Absorbente encuentro con la pérdida
Dejemos a un lado el oportunismo comercial de esta novela enfocada a venderse en torno al Día de la Madre. También evitemos fijarnos en la manera en que se ha editado, como si se tratase de una autora a estilo Rosamunde Pilchner u otra bestsellerista -aunque en este caso haya detalles de su prosa que nos confundan-. Mamá, cuyo título original es Missing Mom -la edición española olvida el drama anticipado: missing (desaparecida)-, es otra obra de calado de Joyce Carol Oates, prolífica autora y eterna candidata al premio Nobel.
En esta ocasión habla de la pérdida humana y la necesidad de reinventarse tras ella. Su protagonista es una treintañera llamada Nicky, la pequeña de dos hermanas y la hija rebelde que se tiñe el pelo de violeta y sale con un hombre casado. Tras asistir a la traumática desaparición de su madre, intentará comprender las razones vitales que hacían a su progenitora ser como era, todo gracias a los secretos que le van revelando los que la conocieron.
Oates confunde al lector. La brillantez con la que narra el suceso trágico central –la violencia siempre está presente en la obra de la autora-, casi una escena de terror que sabe transmitir toda la confusión del momento; la agudeza con la que describe la sociedad norteamericana, la credibilidad de sus diálogos, no impide que por momentos se mueva cerca de la sensiblería. Algún pequeño capítulo así nos lo muestra, llegando a incidir demasiado en el drama sin que la historia termine de avanzar como hasta el momento ha hecho -a base de prodigiosos saltos temporales a distintos momentos del pasado: su niñez, su adolescencia, terrenos que Oates domina con precisión-.
Perdonando sus pequeños deslices, Mamá es una novela absorbente en la que sus personajes femeninos están tratados con una delicadeza extrema. Un texto en el que su protagonista logra seducirnos con sus pequeños pensamientos, con sus intentos de construirse una identidad fuera de su madre, y en su acercamiento a ella a través de sus recuerdos cuando ya no la tiene a su lado.
La escritura en primera persona ayuda, sin duda, a la cercanía de un personaje que hasta llega a interpelar al lector: “Este es mi secreto, te lo estoy revelando ahora”. También la manera tan limpia en la que pasa de una escena a otra en ese espacio temporal que recorre un año en la vida de la protagonista. Así llegamos al final, que es la promesa de que todo sigue adelante, y de que la pérdida, muchas veces, es encuentro.
Mamá. Ed.
Opiniones de los lectores (1)
1.
virginia wolf»16/05/2009, 17:35 h.
Que gran verdad, la de Umberto Eco, y que injusta es la sociedad, cuando hay, una o más mujeres que sobresalen en el hermoso mundo de la literatura, que poco le apoyan aquellos, [Que por envidia machismo]Niegan la grandeza, desde Gabriela Mistral,antes lo fue Selma Lagendor, pocas son las mujeres de valía que conquistan un nobel, cuando hay tanto hombre-nobel que no se lo merececia, en mente de muchos están muchos de estos nombres, que solo por educación, no voy a nombrar, se descubren enseguida.
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