TENDENCIAS
Sobre Rajoy y Bárcenas, un suponer
Luis Bárcenas, Mariano Rajoy, PP, Gürtel
@Juan Carlos Escudier - 27/06/2009
Tras la imputación formal de su tesorero por un presunto delito fiscal y otro de cohecho, el PP se ha felicitado de que el Tribunal Supremo no haya apreciado por el momento indicios de financiación ilegal del partido, lo que da idea del punto exacto dónde a Rajoy le ha estado apretando el zapato en los últimos meses. Antes de caer en un preocupante coma declarativo acerca del futuro de Luis Bárcenas, el gallego se había presentado a sí mismo como un hombre justo del que no había que esperar que hiciera rodar sin pruebas ninguna cabeza. Más que un líder, una madre. Así es Mariano.
Teóricamente, es posible admitir que, por ser más justo que el mismísimo Salomón, Rajoy se haya limitado a encogerse de hombros mientras tres instancias judiciales distintas coincidían en atribuir a Bárcenas una supuesta querencia a llevárselo crudo. Pero aceptar este razonamiento devalúa, a la vez, el altísimo sentido de la justicia que intuimos en el presidente de los populares. Dicho de otra manera: si al defender contra viento y marea la honorabilidad de Bárcenas, Jesús Merino –el otro encausado por el Supremo- y Francisco Camps ha procedido justamente, ¿no habrá pecado de injusto con Alberto López Viejo, Jesús Sepúlveda, Benjamín Martín Vasco, Ginés López Rodríguez, Arturo González Panero, Guillermo Ortega y Víctor Campos, a los que suspendió de militancia en un santiamén? ¿O acaso contra éstos últimos ya tenía constancia palpable de su enriquecimiento ilícito?
Recapitulemos. Rajoy es un hombre justo por naturaleza que, tal y como ha quedado acreditado, puede llegar a ser Teresa de Calcuta si se trata de amparar a quien él mismo colocó al frente de las finanzas del partido. Sabemos que este señor justísimo no se deja influenciar ni por el Supremo, y presumimos, además, que no se le engaña con facilidad, porque para eso le tenemos opositando a
Ahora bien, supongamos que el sentido de la justicia de Rajoy es puro teatro y que, en realidad, Bárcenas es un grano que no puede extirpar sin mancharse el traje. Supongamos que la verdadera razón por la que protege a su tesorero es porque no puede arriesgarse a que tire de la manta y descubra operaciones de dudosa legalidad en torno a la financiación del partido.
Demos por sentado que el PP no es una excepción entre los partidos y que su caso encaja como un guante en el famoso dilema del prisionero de la teoría de los juegos. Esto es: si el resto cumple la ley a rajatabla a la hora de llenar sus arcas lo mejor que puede hacer un partido es financiarse de manera irregular para obtener ventaja; y si todos se hacen aviones de papel con la norma, lo aconsejable es imitarles para no estar en desventaja.
Supongamos además que el caso Filesa no sólo ha servido de escarmiento al PSOE sino que ha dejado instructivas enseñanzas. ¿Para qué recurrir a la extorsión a grandes compañías y justificar las mordidas con informes inexistentes cuando se pueden obtener grandes cantidades adjudicando a empresas propias o de militantes fieles contratos suculentos de las administraciones que el partido controla? El riesgo de ser descubiertos es mínimo. No hay contables chilenos de por medio y todos ganan, desde el alcalde al consejero. ¿Quién si no alguien del propio partido podría matar la gallina de los huevos de oro?
Supongamos que Rajoy, que no será justo pero tampoco un memo, conoce los entresijos y establece un cordón sanitario en torno a la dirección nacional del partido, de manera que los conseguidores no actúen en sus inmediaciones ni hagan trabajos en campañas electorales.
Supongamos que la trama tiene cabezas visibles, algunas engominadas y otras con bigote, pero que, en realidad, el ideólogo se dedica a registrar ingresos y a desviar otros a su bolsillo, con los que, además de dorarse el riñón, alivia la deuda del PP, que según los datos conocidos en 2005 era de 16,3 millones de euros, 12 menos que en el año anterior.
