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Juan M. Fdez - 29/05/2009
Mónica Naranjo. EFE
Hace menos de un año Mónica Naranjo llenaba el Palacio de Deportes de Madrid con su gira Stage en la que presentaba su primer disco en siete años, Tarántula. Pero aquel lleno no fue reflejo del sentir de muchos seguidores de la cantante, que salieron en parte decepcionados por la brevedad del mismo y la excesiva utilización del público para cantar algunas estrofas de sus canciones.
Ayer la historia era otra. La Pantera de Figueras volvía a la capital de España pero acompañada de una banda sinfónica y un coro. Olor a incienso, música clásica, ambiente sereno, un marco que no podría hacer presagiar a cualquiera que pasara por el Palacio de Congresos de Madrid que allí fuera a cantar la solista catalana.
“Grandes teatros llenaba mi voz”, decía Naranjo en la primera canción del concierto, Europa. Y así era. Sólo hizo falta esa primera canción para descubrir que la cantante sería interrumpida en varias ocasiones a lo largo de la noche por la genial interpretación de sus clásicos en modo sinfónico.
Aquel público decepcionado por aquel concierto de hace un año se sentía recompensado en cada nueva interpretación. Aplausos a mitad de las canciones, ovaciones, piropos que hacían adivinar que parte del público olvidaba que estaba en un teatro y no en un estadio, y hasta el cumpleaños feliz.
La cantante se reconciliaba con su público y agradecía que siguieran ahí después de siete años de silencio. Diecisiete canciones, diecisiete nuevas formas de entonar unas canciones que suelen hacer bailar a más de uno en la discoteca, pero que ayer dejaron pegados en el sillón a sus seguidores.
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