Rebeca Royo Ortiz.- 25/05/2009
Juan (nombre ficticio), ingeniero industrial de 33 años, clavaba sus ojos el viernes por la noche en la avenida, ajeno a la sorpresa que se iba a encontrar en su casa. Viajaba solo en su coche y pensaba en cómo, de la noche a la mañana, su vida había quedado tan “reestructurada” como la plantilla de su compañía. La ansiedad por no encontrar un trabajo ya pesaba demasiado sobre sus espaldas, y tenía que hacer verdaderas maniobras para cuadrar el poco dinero que ingresaba. Se acabaron las cenas con los amigos. Ni siquiera podía volver al botellón de su época estudiantil. Un domingo al mes invitaba a Carmen, su querida Carmen, al cine. Hasta que su chica le enseñó la mejor guía para seguir ahorrando: “¿Cine? Mejor follemos, que para eso es gratis”.
El sexo es uno de los planes más baratos y, en tiempos de crisis, puede convertirse en un estupendo recurso de diversión. Pero eso no quiere decir que nos vaya mejor. El deseo es el motor del sexo. Y no hace falta quedarse desempleado para perderlo. Los problemas laborales de cualquier tipo suelen afectar al deseo. Son un golpe para la autoestima. El placer nos llena de energía, nos sube el ego y nos ayuda a sentirnos más felices.
Es mejor enfrentarse a las adversidades de la vida, las que caen por defecto o las que nos buscamos, con optimismo. ¿No hay dinero y tienes que apretarte las tuercas? Apretémoslas. Pero no hace falta renunciar a la posibilidad de disfrutar de los placeres de la vida porque la crisis no entiende de ellas. Y de sexo, mucho menos.
Es cierto que estar en el paro o sufrir baches económicos afecta al apetito sexual. Pero el hacerlo más, igual o menos que antes depende mucho de nosotros mismos. Hay quienes no tienen ánimo para ponerse en el tema. Para otros, el sexo se ha convertido en una válvula de escape. Al fin de cuentas, es gratis.
La ciencia ha demostrado que más sexo y menos sexo son las dos caras de una misma moneda: la ansiedad. El miedo, la incertidumbre, la ansiedad, en sus dosis justas, potencian el deseo. Ante situaciones estresantes segregamos adrenalina, una hormona de alerta que nos preparar para luchar o para salir corriendo. Pero también sube la libido. Y el orgasmo resulta liberador.
¿Malos tiempos para todo? Hay que sacar lo mejor de cada uno y enfrentarnos a los vaivenes de la vida con nuestros mejores recursos. Malos tiempos, qué demonios, para todo menos para el sexo. Y, si no lo creen, lean http://fontanablog.blogspot.com/2009/05/el-sexo-en-tiempos-revueltos-el-pais-es.html
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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