Redacción.- 18/06/2009
Parodiando el film de Werner Herzog, donde se narra el viaje del conquistador Lope de Aguirre por la cuenca del Amazonas en busca de El Dorado, esta historia podría titularse “Aguirre, la cólera de los imponderables”. Porque ni Esperanza Aguirre, que el viernes 12 casó en El Escorial a su hijo menor, ni su primo hermano Claudio Aguirre, que al día siguiente, sábado 13, hizo lo propio con su hija en su finca de Extremadura, pensaron nunca que casar a un hijo/a supusiera tener que luchar contra imprevistos o imponderables capaces de poner en peligro el éxito de actos preparados con mimo con mucha antelación.
Como dice el tópico, en Madrid no se habla de otra cosa… En la boda de la hija de Claudio Aguirre Pemán, celebrada el sábado 13 en “
Ni que decir tiene que el comentario exasperado que no pocos invitados -casi todos de tronío- deslizaban en plena canícula era del siguiente tenor: ¡A quién se le ocurre hacer una boda en pleno mes de junio, a mediodía y en el centro de Extremadura! No obstante lo cual, hay que decir que la boda de la hija del ex banquero Claudio Aguirre, consejero del grupo Vocento, fue un éxito redondo, con catering del bueno traído de Madrid, mejor flamenquito para el bailoteo nocturno y todo lo necesario para hacer inolvidable el evento… ¡Incluso con altas temperaturas!
Alguna que otra “desgracia” para recordar ocurrió también en el casorio de Álvaro Ramírez de Haro Aguirre, el hijo menor de Fernando Ramírez de Haro y de la presidenta de
El banquete tuvo también lugar -así como la fiesta posterior- en la finca de marras. La manduca era responsabilidad del restaurador Arturo, y ocurrió lo que nunca debiera ocurrir en un banquete de bodas que se precie: que se acabó el vino antes de llegar a los postres, lo que provocó el consiguiente mal humor de algunos. A mayor abundamiento, resultó que una de las tarimas sobre las que se celebró el bailoteo se derrumbó parcialmente con el consiguiente susto, cosa de poco, cierto -porque el episodio se superó enseguida-, comparado con el “desastre” de ese Marqués del Riscal blanco que se agotó antes de que se sirviera el solomillo con patatas paja.
Un auténtico fiasco imputable a la impericia del “conocido restaurador” Arturo Fernández, presidente de
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