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Miembros del proyecto DII posan con el Memorandum tras el encuentro en Munich (Reuters).
Esther Arroyo 14/07/2009 (06:00h)
El futuro del suministro energético sostenible podría estar en África. Cubrir el 15% de las necesidades eléctricas de Europa y el 66% de las de Oriente Medio y Norte de África a partir de plantas solares termoeléctricas es, a día de hoy, el proyecto más ambicioso del mundo y podría ser una realidad a partir del año 2020. Desertec Industrial Initiative (DII), calificado como un “proyecto visionario”, pretende construir el mayor parque de energía solar jamás conocido en el desierto del Sáhara y ya ha llamado la atención de una veintena de empresas, entre ellas la española Abengoa Solar, que participarán en su desarrollo.
Ayer, en Munich, y bajo la atenta mirada de representantes de
La idea inicial de un grupo de científicos que estudiaron hace años la viabilidad técnica de esta iniciativa da el primer paso para su materialización gracias al impulso económico de un numeroso conjunto de multinacionales europeas, lideradas por Alemania, y el apoyo de la Trans Mediterranean Renewable Energy Cooperation (TREC). Desertec pondrá en marcha -con mayoría de capital privado- la planta solar termoeléctrica más grande del planeta para generar la energía equivalente a la de 100 centrales nucleares con la pretensión de ampliar sus instalaciones en un futuro con nuevos parques eólicos y plantas desalinizadoras. Dicha tecnología concentrará los rayos del sol para calentar agua y generar vapor, el movimiento de las turbinas generará electricidad que será transportada a través de una red de corriente contínua de alto voltaje bajo el Mar Mediterráneo.
El problema de la dependencia energética
Las 4.800 horas de sol que recibe el desierto del Sáhara supone un importante potencial y hacen del enclave africano uno de los más idóneos para la colocación de los paneles solares. Sin embargo, y a pesar de afectar solo a un 1% del territorio según los expertos (un área de 130 kilómetros cuadrados), el proyecto ha tardado poco en recibir las primeras críticas. La controversia gira en torno a la dependencia energética. Las voces contrarias al megaproyecto de Desertec critican que una inversión milmillonaria de estas características no solucione el problema del autoabastecimiento y no libere a los países europeos de la dependencia en materia energética. Es decir, dotar a otro de la tecnología necesaria para producir una energía que finalmente habrá que importar en lugar de generarla en Europa.
Por otro lado se empiezan a escuchar expresiones como "deseos imperialistas" o "nuevo colonialismo", esta vez de carácter tecnológico, que acusan a los precursores del plan de querer explotar los recursos energéticos africanos en beneficio propio. Pero, según DII, los países del Norte de África y Oriente Medio serán los más favorecidos y podrían llegar a cubrir totalmente sus demandas eléctricas. Así lo entiende también la organización ecologista Greenpeace, para quien la puesta en marcha de Desertec es una buena noticia para el futuro de las energías limpias. Greenpeace, al igual que otras organizaciones, apuesta por la alianza entre tecnología y recursos naturales. "Las empresas alemanas tienen el capital necesario y el conocimiento técnico para convertir en un modelo de éxito la obtención de energía limpia en el desierto", afirma la asociación ecologista.
Las empresas integrantes del proyecto se han dado un plazo de tres años para elaborar un plan industrial y financiero y establecer las condiciones de su puesta en marcha. Por su parte, países como Egipto, Argelia, Libia, Túnez, Marruecos o Jordania ya han mostrado su interés en la construcción de parques eólicos a largo plazo, cuya ubicación comprenderá la zona entre Marruecos y el Mar Rojo.
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