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Conciliación de la vida laboral y familiar

@ - 05/06/2009

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La de la mujer es una de las revoluciones más impresionantes de la Historia de la Humanidad. Llamada en ocasiones “la revolución silenciosa”, el movimiento ha sido imparable y, resultado de una firme determinación, absolutamente eficaz. Fue el caso del reconocimiento del derecho de sufragio femenino en Nueva Zelanda en 1893, gracias la tenacidad de Kate Sheppard y quienes la seguían.

Pero los avances también han sido el resultado de unas circunstancias que se imponían. Fue así con el reconocimiento del derecho de sufragio, simultáneamente a hombres y mujeres, en Finlandia en 1906. Y es que sólo se decidió contar con ellas como medida defensiva ante la amenaza de que el Imperio Ruso acabase engullendo a su pequeño vecino. Fueron dos guerras mundiales las que erigieron el trabajo de la mujer fuera de casa en simplemente indispensable para siempre: el nuevo modelo productivo de las sociedades desarrolladas contaba con su presencia ineludible.

Algunas veces, las menos, las cosas ocurrieron por puro azar. Fue el caso del reconocimiento por primera vez, en 1776, del derecho de sufragio femenino. Ocurrió en Nueva Jersey, al reconocerse el voto a “todas las personas”. El ‘error’ se corrigió pronto: en 1807 se abolió. Entre ambas fechas no parece sin embargo que el que las mujeres hubiesen podido ejercer este derecho hubiese dañado a nadie. Al menos no consta.

Desde finales del siglo XIX se ha avanzado mucho y en muchos países las mujeres hoy son libres de casarse o divorciarse, de tomar la iniciativa de estudiar o de trabajar; y de administrar libremente sus propios bienes… y hasta de tener hijos sin que sea necesaria la presencia más o menos estable de una figura paterna.

El caso de la conciliación de la vida laboral y familiar es uno que muy probablemente acabe solucionándose por vía de necesidad, de esas circunstancias que se imponen. Ningún país puede esperar competir en la escena global prescindiendo de la mitad de su fuerza laboral y menos en unos modelos productivos que se pretenden basados en el conocimiento: simplemente no pueden dejar de emplear la mitad de su materia gris. Pero tampoco resulta posible obviar la necesidad de una suficiente reposición generacional en unas sociedades cada vez más longevas. Y los datos revelan que los hijos de familias monoparentales tienen una exposición significativamente mayor a ciertos riesgos que se desean evitar.

Sin embargo el reparto real y efectivo de las cargas familiares —hogar, hijos y otras personas dependientes— está muy lejos de ser una realidad; el techo de cristal existe en el trabajo; y en cuanto a las separaciones y divorcios, sólo estamos descubriendo que hacen la vida diaria aún más costosa e infinitamente más complicada, traumas y disgustos aparte.

Pero exactamente, ¿cuál es la realidad? ¿A cuántos hombres conoce usted, amable lector, que se lleven el niño a la guardería de la empresa?, ¿cuántos dejan su carrera profesional o piden reducción de jornada por paternidad? y ¿a cuántos conoce que pudiendo, hayan optado por trabajar online algunos días, en vez de ir a la oficina, para así poder atender mejor el hogar familiar? A muy pocos, ¿verdad? Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿De verdaderamente intentar conciliar la vida familiar de las personas —hombres y mujeres— que trabajan?, ¿o simplemente estamos intentando que las mujeres que trabajan se casen y tengan hijos sin morir en el intento?

Y es que ante algunas medidas y su eficacia real uno se pregunta si nos están tomando el pelo, si de nuevo sólo se esta buscando el nicho electoral. El problema es de mentalidad, arraigada durante siglos y a la que una generación hoy en transición entre dos modos de ver la vida, no acaba de adaptarse. Las mujeres que trabajan han dado el salto; otras aún no. Y muchos hombres están aún lejos de haber interiorizado que las cosas han cambiado y que no hay marcha atrás ni terceras vías.

Mientras se siga considerando al hombre como cabeza de familia, y por lo tanto su responsable económico, se seguirá alimentando la desigualdad salarial; se seguirá dando prioridad a unas carreras sobre otras; se asumirá que la responsable última del hogar es la mujer; y se seguirá sin dar valor al trabajo doméstico, ese que se sustancia en que hay una persona en la casa que es quien primero se levanta… y último se acuesta.

Pero el cambio de mentalidad que se exige es más amplio y debe iniciarse también necesariamente en la empresa. Desde el momento en que ya no hay quien esté enteramente disponible para encargarse de casa e hijos, se hace imprescindible replantear el modelo productivo. La sociedad no puede permitirse que la unidad básica que la forma, la familia, entre en descomposición: porque nos va nuestro bienestar y nuestro futuro en ello. La necesidad de conciliar ya no es la excepción a una norma sino que es la norma en sí, a la hora de administrar el factor trabajo.

