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CINE

Parábola del pequeño nazi

Parábola del pequeño nazi

@Nacho Gay - 14/01/2010

LA CINTA BLANCA


Dirección y guión: Michael Haneke.
Fotografía: Christian Berger (B&W).
Música: Varios.
Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Tukur, Burghart Klaußner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Steffi Kühnert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz.
Web oficial

De pequeños, vuestra madre a veces os ataba una cinta al brazo o en el pelo. El color blanco debía recordaros, después de cometer una falta, la inocencia y la pureza. Yo creía que a vuestra edad, la virtud y la rectitud habrían llenado vuestros corazones, lo suficiente para dispensaros de estos recordatorios. Pero estaba equivocado. Mañana, después de que os purifiquéis mediante el castigo, vuestra madre os atará una cinta blanca que llevaréis hasta que vuestro comportamiento nos permita volver a confiar en vosotros.

 

Los dos hijos del pastor protestante de la aldea -Alemania, albores del siglo XX- escuchan con atención el recio discurso de su padre. Un día más tarde, ambos recibirán su prometido merecido. Como espectadores del relato, a medio camino entre lo fantástico y lo fantasmagórico, veremos la vara con la que el pastor les muele las espaldas. También oiremos los gemidos de los pequeños, eco del horror, que resuena con fuerza al otro lado de la puerta. No veremos, sin embargo, el acto en sí. La cinta blanca disecciona con ambición quirúrgica la génesis de la violencia pero, salvo alguna excepción muy concreta, prefiere no mostrarla. Muy por el contrario, ésta se expone -y se intuye en todo momento- fuera de campo.

 

En realidad, gran parte de lo que narra esta película, lo refiere fuera de foco. Michael Haneke elabora, en riguroso blanco y negro, una fábula brutal sobre el origen del nazismo alemán, mediante la narración de los extraños incidentes que ocurrieron, a principios del XX, en una pequeña aldea de la Alemania protestante. Cuando en el plano final de la cinta, soberbio, el orden se instaura de nuevo en el microcosmos examinado, tras la puerta de la pequeña iglesia en la que se van acomodando los diferentes personajes que pueblan el relato, resuenan con fuerza, aunque no se escuchen, los cañonazos de la Primera Guerra Mundial, haciendo de nuevo hincapié en aquello que Haneke niega a nuestros ojos.

 

La violencia engendra violencia

 

No es la primera vez que el director alemán elabora en una de sus películas una parábola sociopolítica –aquí también histórica- sobre la violencia. De hecho, toda su filmografía gira en torno a esa misma obsesión. Fanny Games (1997, 2007), La Pianista (2001), El tiempo del lobo (2003) o Caché (2005) son sólo algunos ejemplos de lo expuesto dentro de su obra, siempre polémica, reivindicativa y crítica. En ocasiones también didáctica.

 

Quizá una de los mayores logros del director austriaco haya sido desprenderse en cierto sentido de ese didactismo de corte filosófico en La cinta blanca. De entrada, la existencia de un narrador omnisciente, el maestro del pueblo, aleja a Haneke de la autoría del discurso. Más si cabe si tenemos en cuenta las primeras palabras de ese narrador, quizá no tan omnisciente al fin y al cabo. Palabras que relativizan de algún modo los hechos, y con ello también las conclusiones del ensayo: “Ignoro si la historia que quiero contar es del todo verídica”, sentencia.

 

Ahí da comienzo un relato narrado con ritmo sostenido, al que el rigor interno, la encorsetada coherencia de su discurso, le otorgan a ratos una frialdad algo desconcertante. Sin embargo, los últimos treinta minutos de metraje elevan esta cinta a la categoría de obra maestra, como impecable relato de las terribles consecuencias que se derivan de inculcar a los niños, protagonistas absolutos de la película, los falsos ideales de una sociedad estamental y represora, 'vendidos' por la palabra protestante del pastor como verdades absolutas. Esos niños, inmejorables actores, no imitan por casualidad las ‘bondades’ fisonómicas de la raza aria, pues son los mismos que veinte años después, descascarado ya el huevo de la serpiente, posibilitarían el ascenso del nazismo.

 

LO MEJOR: La infinita belleza de los planos. La milimétrica planificación de cada secuencia. La excelente fotografía en blanco y negro de Christian Berger. El cine de Haneke se parece aquí más que nunca al de su admirado Bresson. También al de Dreyer y Bergman.

 

LO PEOR: La coherencia del discurso, su rigidez, es tal, que la película no fascina hasta su desenlace, cruel y rotundo.

 

 

Criterio de valoración:
Obra maestra.
Muy buena.
Buena.
Interesante.
Regular.
Mala.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 3 COMENTARIOS

3 .- No he visto la película pero por lo que manifiesta el artículo, trata de explicar el nazismo por el autoritarismo de un pastos protestante. Todo el mundo sabe que el nazismo surgió en las zonas católicas y mucho más tarde se fué extendiendo por toda Alemania a la vista del ambiente de desorden, paro galopante, separtatismos regionales[Baviera se había casi independizado], desesperanza y como telón de fondo la humillación del "Dictak" de Versalles. Tengamos cuidado en Europa con la frustración de gran parte del pueblo, al que un día roban, otro día le da una puñalada un aliado civilizador, los políticos a lo suyo y a cobrar cada vez más impuestos, etc. etc. y pueda surgir un piquito de oro como el amigo del bigotito.

juanguga

2 .- Ayer estuve viendo la película. No se si por el excesivo calor del cine, la afluencia de público y lo exiguo de las butacas, se me hizo una película muy larga. Cierto que los últimos 30 minutos lograron interesarme pero quizá por el tinte detectivesco que le da a la cinta. Me defraudó, siento no estar de acuerdo con el comentario anterior.

juanin

1 .- Hace un par de semanas que tuve ocasión de ver esta película y me dejó francamente impresionado; probablemente la mejor cinta de 2009. En una atmósfera de tensión, de autoritarismo, sin mostrar una sola imagen explícita, el director consigue un clima asfixiante in crescendo. Sin tocar de forma directa la clave central del relato, vamos accediendo a la verdad al mismo ritmo que el narrador, el maestro de la aldea.

No se trata sólo de vislumbrar el caldo de cultivo del fascismo, si no cómo la imposición de unos ideales con tanta autoridad y disciplina es el germen de los futuros terroristas, de cualquier totalitarismo. Por eso, esta joya cinematográfica iba a llevar el nombre de 'La mano derecha de Dios'...

Dirección, guión y fotografía magistrales. La cinta blanca, casi una obra maestra.

bigluisote

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