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Goleman propone, tras la inteligencia emocional, la 'Inteligencia ecológica'

libro

Baltasar Rebullida (Efe).- 24/05/2009

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Goleman propone, tras la inteligencia emocional, la 'Inteligencia ecológica'

Daniel Goleman, gurú de masas con libros como Inteligencia emocional, sigue buscando fórmulas de salvación en Inteligencia ecológica, un manual que llama al ciudadano a exigir la información necesaria para convertirse en un consumidor respetuoso con el medioambiente.

La vocación de Goleman siempre fue resolver problemas y ha hilado su obra a través del concepto "inteligencia", porque es "la manera más rápida de hablar de las aptitudes que tenemos para ser exitosos", explica en una entrevista telefónica desde Nueva York.

Goleman, que estudió en Harvard y colaboraba con el New York Times, había buscado desde los años ochenta las claves para "vivir sabiamente en la Tierra" inspirado en la población de Sher, un pequeño pueblo tibetano que sobrevive desde hace siglos con unos recursos mínimos pero sabiamente utilizados.

En cambio, cuando intentó ver la aplicación universal, por una vez, sintió que chocaba contra un muro difícil de superar. "Me di cuenta de que nuestra percepción no está diseñada para procesar la destrucción del planeta y eso es lo que dificulta la reacción para el cambio. No vemos las moléculas tóxicas que entran en una casa y aceptamos cambios a lo largo del tiempo que a corto plazo nunca permitiríamos", explica.

En 1993, sin embargo, se sorprendió con el caso de las grasas trans. "Al verse obligadas las empresas a hacer públicas las grasas trans, se produjo el fin mismo de estas grasas. La gente no las quería y las empresas, evidentemente, dejaron de utilizarlas". Entonces, empezó a ver la vía sobre la que trabajar en este libro, editado ahora en español por Kaidós.

El camino hacia un remedio consistente se cerró hace dos meses, con la apertura de una página web www.goodguide.com, que invita a introducir la lista de la compra para saber cuál es el impacto real de nuestro estilo de vida. "Yo veo problema de la ecología como un problema información. Hasta ahora no sabíamos el verdadero impacto ecológico de los productos que consumíamos". Después de años de destrucción consentida, "ahora por fin podemos tomar buenas decisiones", asegura, y así canalizar los impulsos ecologistas de una manera más eficaz, porque, como dice en su libro "no es verde todo lo que parece".

Infinitas las posibilidades de acción

Inteligencia ecológica no rehuye lo complicado del problema ni lo laborioso de la solución. El intrincado y globalizado sistema económico hace que "cada proceso de producción tenga centenares de puntos vulnerables de ser contaminantes", lo cual hace difícil el control, pero también infinitas las posibilidades de acción.

Existen procesos de producción tan nocivos que actividades como el cultivo de algodón o la fabricación de palomitas de maíz al microondas, que han demostrado ser perjudiciales para el funcionamiento pulmonar.

También la fabricación de un simple tarro de vidrio y el nivel de flatulencia del ganado vacuno son fuentes de contaminación que deben ser consideradas. "Creo que tardaremos más de veinte años en tomar este nuevo rumbo. Si la gente se hace consciente de lo nocivo que puede ser un producto, las empresas tendrás que reaccionar y la sostenibilidad será esencial para competir", arguye.

El primer paso lo ha dado el programa informático Earthster, en el que las empresas comparten la información sobre sus proveedores y sobre el proceder más o menos ecológico de éstos.

Equiparar la calidad y la rentabilidad

Equiparar el respeto al medioambiente a variables como la calidad y la rentabilidad es, de todas maneras, algo que empiezan a realizar algunas empresas en los países más desarrollados, pero es difícil todavía pedir ese mismo criterio a los mercados emergentes. Aun siendo consciente de esto, Goleman asegura que "el Primer Mundo sigue siendo el mayor consumidor. Si no cambiamos nosotros, no hay esperanza en absoluto".

