Rebeca Royo Ortiz.- 01/06/2009
Que levante la mano quien no haya practicado sexo en la playa. A quien no le excite la idea. ¿Todavía no ha probado? Cierre los ojos e imagine la arena y las frías olas de cualquier costa, de su playa, de la que más le guste. No podrá negarme que no se le antoja como el escenario idílico para tener un revolcón playero.
El verano es la época más propicia a que los amantes se encuentren en la noche y se pierdan en la playa. Pone a cien la idea de tocar el mar desnudos. La oscuridad se convierte en el mejor cómplice. El suelo se tapiza con arena blanca y cálida del verano, y los más tímidos se protegen con la roca dura, para que no pueda entrar nadie.
¿Quién no sabe que sexo y calor están condenados a entenderse? Por eso el bronceado, la ropa de menos y el ruido de las olas se alían para convertir a la playa en uno de lugares más eróticos del verano. Sobre todo por la noche, cuando el lado oscuro invita a perderse a los más trasnochadores. Conforme avanza la noche los rangos de edad aumentan. Los más jóvenes, los que empiezan a sentir curiosidad por la sexualidad, eligen la playa para hacer botellón cuando el sol cae. Llegan con adolescentes de su misma edad y, aquél que consigue tontear con alguna, pone cualquier excusa para perderse por alguna duna y conocerse un poco más a fondo. Aunque no suelen pasar de los besos y simples caricias.
Conforme la noche va pasando, los grupos se dispersan y toca el turno de las parejas. La hora máxima concentración suele coincidir entre las 4 o las 5 de la madrugada. Viernes, sábado y domingo las playas se llenan hasta la bandera. La hora, el viento, la noche y el agua parecen ponerse de acuerdo para elevar a la misma intensidad tanto a hembras como a varones. Arriba las faldas y puestos los condones, a pocas parejas les intimida compartir ‘colchón’ con otros foráneos que deciden tomarse la ‘última’ copa en el mismo bar.
Una vez ya entrados en materia, ellas prefieren hacerlo en el agua. Si está muy fría, a ellos les cuesta ‘concentrarse’. Por eso se quedarían tan a gusto en la arena. A las mujeres les incomoda más que la arena se le cuele en el trasero y, si las que deciden son ellas, eligen los sitios rocosos. Ellos tampoco niegan el gusto que da cuando la marea sube y los baña sin avisar.
Por eso no comparto la nueva idea que ha levantado el Ayuntamiento de Tossa de Mar, en Girona, de prohibir alcohol, sexo y despedidas de soltero en la playa. Así, sin anestesia ninguna. Es una nueva ordenanza de convivencia aprobada por el Ayuntamiento que ha indignado a toda la comunidad. Así que tened cuidado este verano. Si quiere mantener un encuentro sexual en la playa de este municipio, sepa que la broma le puede salir por entre 600 y 1.500 euros. Y no es cachondeo. Llegados a este punto, la única pregunta que se me escapa es: ¿habrá tenido alguna vez el alcalde de Tossa el placer de experimentar un orgasmo sobre el oleaje de las playas de su localidad?
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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