Envidiada por muchos compañeros de profesión que le llaman constantemente para darle la enhorabuena y su apoyo, la periodista Samantha Villar y su equipo de 21 días han conseguido atraer a la audiencia (20% de share y dos millones y medio de espectadores en su última entrega sobre un poblado chabolista) con sus reportajes de “retrato social”.
“Es una gran noticia para el periodismo en general. Me da la impresión que estamos abriendo un nuevo camino para el periodismo, para la sociedad, abandonando los prejuicios”, comenta la periodista en una entrevista con El Confidencial.
Curtida en los informativos territoriales de Cataluña y habiendo explorado el reporterismo en España Directo, Villar explica el éxito de 21 días. “Mi papel es un vehículo de empatía. Hemos tenido mucha información sobre distintos temas pero poca empatía. La gente se está dando cuenta de los problemas y reflexiona”.
Y es que, basándose en la película Super Size Me, el programa nació con la idea de mostrar todo aquello que es desconocido para el espectador. “Se había visto mucho con imágenes preconcebidas, pero teníamos que enseñar cosas que no se habían visto nunca antes”, dice Villar.
Precisamente el tema que trata esta película es el único límite, “light”, enfatiza, que ha tenido a la hora de abordar los distintos temas que se le han propuesto. “El tema de la comida lo hemos descartado. Me veía incapaz de comer y comer hamburguesas”.
El tema de la prostitución
Ni siquiera el tema de la prostitución le ha intimidado. “Era un mundo en el que me apetecía meterme. Salir vestida de puta, ir con ellas, pero en realidad no podíamos hacerlo porque no iba a llegar hasta el final y no sería real”, afirma la catalana.
Y aunque en todo momento cuenta con la ayuda de un psicólogo, Villar aún no ha necesitado esa asistencia. “Me dan bajones pero te acuerdas de que es un trabajo y que tienes una salida. Aplicas la profesionalidad, mantienes la compostura como la mantiene un médico”.
“Me costó más volver de 21 días entre cartones. Volver a tu casa después de establecer relaciones con vagabundos, te hace sentir culpabilidad (…) aunque por otro lado piensas que ya has hecho tu trabajo denunciando su situación, no puedes hacer nada más”, comenta.
Consciente del éxito del programa y su contribución a que las cadenas estén ahora más dispuestas a emitir más programas de reportajes o documentales, Villar valora la experiencia de 21 días como algo muy positivo donde ha aprendido a no juzgar. “Me he tenido que callar muchas veces la boca”.
Su próxima aventura, que está terminando de grabar estos días, será machacarse en un gimnasio durante 21 días. Y la próxima temporada promete un “tema sorprendente”.