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CARTA DE AJUSTE

El cine traspasa la 'cuarta pared': alguien recibirá una llamada ‘acojonante’ en la sala

@Nacho Gay - 24/03/2010

La protagonista deambula por una construcción abandonada. La persigue un psicópata ‘prototipo’, de esos que van armados, revientan puertas y aparecen por sorpresa en los momentos más inoportunos. Ella coge su teléfono móvil, con la intención de pedir ayuda. ¿A la policía? No.

Antes de la proyección, los espectadores han sido advertidos de que, por una vez, deben dejar sus terminales telefónicos encendidos en el transcurso de la misma. Mediada la película, suena un teléfono en la sala.

-Espectadora: ¿Hola?

-Protagonista del film (agitada): ¡Hola! Tienes que ayudarme. No sé dónde estoy. No cuelgues. ¿Lo harás?

Un software de reconocimiento de voz analiza al instante las respuestas de la espectadora y elige la toma adecuada para continuar la película. La conversación se basa en frases cortas y en preguntas de respuesta predecible o cerrada, de modo que no pueda haber demasiadas sorpresas. La heroína pregunta sobre todo por la dirección que debe tomar: derecha, izquierda, arriba o abajo. El ordenador selecciona la secuencia que se adecua a la respuesta, pero lo hace además a una velocidad inaudita. No hay cortes. La cinta avanza en todo momento a veinticuatro fotogramas por segundo. Sin interrupciones.

Se trata de un proyecto de la productora 13th Street que ha pasado ya por algún festival de renombre y que ha sido probado en diversas salas de Berlín, Alemania. Last call (Última llamada) parece que funciona, que provoca cierta congoja e incertidumbre en el espectador y que multiplica por diez, según sus hacedores, el nivel de atención de los mismos ante la película.

¿El futuro era el 3-D?

A partir de los noventa, con el boom de lo multimedia, ya se plantearon algunos experimentos de índole similar. El hecho es que este tipo de proyectos, que mezclan la ‘imprevisibilidad’ del cine con la interacción que le es propia a los videojuegos, parecen ser una alternativa real de futuro, quizá un complemento, a un 3-D que ni siquiera ha tenido aún tiempo de instalarse.

Hace mucho que el cine rompió la cuarta pared que le separa del espectador. Un ejemplo mítico es el de la película de Disney Peter Pan, en la que se pide a los espectadores que aplaudan para salvar a Campanilla. Legendarios son también los monólogos que algunos de los personajes de Woody Allen dirigen directamente a los espectadores. El mismo recurso utiliza Federico Fellini en Amacord. O las miradas a cámara. La actriz Harriet Andersson mira a cámara en el clímax de Un verano con Mónica, de Ingmar Bergman, interpelando a los espectadores sobre las cuestiones planteadas en el film. Al igual que lo hace Jean-Pierre Léaud, el niño protagonista de Los 400 golpes, en el último plano de la genial película de Truffaut.

Pero nunca antes un filme había avanzado en función de la respuesta de los espectadores. La duda ahora es si esto es de veras lo que los espectadores quieren ver. Si el cine no quedará desnaturalizado con la implantación de este tipo de trucajes. Puede que en el futuro veamos las películas con las gafitas puestas y el teléfono móvil en la mano. Puede incluso que el sueño del granadino José Val del Omar, un cineasta genial de mediados del XX, se haga realidad y alcancemos la ‘visión táctil’. ¿Podremos oler lo que vemos? ¿Tocarlo? ¿Viviremos una inundación en la propia sala destinada a aumentar el efecto del film? Preguntas retóricas que surgen de camino a las 4 dimensiones.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 7 COMENTARIOS

7 .- muy buena novedad, por lo pronto ya han logrado publicidad gratuita...
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julian70

6 .- Seguiré prefiriendo a Rayuela.

keaydelomio

5 .- Si, si, interactividad ¿ y en el porno ?

almeriensis

4 .- Lo he vivido en el teatro, hace ya muchos años, así que no recuerdo el título, pero del reparto algo sí: Ana Gracia, Joaquin Kremel y Angel de Andrés formaban parte del elenco, y mientras en el primer acto se cometía un crimen, en el segundo acto los espectadores podían tomar la palabra e interrogar a los actores; dependiendo de la habilidad de las preguntas y de las respuestas, los espectadores [claro está que no todos podían intervenir, aunque por verguenza de hablar en público, no había problemas reales de tiempo]podían tener mas o menos pistas.

Al final, a mano alzada, se votaba al sospechoso mas sospechoso, y como el cliente siempre tiene razón, el actor o actriz elegida por los espectadores "cantaba"y confesaba su crimen y como lo hizo.

La ventaja de la obra es que al día siguiente, el culpable podía ser otro.

Aemilius II

3 .- Estan como pollos sin cabeza

rtwng

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