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Miércoles, 17 de junio de 2009

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SOCIEDAD

Los refugiados, protagonistas de cine por unos días en El Cairo

EFE - 17/06/2009 15 : 48

Marina Villén El Cairo, 17 jun (EFE).- Por unos días los refugiados que viven en El Cairo pueden olvidar sus problemas diarios y la discriminación que en muchos casos sufren para convertirse en los protagonistas indiscutibles de un festival de cine pionero en la capital egipcia.

Coincidiendo con el Día Mundial de los Refugiados, el próximo 20 de junio, este evento pretende "concienciar sobre los problemas (de este colectivo) de una forma creativa, con películas y conciertos", explicó a Efe una de las organizadoras, Reem Abás.

"En Egipto hay muchos refugiados y la población no está muy concienciada con este tema", aseguró Abás, que es de nacionalidad sudanesa y estudia en la Universidad Americana de El Cairo.

Es difícil dar datos precisos del número de refugiados que hay en Egipto, ya que muchos de ellos no se han registrado como tales, pero las cifras oscilan, según Abás, entre 250.000 y un millón, aunque ACNUR calcula en 112.605 las personas con este estatus, incluidos aquellos cuya solicitud está pendiente de aprobación.

El origen de los asilados que viven en Egipto es muy variado, al igual que su situación, por lo que el primer Festival de Cine de Refugiados de El Cairo busca "mostrar esa diversidad y acabar con los estereotipos", dijo durante la inauguración el director de la Townhouse Gallery, sede del evento, William Wells.

Hasta el próximo sábado, los refugiados se convertirán por primera vez en Egipto en protagonistas, con la proyección de una veintena de películas centradas en los problemas de este colectivo en Irak, Sudán, territorios palestinos, Camboya y Honduras, entre otros.

En el caso de Egipto, los refugiados tienen que hacer frente a retos como el difícil acceso a la educación, los servicios sociales y el sistema sanitario.

Esta falta de oportunidades las sufrió Mona, una mujer sudanesa que prefirió no desvelar su apellido, cuando llegó al país del Nilo a principios de la década de los 90 huyendo de la guerra civil que asolaba su país.

"No tuve la oportunidad de entrar en la escuela y tuve que trabajar de niñera", dijo a Efe Mona, quien no ha conseguido obtener el estatus de refugiada, en un descanso entre la proyección de dos películas del festival.

En su opinión, los refugiados como ella son "discriminados por el color, por el pelo", y no es fácil "encontrar un trabajo que no sea de limpiadora o de canguro".

A pesar de sentirse ahora mucho más adaptada que cuando llegó al país árabe con 14 años, Mona es contundente: "No es fácil integrarse en la sociedad egipcia siendo un refugiado".

Pero no sólo en Egipto, para Sankalita Shome, miembro de la Ong Saint Andrews, "todos los países creen que los refugiados vienen a ocupar su espacio y no se plantean que ellos pueden también contribuir positivamente a la sociedad".

Las personas que acuden a su organización, donde se les ayuda con los trámites legales para que su solicitud de asilo no sea rechazada, utilizan Egipto como "un país de tránsito", hasta conseguir visado en otro lugar, como Australia, Canadá y Estados Unidos.

"Ellos no buscan quedarse aquí, porque no consiguen derechos, no tienen acceso ni al mercado laboral, ni a las escuelas y centros sanitarios públicos", apuntó Shome, para quien Egipto, como país en desarrollo en el que hay mucha pobreza, "no puede absorber a más gente".

Los refugiados acogidos en el país árabe vienen de lugares tan dispares como Somalia, Etiopía, Bangladesh, Irak y Palestina, aunque la mayoría proceden de Sudán, que fue escenario de una guerra civil durante 21 años entre el norte musulmán y el sur, de mayoría animista y cristiana.

Este el caso del activista político sudanés Abás Kaleak, que tuvo que abandonar su país en 2003 tras ver cómo varios de sus familiares eran asesinados y cómo él mismo empezaba a tener problemas al demandar que "se celebraran elecciones para que fuese el pueblo quien eligiera a su presidente".

En la entrada del recinto donde se celebra el festival, Kaleak afirmó sentirse a gusto y bien adaptado en Egipto, donde trabaja como profesor de música clásica en varias escuelas y en la Universidad Americana de El Cairo, donde enseña esta disciplina a otros desplazados.

Precisamente, vidas como la de Kaleak se reflejan en la exposición de fotografía, organizada con motivo del Festival de Cine de Refugiados, en la que ellos mismos, con cámara en mano, han retratado escenas de su quehacer diario en un gesto reivindicativo para no solo compartir su realidad, sino también cambiarla. EFE mv/ssa/agf (vídeo)

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