Esta es la diferencia. Y es una realidad hoy, ya, aquí y ahora. Cambiar de mentalidad no cuesta tanto. Es, simplemente, cuestión de hacerlo. Y lo que es más, parece incluso que es una buena idea, porque, cifras en mano, las sociedades que más concilian tienen mayor productividad, menos problemática social y unos niveles de vida infinitamente superiores: son hechos, no especulaciones.

Y como siempre, esperamos sus valiosas opiniones, pues con ellas elaboraremos nuestro Manifiesto.

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Opiniones de los lectores (33)

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33. usuario registrado idusdemazro»07/06/2009, 21:22 h.

asi es manoto, la empresa no es consciente o los reprresentantes de los trabajadores se tocan la higa; Yo he leido convenios donde más que conciliar la vida laboral y familiar, se sacrifica la vida familiar por sueldos que a veces abochornan.

otro aspecto es el gremio profesoral. incapaz de cambiar de hábitos y horarios, con unos sidicatos que ni quieren oir hablar del tema.

este tema debiera ser asunto electoral.

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32. usuario registrado ana04»07/06/2009, 21:20 h.

Manoto: la empresa debe ser más flexible. A mayor flexibilidad mayor ganancia, eso es lo que no valoran.Siempre que los trabajadores sean responsables y no mamen de la vaca sagrada de la S.S. como si fuera inagotable.
Leyes absurdas coordinadas con planteamientos deprimentes. Pildoritas abortivas a los 16 años es lo contrario a la liberación de la mujer,es el máximo exponente de una sociedad basada en la dependencia del macho. Del macho que no ayuda ni comparte, por lo tanto tampoco decide.

Como dicen los toreros: vísteme despacio que tengo prisa.

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31. usuario registrado manoto»07/06/2009, 17:39 h.



#29 Esa es la otra parte de la responsabilidad todavia no asumida por la empresa española.Se escribe en sus memorias mucho de la responsabilidad civil y ante la sociedad,pero los departamentos de recursos humanos siguen anclados en la vieja idea "que estan alli para mirar por la empresa y combatir al empleado".

Por contra si uno lee hoy como los grandes directivos de la empresas españolas estan protegidos por contratos blindados y viendo sus importes uno no puede creer que eso se de en la España real.Pero hay una clara y sutil diferencia,entre los muchos de Endesa,los buenos del B Santander y Bilbao y lo nulos de la empresas que cotizando en bolsa proviene de la saga familiar.

Como tambien esta ausente en las criticas y sobre todo en las propuestas que la Iglesia española hace de esta situacion familiar y como la Iglesia no dice nada el PP se calla como un muermo y los socialistas siguen enfrascados en su teoria de la liberilizacion de la jovenzuela y lo que es peor de la mano de otra jovenzuela que de la vida no tiene ni pajolera idea pero sabe que su cuenta corriente jams se imagino le iba engordar siendo tan joven y tan pronto.

Con lo cual la confusion es TOTAL

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30. usuario registrado ana04»07/06/2009, 16:58 h.

#29 idusdemarzo: abandono, abdicación, estafa...es cierto.

Ser padres no es traer un hijo al mundo, esto es lo que no se enseña.La mujeres, la mayoría, pasamos de ser hijas a ser madres, sin la transición de ser mujeres. A los hombres le pasa algo parecido, de hijos a maridos.

Antes los roles estaban muy claros, ahora ese modelo ya no sirve y en la búsqueda del sitio de cada uno se pierden referencias y a veces el sentido común.

Sigo pensando que la clave está en averiguar qué significa ser padre/madre. Para mí es la misma responsabilidad, en el ámbito privado se decidirá cómo se reparte. Cuando hombres y mujeres sepamos qué dedicación de tiempo en calidad y cantidad hay que ofrecerles a nuestros hijos el asunto de la "igualdad" será inevitable.

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29. usuario registrado idusdemazro»07/06/2009, 16:37 h.

#28
Pues si creo que estamos de acuerdo, y cómo para hablar no hace falta discutir, entriendo que eso estamos haciendo: en efecto, hay ideas fetiche, como " yo con mi cuerpo decido, o yo decido", que exigen una reflexion hacia que modelo se consigue llegar. Si un hombre , bien por su educacion machista o por la idea feminista, se autolimita por entender que su papel es secundario, y asi se lo hacen llegar desde diversos frentes, puede suceder ese " "abandono" , esa "abdicacion".

otra cosa que observo, es la sensacion de que para muchos hombres, lo de ser padres se disfraza de palabras hermosas, bonitas, y la realidad es otra. la palabra "estafa", " me han robado la vida la he oido mas d euna vez, y sobre todo en padres muy jovenes. Da la sensacion a veces que se han formado familias bajo presiones familiares, en vez de por un deseo responsable.

aun así,, en lo referente a la vida laboral. hace poco a una pobre mujer con un hijo le quieren cambiar de horario y que se levante a las 3 de la mañana; ella se quejó y el jefe de recursos humanos le dijo;" Que no hay autobuses?; ven en bicilcleta"; esa es tambian la españa real,,,no la de los ejecutivos,,


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