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Jueves, 25 de junio de 2009

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SOCIEDAD

Grupos cristianos y musulmanes se disputan la fe de los indígenas camboyanos

EFE - 25/06/2009 09 : 51

Jordi Calvet Banlung (Camboya), 25 jun (EFE).- Las mezquitas e iglesias se abren paso en las remotas aldeas indígenas de Camboya, cuya gente adoró símbolos animistas hasta el reciente desembarco de los grupos cristianos y musulmanes que se disputan la captación de fieles.

Los miembros de la comunidad islámica, representada en Camboya por la etnia cham, descendiente del antiguo imperio Champa, que ocupó la parte central de Vietnam hasta el siglo XVII, destacan entre los más activos en esta campaña proselitista.

Muchos cham, ante la falta de tierras y de oportunidades en otras zonas del país, han buscado fortuna en Banlung, la capital de la provincia de Ratanakiri, donde en los últimos quince años los miembros de esta sociedad han pasado de ser apenas 15 familias a superar las 600.

Los nuevos colonos no se contentan con tener sus propios servicios religiosos y asumen la misión de propagar su fe entre los jarai, una de las minorías étnicas de la zona.

"Los jarai y los cham están emparentados, proceden del grupo étnico austronesio. Sus idiomas son muy parecidos y pueden incluso entenderse", explicó a Efe el antropólogo Alberto Pérez Pereiro, especializado en los Cham.

"Todos los cham que conozco creen que deben enseñar el islam a los jarai, les consideran como sus hermanos pequeños", añadió Pérez Pereiro.

Esta opinión la comparte Sman Sleh, director de una de las cinco mezquitas de Banlung, después de comprobar que han comenzado las conversiones en al menos tres aldeas jarai.

Soum Kul hace dos años que enseña el Corán en el asentamiento de Som Trochas y asegura haber conseguido convertir a 39 vecinos, aunque admite que el proceso de filiación es complicado.

"A veces se aburren y se van con las comunidades cristianas", añadió Soum.

El camino del islam no es sencillo para los indígenas camboyanos porque deben renunciar a la carne de cerdo y al vino de arroz, justamente dos de los escasos placeres que disfrutan las raras veces que disponen de algún dinero.

"En realidad muchos jarai se convierten a cambio de regalos. Y, cuando no hay más regalos, vuelven a sus creencias", precisó Pérez Pereiro.

Los misioneros cristianos tampoco lo tienen fácil para predicar su fe entre budistas, animistas y la competencia islámica.

"Vamos a los pueblos a compartir la palabra de Dios. A veces es duro. No nos aceptan y nos echan a gritos. Pero volvemos, nos mostramos amables y, a veces, acaban por aceptarnos", relató Romcham Chit.

A cargo de Chit está la iglesia presbiteriana de Ratanakiri en Banlung, construida por una asociación evangélica coreana hace siete años.

"Yo era budista pero vi que era Jesús quien me da la vida y la salvación. En el budismo no hay salvación", recitó Chit, con la lección bien aprendida.

"Tenemos dificultades muchas veces porque no entienden la lengua, sobretodo la gente mayor", añadió este predicador camboyano que asegura contar con un centenar de seguidores.

Muchos de los "conversos" son jóvenes que cada domingo asisten a la misa a cambio del almuerzo, después de que una camioneta haya peinado las aldeas de las etnias tompuan y kreung de los alrededores de Banlung.

A veces, la vocación salvadora contribuye a desarmar la cohesión social entre los indígenas.

El antropólogo español apuntó que, "al aceptar nuevas religiones, luego tienen problemas para participar en ceremonias tradicionales, como los sacrificios de animales, y esto les aparta de su comunidad".

Pero pese a los esfuerzos de los diferentes grupos religiosos, el margen de conversiones resulta aún relativamente pequeño en un país de apenas catorce millones de habitantes que profesan el budismo en una proporción del 95 por ciento. EFE jcp/mfr/cat (foto)(audio)

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