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Michael Haneke busca (y merece) la Palma de Oro con 'Das Weisse Band'

Mateo Sancho Cardiel. EFE.- 22/05/2009

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Michael Haneke busca (y merece) la Palma de Oro con 'Das Weisse Band'
Haneke y los actores Christian Friedel y Ulrich Tukur. EFE

El polémico realizador austríaco Michael Haneke, director de La pianista, volvió ayer a Cannes con lo que parece caballo ganador: Das Weisse Band, cine sociológico de sobriedad escalofriante que dejó poco hueco a la sin embargo estupenda A l'origine, de Xavier Giannoli.

El festival de Cannes comienza su recta final con un sprint de categoría: dos películas prolijas -dos horas y media cada una-, hermosas y muy diferentes entre sí, pero de altísimo nivel social, filosófico y, sobre todo, cinematográfico.

Iconoclasta y revolucionario, Haneke se ha descrito a sí mismo en numerosas ocasiones como un optimista que cree que el espectador reaccionará ante los mazazos secos que propicia su cine: "Todas mis películas hablan de la violencia, reflexionan sobre su representación", dijo hoy en rueda de prensa.

Dos años después de hacer extensivo su mensaje a Estados Unidos volviendo a filmar en inglés su hiriente Funny Games (1997), con Das Weisse Band rueda en alemán -tras un prolongado idilio con el cine francés- y resuelve con precisión quirúrgica y amargura poética el retrato en blanco y negro de una comunidad alemana en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial.

El director de Escondido (2005), por la que consiguió en Cannes el premio al mejor director, se sirve de este microcosmos que parece más digno de Bergman o Dreyer para retratar "con distancia, evitando el naturalismo", las devastadoras consecuencias de los rígidos patrones morales y su proyección sobre las nuevas generaciones.

"Los principios absolutos son, en sí mismos, inhumanos y, en ocasiones, se traducen en terrorismo", reflexionó el director. "Pero no por ser Alemania estoy hablando de fascismo. Es un problema que nos atañe a todos", prosiguió.

Las obsiones de Haneke

Una vez más, Haneke sitúa una misteriosa amenaza como elemento desestabilizador de un núcleo humano de apariencia pluscuamperfecta. En sus otras películas, las más actuales, el miedo venía del exterior. Das Weisse Band se ambienta cuando la vida era más simple y endogámica, pero las miserias eran básicamente las mismas.

Das Weisse Band mantiene, entonces, las obsesiones de Haneke pero pasadas por filtro brechtiano fruto de diez años de elaboración del guión. De él toma la belleza aséptica y el barniz paralizador de esa realidad a la que hay que acercase con mirada lúcida e intelectual, escaparse de la pasión y la misericordia.

Y el resultado es una cinta de una textura fría y densa, casi irrespirable, que va sedimentando capas y capas de buen cine hasta conformar, en la contraposición de la sofisticación de sus planos y la podredumbre de sus personajes, una obra maestra de la desolación.

A l'origine

Por ello, es un gran elogio decir que A l'origine supo mantener el tipo ante su contrincante en esta octava jornada competitiva. Con ella, el francés Xavier Giannoli vuelve a Cannes tras la magnífica Chanson d'amour.

Gérard Depardieu, protagonista de aquélla, asume ahora un papel episódico y cede el papel central a François Cluzet, actor que, por su magnífica interpretación podría entrar fácilmente en el palmarés.

Su mérito -compartido con Giannoli- es dar credibilidad al proceso emocional de un mangante de poca monta que, al salir de la cárcel, se aprovecha de un pueblo con alto índice de paro y lo embauca en la construcción de una autopista.

De esa estafa inicial, y tras la ilusión que provoca en todo el pueblo la noticia, "se da cuenta de que es una gran responsabilidad que la gente crea en ti", explicó el realizador.

Por eso, el protagonista comienza a atraparse en la mentira piadosa y de ahí salta a una situación insostenible que va evitando milagrosamente su batacazo contra la realidad, pero que está condenada al fracaso.

Giannoli plasma con mano sutil la paradoja del hombre que accede a su verdad a través de la mentira y que descubre su nobleza mediante un acto criminal. Aun basada en un suceso real, A l'origine adopta el tono de fábula -realista, eso sí- sobre la construcción de las metas vitales.

"A l'origine habla del miedo a involucrarse en la vida", explicó Giannoli, que pese a todo defiende el carisma farsante de su protagonista. "Si vivimos en un espíritu de escepticismo, no podemos tener vida social ni democracia", añadió.

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