TENDENCIAS
Baltasar Garzón, Manos Limpias
@Juan Carlos Escudier - 30/05/2009
Sobre Garzón se acumulan las evidencias. Es evidente, por ejemplo, que el juez no ha pasado del capítulo dos del manual de cómo hacer amigos, y de ahí que la admisión a trámite por parte del Supremo de una querella en la que se le atribuye un delito de prevaricación haya causado el lógico alborozo a derecha e izquierda, porque en lo de lograr animadversiones hay que reconocerle una imparcialidad ejemplar. Es evidente también que su capacidad como instructor es manifiestamente mejorable o que su afición a ver su nombre impreso en las portadas supera a la promiscuidad de Mesalina, que en lo suyo era un portento. Mariano Sánchez Soler, periodista y autor de Baltasar Garzón. Tigre de papel (Foca. 2006) llegó a contabilizar las veces que su nombre fue citado entre 1988 y 2005 tanto en los despachos de la agencia Efe como en las ediciones impresas de El País y El Mundo (no se recogen datos de este último diario entre 1989 y 1993). La cifra es apabullante: Garzón fue mencionado en 39.768 ocasiones. ¿Quién da más?
No ya evidente sino indiscutible es que estamos ante un sujeto egocéntrico, cuya tendencia a ocupar el centro del escenario es inagotable. El narcisismo del personaje quedaba reflejado en un detalle menor con el que el periodista concluía su libro. El 2 de junio de 2005 un encapuchado arrojó un artefacto incendiario contra un coche aparcado a la puerta del domicilio del magistrado. Las llamas se extendieron al coche del escolta del juez, que en ese momento se encontraba en Nueva York disfrutando de su archifamosa beca de estudios. La policía descartó la autoría de ETA pero el juez pensaba de manera diferente: “El ataque contra mi casa estaba bien planificado porque la persona encapuchada entró por la única vía de acceso a la calle y arrojó la gasolina directamente sobre dos coches concretos, sin importarle los otros vehículos. Sabía perfectamente adónde iba. Se trata de una advertencia...”. Días después, era detenido un joven de 23 años, David, que había sido novio de la hija mayor de Garzón. Se trataba de un despecho de enamorado contra la chica, que se había vuelto a emparejar. Garzón no podía imaginarse ajeno a un episodio, del que forzosamente debía ser protagonista.
Pero existen más evidencias. Es evidente, por ejemplo, que el ultraderechista Manos Limpias y su secretario general, Miguel Bernad, ex dirigente de Fuerza Nueva, no forman parte del club de fans del juez campeador, tal y como muestran las intentonas que, desde hace más de una década, ha impulsado el supuesto sindicato para apearle del machito. Las higiénicas manos de Bernad le han denunciado por prevaricación y usurpación de funciones, por dilación en las investigaciones sobre la Expo, por la filtración del informe médico de Pinochet, por no abstenerse en la instrucción sobre los GAL, por manifestarse contra la guerra de Iraq, por ensalzar a Zapatero y, reiteradamente, por el caso del ácido bórico y por la investigación del supuesto chivatazo a ETA en plena tregua. En el tema que nos ocupa, primero denunciaron la prevaricación y, mejor aconsejados, terminaron por interponer la querella que ahora ha sido aceptada a trámite. Quizás lo anterior no sea una persecución, pero se le parece.
Lo que resulta menos evidente, con todos los respectos al criterio a la Sala Segunda del Supremo -donde tampoco Garzón despierta gran entusiasmo- es que esta vedette de la judicatura, instructor deficiente, y ególatra compulsivo haya prevaricado en la investigación de las desapariciones de la Guerra Civil y el franquismo, por mucho que la Sala de lo Penal de la Audiencia determinara su incompetencia sobre el caso.Según la doctrina del propio Tribunal Supremo, la prevaricación judicial está integrada por dos elementos: uno, el objetivo, que hace referencia al hecho de adoptar una resolución injusta, entendiendo por injusta que dicha resolución no se encuentre dentro de las opiniones jurídicamente defendibles; esto es, que carezca de toda interpretación razonable y sea exponente de una clara irracionalidad. El segundo, el subjetivo, precisa que sea dictada “a sabiendas”, con conciencia de que la resolución adoptada se aparta del principio de legalidad y de las interpretaciones admisibles en derecho.
Previamente al proceso por prevaricación seguido contra al juez Gómez de Liaño -que sí que era amigo de Garzón y compartía con él tertulia en Lhardy antes de que Don Baltasar le pusiera a los pies de los caballos-, la jurisprudencia del Supremo era diáfana al respecto. Para que diera el elemento objetivo de la prevaricación, el magistrado debía dictar una resolución “tan grosera, esperpéntica y disparatada que pudiera ser apreciada por cualquiera”. Pero con Gómez de Liaño -que consiguió en 2008 que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo reconociera la parcialidad de sus juzgadores-, el Supremo consideró que bastaba para prevaricar que la pieza judicial no resultara “de ningún método o modo aceptable de interpretación del Derecho”.
