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Miércoles, 2 de diciembre de 2009

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La casona más tranquila y sabrosa de Valladolid

La casona más tranquila y sabrosa de Valladolid

@Jacobo Corujeira - 08/06/2009

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Un lugar, una persona, una idea. Para llevar a cabo un buen proyecto y conseguir hacer disfrutar al que llega hacen falta estas tres premisas, al menos para empezar bien. La Casona de Montealegre cumple con las tres. Se esconde al sur de la Tierra de Campos, un lugar donde el terreno suele ser llano y en el que los montes Torozos son, con sus bosques e quejigos y encinas, el único capricho de altura que la orografía ha querido dejar. Escondido entre ellos ve pasar el tiempo este hotel rural que aparte de permitirnos descansar en medio del campo hace posible disfrutar de las cuidadas habilidades gastronómicas de Fátima Pérez, responsable también del restaurante madrileño Diablo Mundo.

 

Estamos en la misma tierra a la que cantó Antonio Machado en Campos de Castilla. Aunque obvia, la referencia resulta inevitable: sin estos páramos sería imposible entender esta antigua casona solariega del siglo XVIII en la que superado el siglo XX el espíritu sigue siendo el mismo que antaño pero con un saber hacer de los tiempos contemporáneos.


El edificio del hotel está catalogado como Posada Real y en suinterior acoge siete habitaciones dobles -cada una respondiendo a un estilo de decoración diferente- en las que una vez más se impone la idea de mezclar lo atávico con lo vanguardista. Los amantes de este tipo de detalles hoteleros se emocionarán al saber que el inevitable televisor con DVD o el baño con hidromasaje están presentes. A los epicúreos que saben que placeres como las burbujas del baño o las películas en HD no son nada si no forman parte de un armonioso conjunto -siempre mejor en compañía- no les hacen falta estas explicaciones.


Acerquémonos al otro gran pilar hedonista de esta vieja casona: su sección gastronómica. Al igual que en el resto del establecimiento, al frente del restaurante Fátima trata de llevar a la práctica esa misma filosofía de Diablo Mundo: una cocina equilibrada que no desentona con el ambiente. Y si además la temporada acompaña, podremos zambullirnos en el universo micológico de manos de una gran experta. En caso de que las fechas del año jueguen en nuestra contra el resto de la carta, con un acento castellano que tampoco llega a convertirse en tilde consonante, satisfarán con creces los estómagos.

 

Tierras de Castilla, aromas a grandes vinos. Estando en Valladolid no es de extrañar que el aspecto vinícola también esté cuidado al máximo. La bodega ocupa una casita de piedra caliza en el jardín, con una cava subterránea que esconde cientos de referencias nacionales e internacionales. Los Ribera del Duero son, como no, las estrellas de la casa, pero tampoco hay que desdeñar cualquiera de las 400 referencias que sus huecos esconden.


Extramuros, la casona también ofrece los inevitables paseos a caballo, rutas de senderismo o visitas culturales y sea cual sea el paquete elegido (con paseos en barco por el Canal de Castilla o excursiones para conocer de primera mano los apasionantes secretos de la flora silvestre del lugar) aprenderemos los secretos de una tierra que de tan pisada y recorrida parecíamos tener olvidada.

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