Supongamos que, destapado el escándalo, el PP rescata su manual de actuaciones en el ‘caso Naseiro’ y trata de volver el caso en contra del juez, el fiscal, el ministro de turno o de los medios de comunicación menos afines.
Supongamos, finalmente, que, concluida esta fase, y ante la evidencia de que
Supongamos que Rajoy querría hacerlo y no puede, ya sea por amor de madre o por temor justificado. Supongamos todo esto. ¿Alguien cree sinceramente que sería mucho suponer?
Opiniones de los lectores (14)
14.
observador»28/06/2009, 12:58 h.
El caso tiene muchos niveles de análisis. Pero ahora yo me quedo con una clara y definitiva conclusión según veo los acontecimientos: Rajoy, Mato y su equipo no tienen el poder en el PP. No se atreven a destituirle y tampoco a que dimita.
No me gustaría que quien no es capaz de ordenar en su casa llegase a ordenar en un Gobierno.
Rajoy no sirve para el cargo.
Saludos.
13.
msc100»27/06/2009, 20:38 h.
“El caso Filesa, dice Escudier, no sólo ha servido de escarmiento al PSOE sino que ha dejado instructivas enseñanzas”. No fue solo Filesa, sino que se trataba de una trama de financiación ilegal del PSOE que, aunque jurídicamente se minimizó escamoteando información y pruebas, llevó a la cárcel a un par o tres de militantes. Y claro que dejó enseñanzas. Ahora el PSOE lo hace mucho mejor. Hay un chorro de rumores hasta del Presidente del Congreso en su periodo castellano manchego y de la hija del Presidente del Senado en Estepona. Pero la cosa no suele pasar de rumores. No se si es que hay gente con mala leche o es que ahora esas oscuras finaciaciones se hacen mejor. O quizá un poco de cada…
12.
ROKKO»27/06/2009, 20:32 h.
Solamente he entrado aquí para decir ... que te lea tu abuela!!!!
11.
msc100»27/06/2009, 20:25 h.
El Sr. Escudier termina su insidioso art. preguntando: “¿Alguien cree sinceramente que sería mucho suponer?”. La respuesta es que suponer, por poco que sea, partiendo de bases delictivas, es colaborar malignamente con los delincuentes. Es complicidad indecente cualquier reflexión apoyada en un supuesto que someten a un juicio paralelo en los “medios” y desacredita a un hombre protegido por la Constitución:
a] Art. 18.1 “Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.”.
b] Art. 24. 2. “Todos tienen derecho….. a la presunción de inocencia.”
¿Cómo es posible que ante delitos tan continuados y tan flagrantes que torpedean la dialéctica política y empringan el clima político - social el Fiscal General del Estado aun no haya dicho nada?. ¿O es que él está también en el tema?.¿O es que se trata de gente que huye del limpio enfrentamiento político para aventar mierda como el calamar se oculta tras su tinta?.
10.
msc100»27/06/2009, 20:12 h.
Una prueba de la insidiosa malignidad con que escribe el Sr. Escudier está en la pregunta capciosa de ¿si no habrá sido injusto Rajoy al trata de manera distinta a unas personas imputadas, aceptando su dimisión e incluso suspendiéndolas de militancia mientras que otras permanecen en sus cargos?. La respuesta a esta pregunta es una obviedad y demuestra la infantil mala uva con que se formula: Se trata de personas distintas, con imputación o sin ella, acusadas seriamente o de manera gilipollas. Tratar de forma igual a los desiguales es tan injusto como tratar desigualmente a los iguales. Por cierto esta es una figura de injusticia muy practicada por el Gobierno del PSOE especialmente con las Comunidades Autónomas. Ej. Mientras en Madrid el Gobierno no pone ni un ladrillo e incluso les impide hacer una autovía de su competencia, con sus aportaciones a Cataluña rompe descaradamente la solidaridad interterritorial.
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Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.
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