Rebeca Royo Ortiz.- 24/08/2009
Los pantalones, en este caso, se los pone ella. Se llama Bend over boyfriend o pegging. El uso de arnés ha salido del armario y ya no sólo es un asunto de lesbianas. Por los rincones de los sex shop se rumorea que cada vez es más común ver cómo parejas heterosexuales de todas las edades eligen su juguete para que sea ella la que penetre. Ellos suelen elegir el grosor. Ellas, el color del juguetito. Dicen que suelen salir muy contentos y frotándose las manos por la experiencia que les espera.
Los expertos hablan de una igualdad entre sexos. En un mundo donde la igualdad de la mujer y el hombre en el trabajo está superada, donde él hace las tareas de la casa al 50% y los dos cambian los pañales al bebé, ¿va a haber algún problema porque ella sea la que tome el papel activo de una relación sexual? Es cierto que muchos hombres no se han quitado la venda de hace 50 años, la que exigía que el hombre es un macho y el sexo se practica “única y exclusivamente” asumiendo él el papel activo. Pero las cosas ya no son lo que eran.
Los heterosexuales que lo han probado (y no han tenido ningún tapujo en confesarlo) coinciden en que el placer es infinito. Tal vez se dejan arrastrar por la satisfacción que sienten cuando ella se hacer cargo de la parte activa de la relación: estimularlo, acariciarlo, excitarlo y penetrarlo. A ellas, sólo pensar en la idea, les pone a cien. Ellos, los que aceptan el juego, acaban a cien también.
Los expertos insisten en que el mayor lastre que se arrastra todavía es que el hombre heterosexual no puede (porque no lo concibe) recibir sexo. “Eso es cosa de maricones”, pensará más de uno sin saber lo equivocados que están y la fuente de orgasmos que se pierden. Si el bando hetero se quitara la careta de que es sucio o de gays, más de una pareja disfrutaría mucho más de lo que lo hace. “El sexo anal por lo general tiene muy mala prensa, pero más por el desconocimiento que existe”, insisten los especialistas.
Si se practica correctamente, puede ser totalmente sana y agradable, si se hace bien. Es obvio que la zona es delicada y requiere mucha atención y mimo. Por eso es imprescindible una buena comunicación y tomárselo con calma. Para quien no lo sepa, la estimulación de la próstata (el equivalente al punto G femenino) llega por la puerta de atrás.
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