Ya sea de una forma o de otra, no parece que concurran estas circunstancias en la instrucción de Garzón, y para ello basta con leer el voto particular que tres magistrados de la Audiencia Nacional -José Ricardo de Prada, Clara Bayarri y Ramón Sáez- formularon contra la decisión de incompetencia decretada por la Sala de lo Penal, salvo que también se considere que estos tres jueces son esperpénticos y disparatados, o que interpretan el Derecho de manera inaceptable.
Los citados magistrados aportaron razonamientos bastantes para sostener que Garzón actuó con arreglo a la ley ante “los hechos con relevancia penal más graves -por su intensidad y extensión- que se han presentado ante la jurisdicción española”, constitutivos, opinaban, “de crímenes contra la humanidad y de crímenes de guerra”. Los discrepantes aportaban diversos criterios para apoyar la competencia de Garzón sobre la causa, entre ellos los siguientes: la Audiencia es competente en relación a hechos cometidos por “personas integradas en bandas armadas o relacionadas con elementos terroristas o rebeldes”; parte de los crímenes de desaparición forzosa de niños hijos de los defensores de la República se cometieron fuera de España; asimismo, debía aceptarse la competencia tanto por tratarse de un crimen contra la humanidad de persecución cometido por grupo armado como por tratarse de un delito de terrorismo en el contexto de crímenes de guerra.
Respecto a las burlas que sufrió Garzón con su petición de certificados de defunción de algunos de los incriminados -entre ellos el propio Franco-, estimaban que resultaba precipitado aceptar que todos los imputados están muertos. “¿Acaso alguien -se preguntaban- puede afirmar con certeza que han muerto las personas a las que se pudiera atribuir indiciariamente responsabilidad por los crímenes contra la humanidad, por desaparición forzosa de adultos y de niños y de persecución, ejecutados hasta los años cincuenta, incluso posteriormente, y por diversas modalidades de posible participación delictiva?”.
Pero es que, aun considerando que Garzón hubiera aplicado la ley de una forma que no resultara “de ningún método o modo aceptable de interpretación del Derecho”, el Supremo se enfrentaría a sus propias contradicciones, según resaltaba el catedrático de Derecho Penal Enrique Gimbernat en un artículo publicado en El Mundo en agosto del pasado año: “Desde la sentencia condenatoria de Gómez de Liaño de 15 de octubre de 1999 el TS ha tenido ocasión de examinar en casación, no una ni dos, sino, por lo que alcanzo a ver, más de 40 sentencias de distintas Audiencias Provinciales, cuyos fallos vulneraban abiertamente disposiciones imperativas de nuestras leyes procesales y penales y, muy especialmente, el principio de legalidad (es decir: fallos en los que se aplicaba la ley en contradicción con cualquier método aceptable de interpretación del Derecho), en cuanto que se imponían penas superiores a las legalmente previstas, sin que, a pesar de ello, el TS haya considerado que esas sentencias de instancia eran constitutivas de prevaricación, porque, si lo hubiera estimado, obligatoriamente habría tenido que promover la incoación de un procedimiento penal por prevaricación contra los magistrados provinciales”.
A partir de aquí pueden extraerse las conclusiones que se estimen oportunas. Lo peor de la admisión a trámite de la querella de Manos Limpias no es la suerte que pueda correr Garzón, al que se supone muy capaz de defenderse, sino el mensaje que se transmite al resto de jueces y magistrados: si alguien osa atreverse a enjuiciar los crímenes de la dictadura -que, posiblemente, ya han quedado sin sede en la jurisdicción española- arriesga su carrera. Y eso es algo más que una injusticia.
Opiniones de los lectores (33)
33.
zaloolmos»03/06/2009, 19:47 h.
Debo insistir:el pernicioso ejemplo que representa la chuleria,la apariencia de permisibilidad absoluta,la representacion de roles de cuasi divinidad,en definitiva un conjunto de actitudes engreidas que a menudo ofrece Garzon, se generalizan gremialmente en la mayoria de los jueces.La indebida atribucion al "colectivo judicial" de la falsa caracterizacion de constituir un poder politico, no basado en la eleccion democratica por el pueblo debe ser denunciada.No cabe el reconocimiento de la consideracion de titularidad de ningun poder del estado si no surge de la necesaria eleccion por el pueblo.No estamos cuestionando la preparacion de los funcionarios jueces españoles,semejante a la de otros funcionarios tanto de la administracion publica como de los organos legislativos.Lo que se plantea es la necesaria consideracion de que los repetidos jueces deben depender en su ejercicio,funciones y situaciones del organo al que se le atribuyan los poderes politicos derivados de la necesaria separacioo con los otros dos poderes del estado [legislativo y ejecutivo].Y por descontado: el poder judicial asi concebido,debera surgir de la eleccion popular.
