TENDENCIAS
@Nacho Gay.- 20/05/2009

Casi tuvo que salir escoltado el divo Lars Von Trier de la proyección de Antichirst en Cannes. Escandalizó el genio danés a la élite burguesa de la Croisette con su onanismo intelectual de grano fino, ese que le permite considerarse a sí mismo y sin pudor como “el mejor director del mundo”. Eyaculaciones sangrientas, ablaciones, cama, sexo, sangre… Suena bien.
Dejando de lado el sadismo del que Trier hace gala en la cinta, hace tiempo que Cannes superó el recelo al porno o erotismo de vanguardia; Visiones underground de la sexualidad y sus derivados han pisado con asiduidad la alfombra roja. Es más, suelen gustar bastante allí este tipo de cintas. En 1989, se llevó la Palma de Oro un jovencísimo Steven Soderberg con su excelente debut Sexo, mentiras y cintas de vídeo. No hay en esta película una sola escena de cama subidita de tono, aunque la carga erótica del conjunto es indudable. Remember el fetichismo inusual del protagonista, genial James Spader, o las fantasías de una ama de casa llamada Andie MacDowell.
El piano también ganó en Cannes (1993). La directora Jane Campion explora en esta cinta la sexualidad de una mujer muda de nacimiento. Todo queda entre mujeres. La mirada femenina, ya saben. Ada, la protagonista del film, accede a mantener relaciones con el señor Bainer a cambio de que éste le deje tocar su piano. Sensualidad gótica al son de las notas de Michael Nyman, cuya banda sonora vendió millones de copias. En la misma línea, Campion elaboró después otras cintas del estilo como Holy Smoke (1999) y En carne viva (2003), donde la carga erótica resultaba ya algo burda.
Pornografia 'intelectualoide'
He aquí la clave: provista de la parafernalia de la intelectualidad parece que la pornografía es menos pornografía. La crítica sólo castiga el exceso. De hecho, los mismos que ahora critican a Von Trier por Antichrist, aplaudieron en 1996 Rompiendo las olas, una cinta estremecedora, maravillosa, que tiene imágenes de alto contenido sexual y que se alzó con el Gran Premio del Jurado en Cannes. Trier siempre ha sido un erotómano en potencia, como ya demostrara también en Los idiotas, que por cierto también pisó la alfombra roja de la Croisette en 1998.
Desterrada del 'estricto' Hollywood, poco amigo de lo políticamente incorrecto, la pornografía blanda ha quedado enclavada dentro del cine de autor por exigencias del guión. Es cierto, en cierta ocasión vimos a Jessica Lange sobre la mesa de una cocina en El cartero siempre llama dos veces (Bob Rafelson, 1981) y también vimos la entrepierna de Sharon Stone en Instinto Básico (su director, Paul Verhoeven, es otro erotómano empedernido). Pero vimos poco más por la mirilla de la meca del cine.
Sin embargo, el cine de autor ha recurrido con asiduidad al erotismo en estos últimos años. Ejemplos hay muchos. Desde las incursiones tardías de clásicos como Antonioni (Más allá de las nubes, dirigida junto a Wim Wenders) o Bertolucci (Soñadores, 2003), a la aportación de realizadores más jóvenes como Michael Winterbottom (9 songs, 2004), Paul Thomas Anderson (Boogie Nights,1997) o el mexicano Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, 2001).
La 'ardilla' de Medem
Uno de los directores que mejor ha aprovechado la materia ha sido sin duda Wong Kar-Wai, cuyo erotismo contenido tiene su máxima expresión en Eros, una película compuesta por tres cortometrajes: uno de Antonioni, uno de Soderberg y el mejor, sin duda, del director honkonés.
Mención aparte merece la cinta Eyes Wide Shut, la última que dirigió Stanley Kubrick. Cine insólito y provocador que suscitó todo tipo de comentarios en torno a la interpretación de Tom Cruise y Nicole Kidman, sus escenas de cama y el contenido perturbador de la historia. Kubrick quiso hacer la película definitiva de cada género. Y casi lo consigue.
Por cierto, Kubrick recomendó a Julio Medem para dirigir La máscara del zorro, tras ver su película La Ardilla Roja, pero éste dijo que no. Prefirió el director español seguir haciendo películas como Tierra, Lucía y el sexo o Caótica Ana, con el erotismo como clave maestra. Pronto estrenará Room in Rome: dos chicas (Elena Anaya y Natasha Yarovenko), una cama y nada más. Aranda, Bigas Luna o Almodóvar también han trabajado la materia. Las primeras películas del manchego que llegaron a Estados Unidos se calificaron de pornográficas, limitando su exhibición. Así que no es de extrañar que en Cannes también se escandalicen de vez en cuando. La posmodernidad y la ‘autoría’ es lo que tienen, que de vez en cuando escandalizan.
Fotografías: El piano (Jane Campion, 1993), Rompiendo las olas (Lars Von Trier, 1996), Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999).
Opiniones de los lectores (2)
2.
vixente»20/05/2009, 15:09 h.
bueno y aparte de la incogruencia de la crítica de cine en general y tuya Nachete en particular y de que ha indignado a los "burgueses" ¿qué tal es la película?.
un saludo.
1.
elcoz»20/05/2009, 11:48 h.
Exclusivamente femenino y de placer infinito; el desconocido PUNTO 'U'.
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