras éstas se deciden a actuar, aumenta por momentos de tamaño. La modernidad y calidad que debía traer la TDT se ha quedado, al menos por ahora, en una retahíla de canales friquis que estafan al telespectador. 

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