La crisis económica, por otro lado, no le parece un momento ni mejor ni peor para la revolución. "No podemos preguntar a los Gobiernos, es una revolución de consumidor", que dispone ahora mismo de armas como el Facebook o el Twitter para difundir este mensaje.

Su lucha ve el final del camino en un periodo de veinte años, tiempo en el que el mercado habrá dado el giro hacia la sostenibilidad. Entonces, se podrá "hacer las cosas bien haciendo el bien", como titula el último capítulo de Inteligencia ecológica. "No es que sea optimista. Es que creo que la especie humanas se ha adaptado a las crisis siempre con éxito, aunque sea cuando no queda ya otro remedio", concluye.

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Opiniones de los lectores (10)

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10. usuario registrado raskolnikov»25/05/2009, 09:39 h.

#1

Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con usted. Sólo una puntualización, en lugar de pseudoconcepto, yo diría concepto pseudocientífico. Concepto inventado para consolar a aquellos que no pueden pertenecer a mensa, pero que disfrutan viendo cómo personas menos inteligentes y capaces triunfan... por ejemplo en política.

El ser humano es un ser social y esto cambia mucho la proyección social de las personas más capacitadas intelectualmente. La utilización de las llamadas "habilidades sociales" para medrar, no es sino un buen eufemismo para señalar la capacidad de adular y manipular para conseguir unos fines que no se lograrían por meritocracia.

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9. usuario registrado idusdemazro»24/05/2009, 19:52 h.

a Goleman le debo una cosa; puso nombre a unas ideas que yo y mucha gente teniamos sobre la inteligencia y la gente "inteligente" pero que eran incapaces de saber expresarse emocionalmente o que les faltaba mundo en comparacion con otros menos "inteligentes" pero si mucho mas integrados den la vida y en el medio.

a mi la idea del "violador inteligente" no me convencia pues alguien inteligente no viola; coleman supo explicarme dudas que tuve mucnos años.

en efecto, cuidar el entorno es de inteligentes,,,,y como decia la madre de Forest Gump, tonto es quien hace tonterias,,, inteligente quien hace cosas inteligentes.

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8. usuario registrado afectadísima»24/05/2009, 18:06 h.

Desgraciadamente, en épocas de dudas y zozobra, hasta re-descubrir lo evidente resulta llamativo y discutible.

Por ejemplo, empezar a tomar conciencia de que la etapa diaria de oscuridad es parte de una armonía a la que el hombre desafía, por mor de su "inteligencia", para mantener iluminados artificialmente inmensos espacios vacíos durante las veinticuatro horas [con cualquier excusa defendible o lícita]..., ¿cuánto cuesta a las energías limitadas del planeta?... ¿no implica esto un "lujo" --como el de un coche/una persona-- del que, en principio y por ahora, no somos capaces de prescindir por lo habituados que estamos a ello?... ¿No se supone que "nos" lo hemos "ganado" partiendo de cada esfuerzo personal en cada época?
Y como éste, tantos otros ejemplos de muy distintas magnitudes macro o micro.
Está claro que es muy difícil aceptar y entender que lo logrado durante milenios de perfeccionamiento "humano" pueda desaparecer o sucumbir ante su propio éxito, pero...

¿Hasta qué punto somos conscientes de las posibles equivocaciones que han marcado nuestro rumbo en la llamada evolución?... ¿algún atajo errado?

Divagando

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7. usuario registrado 25Aries»24/05/2009, 17:00 h.





Respetuosamente, Sr. Goleman, las flatulencias, sean o no del ganado vacuno, ¿dónde quedarían mejor encuadradas en la “inteligencia emocional” o en la “inteligencia ecológica?
¿Quizá tengan mitad y mitad?



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6. usuario registrado 25Aries»24/05/2009, 14:57 h.



Hola, buenas.

No debemos olvidar que la flatulencia del ganado vacuno es también fuente de contaminación que, merece ser tenida en cuenta.

Es verdad aquello de: “Más ca-- un buey que mil palomas”.

Por eso, no es necesario pedir créditos. Lo que se necesita es dejar fabricar dinero a quien lo precisa. Esto no son flatulencias.





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