Las cámaras que sobrevivieron al comunismo
Tres de los modelos de Lomo.
@María José S. Mayo.- 06/05/2009
En esta época de digitalización del arte, se vive un auge en la recuperación de formatos que parecía que iban camino de la desaparición. En la fotografía, el celuloide se resiste a desaparecer gracias a muchos defensores. Una parte importante de ellos son los que adoran las cámaras Lomo y sus multiples posibilidades a precios muy competentes.
Su historia comienza en 1982, cuando Panfiloff, director de la factoría soviética de armamento y de óptica Lomo, copió una mini cámara japonesa que el Ministro de Defensa y de Industria depositó sobre su mesa. El objeto se mejoró y pronto pasó a formar parte de la vida diaria del pueblo: todo comunista con una buena posición poseía una Lomo Kompakt Automatic. Después pasaron a venderse a sus países socios, pero en unos años perderían popularidad por culpa de unas cámaras más baratas importadas de Asia.
Cuando su fama decaía a principios de los 90, unos estudiantes vieneses de viaje por Praga la descubrieron y a partir del conjunto de impactantes imágenes que obtuvieron con el aparato empezaron a extender el uso de las cámaras, logrando que no se dejasen de fabricar. Poco a poco se añadirían características especiales como las que hoy podemos encontrar.
De materiales sencillos y poco sofisticados, estos aparatos son una auténtica golosina para los aficionados a la fotografía que buscan prestaciones diferentes a las de sus cámaras habituales. Fotos sobreexpuestas, colores más vivos, imágenes que recogen 170 grados de un motivo, que realizan 4 o 6 imágenes de una misma cosa. Hay cinco variedades en la actualidad: la Diana+ es la más conocida, pero también están la Lomo L-CA+, la Fisheye, la Holga y las más divertidas de la familia: las de secuencias.
Panorámicas con varias fotos
La Diana + es una fiel reproducción de la cámara de plástico clásica de los 60, que tenía lente de plástico, dos velocidades de obturación, 3 aperturas de diafragma y foco manual. A esta base le han añadido la posibilidad de añadir una lente removible con una apertura micro-enana para poder convertirla en cámara pinhole. Además, permite hacer panorámicas con varias fotos y casi sin costuras.
La Lomo L-CA+, la más cara (su coste aproximado es de 250-300), posee una lente multicapas Minitar 1 32/2.8 y trae como novedad la posibilidad de múltiples exposiciones, amplía la sensibilidad de la película hasta 1600 ASA e incluye cable disparador.
La Fisheye como su nombre indica tiene una lente de ojo de pez que le permite captar todo lo que te rodea en un ángulo de 170 grados. Posee muy buena saturación de colores y conseguidos contrastes. La Holga permite hacer dobles exposiciones, mientras que las de secuencias sacan cuatro o seis fotos sucesivamente de un mismo motivo.
Las mejores cámaras de segunda mano de lomo se pueden encontrar en Moscú, en el mercadillo Izhmailovo, donde muchos aficionados las buscan con fruición. Pero para los entuasiastas que no hayan podido moverse por la capital rusa, este jueves se inaugura en Lomography (Argensola, 1c, Madrid) una exposición en la que un grupo de conocidos personajes de la cultura y la sociedad han personalizado cámaras del modelo Diana+, a la vez que han realizado con ella una serie de instantáneas muy personales. Del resultado tienen un adelanto en el siguiente álbum.
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