32.
Carmen F»02/06/2009, 12:49 h.
Párrafo 4º: "... con todos los respectos al criterio a la Sala Segunda del Supremo ..." ¿qué significa esa frase?: NADA... palabras huecas. Por otra parte es Vd un manipulador, el mensaje que se transmite a los jueces no es que "si alguien osa atreverse a enjuiciar los crímenes de la dictadura ..." el mensaje sería: si alguien osa saltarse leyes como la de Amnistía ya invocada anteriormente por él mismo en sentido contrario, o la de Memoria Histórica, debe ser sancionado. Por otra parte dice Vd.:“¿Acaso alguien -se preguntaban- puede afirmar con certeza que han muerto las personas a las que se pudiera atribuir indiciariamente responsabilidad por los crímenes contra la humanidad..." oiga, seór periodista, ¿acaso tiene Vd duda de la muerte de Franco? ¿acaso la puede tener Garzón después de presenciar un funeral de Estado y de que se cumpliera la sucesión programada? no diga Vd tonterías, no diga que un delito es menos delito dependiendo de quien haga la denuncia o de quien sea el denunciado, de si luce marchamo socialista o de la derecha. Recuerde Vd. que el socialismo ha cometido mas asesinatos que el nazismo
31.
raf»31/05/2009, 19:37 h.
Patético Escudero:
Cuando comencé a leer creí que por fin habías decidido empezar a ser honesto y dejabas de servir SER-VIL-MENTE a tus amos, pero conforme avanzaba en el ¿artículo? me dí cuenta de tu tamaña desFACHAtez y poca vergüenza. Para la PIARA que se alimenta diariamente en el pesebre del panfleto PÚBLICO está bien, pero aquí no nos tomes por imbéciles.
Lástima que seas feliz siendo una pluma al SER-VICIO del Régimen Fascista que pretente instaurar ZetaParo I de las Ex-pañas. [Tendrás que competir con Casado, M.A. Iglesias, Dapena, Esther Jaén o Goebbelsondo por la Cartera del Ministerio de la Propaganda y/o Verdad Institucional].
Ya compruebo que no aspiras a ser Bufón [oficio MÁS DIGNO que el tuyo actual]. Sigues sin escribir ni una sóla palabra que pudiera interpretarse como una ataque -dialéctico- a tu amado Líder. ¡Menudas tragaderas!
:/
30.
ptolodigocomoquiero»31/05/2009, 15:14 h.
Pero hombre, Escudero, parece que mientras estabas escribiendo se te caía la baba...¿Que los 5 jueces quieren advertir a cientos que ojo con el franquismo? Si hasta me parece mentira que eso se pueda escribir sin tener la cabeza llena de mierda...
Garzón [y sus tropa] son un peligro para la justicia española. Pavor me daría que algún asunto mío cayera en sus manos. Han conseguido meterme miedo. Son los peores dictadores: disfrazados de jueces, imponen su checa particular.
No son Quijotes y tú su escudero: son Checotes y tú su propagandista. Dais miedo.
29.
desmond pelote»31/05/2009, 10:54 h.
Escudier, la evidencia definitiva: dígame usted el nombre de un juez extranjero [británico, alemán, francés, americano]. No vale el extraordinario Di Pietro de Mani Pulite. No hay nadie. Eso debería hacerle reflexionar: Garzón es un freak en la carrera judicial aquí, y en cualquier parte del mundo[y a su sombra,desgraciadamente, cada vez aparecen más en España]. Ese es el mensaje correcto que se extrae de este episodio: basta de vedettes, basta de payasadas, basta de malgastar el dinero del contribuyente.
Este tipo solo desea los focos. Sabe que internacionalmente solo es noticia el procesamiento a Franco, no el de Carrillo por Paracuellos. Retuerce la ley hasta lo que él considera que puede impunemente, pero esta vez se ha pasado. La justicia para él hace ya mucho tiempo que dejó de ser un fin en si misma: ahora solo es un medio para alcanzar esos objetivos que él debe considerar tan merecidos: la fama, el dinero, el aplauso de la secta, la cúspide del Poder Judicial, y por encima de todo, el Nobel...
Este proceso no llegará a nada, pero si significa el principio del fin del vanidoso bon vivant, el dinero lo doy por bien gastado.
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Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.
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