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Lunes, 25 de mayo de 2009

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Un paseo por el embrión olvidado de la evolución

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Un paseo por el embrión olvidado de la evolución

Juan Palop (Efe).- 25/05/2009

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La isla de Ternate, escenario de las Molucas donde el naturalista galés Alfred Wallace acuñó el concepto de selección natural que compartió con Darwin, reclama su papel fundamental en la Teoría de la Evolución, en el bicentenario del nacimiento del autor de El origen de las especies. Wallace (1823-1913) dedicó ocho años de su vida al estudio de la peculiar flora y fauna de esta pequeña isla del norte de Indonesia, lo que le llevó a ser el primer científico en definir el principio de la Selección Natural.

El galés comunicó sus teorías por carta a Darwin, quien estaba investigando en el mismo sentido y que hasta ese momento no se había atrevido a hacer públicas sus conclusiones por miedo a que le tomaran por loco en una sociedad dominada por el cristianismo. La carta de Wallace fue el impulso que necesitó Darwin para hacer públicas sus ideas, junto con las del naturalista galés, ante la Linnaean Society británica, en una reunión que se celebró el 1 de julio de 1858 y que supuso el punto de partida para el desarrollo de la Teoría de la Evolución. Ninguno de los dos expertos asistió a esa reunión y Wallace ni siquiera se enteró de lo que había pasado hasta meses después ya que se encontraba precisamente en las Molucas.

"¿Se refiere al señor Wallace?", pregunta con asombro el responsable de la aletargada oficina de Turismo de Ternate, Arti, que como muchos indonesios responde a un sólo nombre. "Todos conocemos a Russell Wallace en Ternate", afirma con convencimiento Arti, que ha participado en varios estudios y actos sobre el naturalista. "Pero, fuera de aquí, no se acuerdan casi de él. Darwin le robó todo el protagonismo", se lamenta a continuación.

Efectivamente, en este 2009, declarado año de Charles Darwin por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura (UNESCO), poco se ha mencionado la contribución de Wallace y Ternate a las teorías del famoso biólogo británico. Aquí, una isla apartada de las rutas más transitadas y con una geografía y una vegetación indómitas, Wallace catalogó centenares de especies de plantas y animales, muchas de ellas endémicas.

Descubrió que la flora y la fauna del oeste de Indonesia difiere de forma radical de la del este, con más diferencias que las que existen entre los ecosistemas de los dos extremos del continente asiático. Así, trazó una frontera que después recibiría el nombre de Línea Wallace y que divide en dos el archipiélago indonesio entre las islas de Borneo y Célebes, al norte; y las de Bali y Lombok, al sur.

 

La línea Wallacea

 

Al oeste quedaban las especies asiáticas, que incluían monos, tigres, elefantes y rinocerontes; y al este, una serie de animales únicos, a camino entre Asia y Australia, incluidos raros pájaros, anfibios y mamíferos marsupiales. Esta zona intermedia denominada Wallacea tiene un área de 347.000 kilómetros cuadrados, acoge unas 10.000 especies de plantas (1.500 endémicas) y 1.142 especies de vertebrados terrestres (529 endémicos), de los que 88 se encuentran en peligro de extinción. A raíz de sus estudios, Wallace escribió varios ensayos que envió a Charles Darwin poco antes de que éste publicara su obra sobre la evolución de las especies.

Ahora, ni siquiera en Ternate quedan muchos recuerdos sobre Wallace, donde tan sólo lleva su nombre una estrecha calle cercana a la empinada ladera del imponente volcán Gamalama. "En ese lugar vivió Wallace cuatro años, aunque de la casa no queda nada. Luego, cuando enfermó de malaria, bajo a vivir a la playa", explica el responsable de la oficina de turismo.

Para promocionar la isla y reconocer la obra del científico galés, el Gobierno de Ternate tiene previsto adquirir este año el solar donde un día se irguió la vivienda del naturalista y levantar un museo que recuerde su obra y figura. Además, planea dedicar un área de al menos una hectárea a exhibir plantas y animales de los que clasificó el naturalista, característicos de la Wallacea.

Pero a pesar de la falta de reconocimiento público a las aportaciones de Wallace, su relación con Darwin fue mejor de lo que el protagonismo adquirido por el británico podria hacer pensar. En 1889 Wallace publicó un libro donde utilizó la palabra darwinismo y Darwin se encargó de que su colega contara con una pensión cuando la necesitó.

 

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