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La historia de Brooke, una adolescente de 16 años que no crece desde que era bebé

Ana I. Gracia.-  08/07/2009

¿Por qué no envejece Brooke? Es la pregunta que Howard Greenberg, su padre, lleva 16 años haciendo a decenas de médicos sin que, por el momento, le hayan dado ninguna respuesta. El mundo científico se echa las manos a la cabeza con el fenómeno Brooke. No le han diagnosticado ningún síndrome conocido genético ni ninguna anormalidad cromosómica que ayude a explicar por qué los años no pasan por ella.

 

El doctor Richard Walter ha estudiado su ADN buscando la mutación genética que ha afectado a su crecimiento. Si se localizara el gen que no deja a la niña crecer, “habríamos dado respuesta a por qué algunos seres humanos envejecen antes que otros”. La respuesta a la enfermedad de Brooke Greenberg supondría una auténtica revolución para el mundo científico. “Todos estamos en el mundo para acometer alguna misión. Tal vez la razón de Brooke es ayudar a encontrar el secreto de qué es lo que nos hace envejecer y cómo detenerlo”, confía su familia.

 

La historia de Brooke Greenberg es uno de esos casos extraños que se ha atrevido a retar los límites de la medicina. Nació el 8 de enero de 1993, pesa algo menos de 8 kilos y mide 76 centímetros. No habla, pero se ríe cuando algo le gusta y se expresa con gestos. Reconoce a la perfección a Emily, Caitlin y Carly, sus tres hermanas. Incluso se puso celosa cuando nació la pequeña, tres años menor que ella.


 

Cuando tenía un año, sus padres Howard y Melani observaron desconcertados que su hija no crecía. Buscando una respuesta, peregrinaron de especialista en especialista. Lo único que le dieron fueron hormonas de crecimiento que no le ayudaron en nada. La niña seguía sin crecer ni engordar. “Ahí me di cuenta que teníamos un problema”, asegura el padre. Siguen sin tener un diagnóstico. No saben qué le sucede porque no hay ningún otro niño en el mundo como ella. Lawrence Pakula, su pediatra, describe a Brooke como si tuviera entre 6 y 12 meses en altura y peso. Las uñas y el pelo son las únicas partes del cuerpo que le han crecido con normalidad. 

 

Al mismo tiempo que su cuerpo no envejece, su salud se deterioraba. En sus seis primeros años de vida ha sufrido severos problemas respiratorios, derrames cerebrales, siete úlceras de estómago y algún tumor tratado con éxito. Ahora Brooke tiene que ser alimentada a través de un tubo, pero su salud es estable.

 

Su familia ya no espera que crezca y nadie puede predecir cuánto vivirá. Los Greenberg mantienen una vida tan normal como la extraña enfermedad de Brooke les permite. La niña, que parece haberse quedado congelada en el tiempo, no puede hablar ni caminar. Aunque se hace entender a su manera y gatea, también a su manera, hasta el lugar que quiere llegar. "Todas las madres tienen el deseo de poder tener siempre a su hijo bebé... Es lo que yo tengo. Siempre he tenido un bebé", explica su madre. Lo triste, también para sus padres, es no poder verla crecer.

 

 

 

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