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Colmado de placeres en Can Ravell

Colmado de placeres en Can Ravell

@Matoses - 08/05/2009

Hablar de Barcelona estos días es un tema recurrente. Ya sea porque mañana sábado y el domingo se celebra allí el Gran Premio de Fórmula 1 o por el inconmensurable juego del equipo blaugrana, la Ciudad Condal está en boca de todos. Regocijándome en lo obvio, nuestro protagonista de hoy es el histórico (y semi secreto) CAN RAVELL, uno de mis rincones de cabecera en la ciudad mediterránea.

Hace 80 años, Ignasi Ravell abrió un colmado donde el público podía encontrar todo tipo de productos alimentarios para comprar o llevar. El tiempo y la firme convicción del propietario convirtieron CAN RAVELL en una referencia donde se despachaban los más delicados productos internacionales. Los años fueron pasando. La guerra, la transición, el IVA, la informática, la entrada en Europa... Hasta que el 20 de noviembre de 1994 falleció el patrón de tan insigne ultramarinos. Como era de esperar, su hijo Josep, aquel chaval que iba de casa en casa sirviendo canelones a los clientes, se puso al frente del negocio. Y claro, ahora el pequeño Josep es ya Don Josep.

Cuando uno entra en el establecimiento de la calle Aragón tiene la sensación de cruzar el umbral del tiempo, de trasladarse a una ingenua época donde la oferta de los productos considerados de lujo era bien diferente a la actual. Aunque muchos de ellos siguen inmunes al paso del tiempo, como el laterío variado, las botellas de los espirituosos más exclusivos, la más jugosa charcutería y el mejor jamón ibérico, caviar, foie, cangrejo real, trufa negra, chocolates, aceites, quesos...

En definitiva, los afanosos gastrónomos encontrarán en las ordenadas estanterías de CAN RAVELL un paraíso inventariado en el sencillo imaginario de la memoria. Pero no todo queda ahí: La parte trasera de la tienda esconde una mesa corrida para pocos comensales. Y subiendo una enigmática escalera de caracol (tras cruzar la minúscula cocina), descubrimos otro sugerente salón con envolvente y familiar atmósfera.

¿Qué acontece en esas mesas? Se materializa -nada más y nada menos- que una sencilla y perfectamente articulada comunión entre amantes del mejor producto y las elaboraciones que proceden de la cocina del sensato y determinante Jesús Benavente.

Una cocina espontánea y sugerente que recupera su condición clásica y que rinde máximo respeto a la materia prima. El trabajo de Benavente en CAN RAVELL nos ofrece una retahíla de adictivas recetas que van desde los guisantes de Llavaneras con butifarra a los garbanzos con chorizo picante. El tratamiento de los huevos y los arroces es sobresaliente. Misma suerte corren los potajes, los guisos tradicionales catalanes, las setas, la caza (salvo el de Seiji Yamamoto en su RYUJIN, no recuerda este goloso un pichón tan insuperable) y los pescados. Por supuesto, para aquellos que no tengan preocupaciones con una cuenta abultada, en temporada siempre tendrán disponible productos como el tuber magnatum, angulas o caviar.

Capítulo aparte merece la pasión que se siente en esta casa por la carne de buey de trabajo (auténtico, doy fe). Tanto, que cada año sacrifican un ejemplar de enormes dimensiones procedente de los campos del País Vasco. Con la carne resultante del despiece elaboran numerosas propuestas, como por ejemplo la más suculenta hamburguesa que jamás haya rozado sus gaznates.

Tampoco acaba aquí la cosa. Emulando a PINOTXO, la famosa barra de La Boquería, CAN RAVELL abre desde hace unos meses al amanecer para ofrecer apetitosos desayunos. Allí, los madrugadores más hambrientos encontrarán desde bocados ligeros hasta los suculentos callos, pies de cerdo o huevos fritos con foie. En cualquier época del año.

Pero no se agobien. Dejen que Don Josep les provoque de viva voz con su listado de platos del día basados en la narcisista cesta de la compra que temporada a temporada tanto nos gusta. Si quieren probarlo todo, las medias raciones bien podrán servirles de inevitable cómplice en su aventura. Y no duden en probar los postres, perfectamente ejecutados y basados en el legítimo recetario de las abuelas.

Para acompañar la comida, vinos de Champagne, cavas, blancos y negros de Cataluña, España y Francia copan una carta donde Ravell, fiel admirador de Didier Dagueneau, mantiene cuatro de sus referencias al precio habitual sin haberlos incrementado de forma oportunista (Silex, Pur Sang, Buisson Renard y Blanc fumé de Pouilly). “Él nunca lo hubiera hecho” comenta cariacontecido acerca del malogrado genio de la biodinámica. Para abordar estos inciertos tiempos, Don Josep  ha tenido que tirar de la creatividad y el sentido común que proporciona haber estado toda la vida tras el mostrador. Prueba de ello es que sus botellas de Petrus se codean con notables referencias rebajadas al umbral de los 20 euros.

Misma suerte corren las propuestas de cocina, pues encontramos platos que sin perder su necesaria personalidad, no pasan de los 12 euros. Sin lugar a dudas, elaboraciones escogidas como embajadores para la evangelización de sus clientes. Y para los que deseen una aventura sípida pero comedida en bolsillo, pueden decantarse por el menú de tapas compuesto por siete frías, siete calientes y cuatro postres. Todo por unos 35 euros por persona y eso que en esta casa no se aceptan propinas.

Y algunos consejos para acabar: Llamen antes de ir, puesto que los horarios son tan caprichosos como oportunos. En sí constituyen toda una declaración de intenciones: Cocina abierta siempre, desde el amanecer hasta la tarde; cenas sólo los jueves y viernes; y los sábados abiertos únicamente hasta las seis de la tarde. Por último: si les gustan los habanos, recréense con una de las mejores cavas de España y fumen a placer mientras disfrutan de la conversación con otros comensales en las mesas corridas de CAN RAVELL. Tal vez sea yo su compañero de taula...


CAN RAVELL
Aragón, 313 – Barcelona 08009
93.457.51.14
CCM: 15,75/20
65€
A, V y AdV: A.K. Damm y Buisson Renard 03 de Didier Dagueneau (Blanc fumé de Pouilly)

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 1 COMENTARIOS

1 .- Es muy bonito lo que has escrito del Ravell. Me lo tomo como algo personal.Ya ves,lo leo un poco tarde.
Que grata sorpresa ha sido leerte.

laurita80

20/11/2009, 12:27 h.

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"El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga alguien para compartirlo".

Groucho Marx

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(*) La foto que ilustra Cuaderno Matoses corresponde al sistema de poleas creado por Bittor Arginzoniz para su restaurante, Etxebarri.

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