TENDENCIAS
crisis económica, paro, CEOE, sindicatos, UGT, CCOO
@Juan Carlos Escudier - 02/05/2009
Como si fuera algo normal que los olmos dieran peras, los más empeñados en que el Gobierno aproveche la crisis para reformar el mercado de trabajo, abaratar el despido, recortar las pensiones y cambiar las reglas de la negociación colectiva han redoblado su presión sobre los sindicatos, con el argumento de que no pueden permanecer impasibles ante una política económica que ha generado cuatro millones de parados. A las centrales se les exige que convoquen una huelga general contra Zapatero que, según ha prometido, ni facilitará los despidos, ni rebajará las pensiones ni adoptará reformas en el mercado de trabajo que no sean bendecidas por los sindicatos, además de compartir con ellos la estrategia de aumentar el gasto público para incentivar la economía. En definitiva, se pretende que UGT y CCOO den peras y, de paso, se peguen un tiro en el pie, so pena de excomunión por entreguistas, inoperantes, oficialistas y vividores.
En realidad, a los promotores de esta movilización les trae al pairo los motivos por los que pudiera convocarse, incluida la alopecia de Rubalcaba, siempre y cuando fuera una huelga general contra el Gobierno. Pero aun imaginando que parar el país durante 24 horas sirviera para salir de la crisis, la posibilidad de que se haga realidad es remota, salvo que Zapatero adoptara contra la recesión las liberales recetas de sus opositores.
Ello no significa que haya que descartar el escenario de la huelga, pero siempre como reacción ante actitudes beligerantes de una patronal que no quiere oír hablar de subidas de sueldo y que quizás se vea tentada a recomendar a la empresas que no hagan efectivos algunos compromisos salariales pactados en los convenios vigentes. La huelga, por tanto, sería contra la CEOE y no contra el Gobierno. No son peras, pero es lo que hay.Alternativamente, cabe suponer que la estrategia de reclamar lo absurdo a los sindicatos por parte de sectores vinculados mayoritariamente a la derecha mediática, trata de poner en cuestión su papel y desacreditarles como interlocutores, en un momento en el que están en juego algunas cuestiones esenciales para el conjunto de los trabajadores. Las cifras de un desempleo galopante sirven de abono a la especie de que las centrales son simples correas de transmisión del Gobierno o que su inacción obedece a su dependencia de las subvenciones oficiales. ¿A quién favorece la debilidad sindical en una negociación sobre nuevas formas de contratación o sobre el futuro de las pensiones?
Es verdad que los sindicatos no son perfectos, que la burocracia ha anquilosado muchas de sus estructuras, que no han sabido atraerse a los trabajadores precarios y a los más jóvenes, que entre sus afiliados están infrarrepresentados mujeres e inmigrantes y que, en cierta medida, han perdido su carácter de movimiento social. Pero eso no es óbice para reconocer que han contribuido decisivamente en el desarrollo social del país, que han combatido la pobreza y la explotación, y que siguen siendo los garantes de un Estado del Bienestar que ahora se quiere poner en cuestión.
También es cierto que algunas de las críticas que reciben son manifiestamente injustas. Se menciona por ejemplo la baja afiliación, que ronda el 16%, muy alejada de las tasas de sindicalización de los países nórdicos (alrededor del 80%) o de la media de la UE, en torno a un 25%. Y se oculta que la negociación colectiva tiene efectos generales, de manera que no hay que ser afiliado para beneficiarse de la subida salarial negociada por un sindicato. O que la baja militancia dice poco de su representatividad porque cerca de un 70% de los trabajadores eligen a sus delegados sindicales.
Este modelo es el que ha determinado un sistema de financiación poco transparente, que se nutre de los Presupuestos Generales del Estado y que ha generado algún que otro escándalo por el desvío de los fondos previstos para la formación continua, actividad en la que comparten responsabilidades con las organizaciones empresariales. Es imprescindible una ley que establezca la financiación en función de las actividades realizadas y no por el número de delegados, y que lo haga de manera diáfana, aunque, por lo visto, no.
Los retos del sindicalismo en este nuevo siglo son enormes. Se hace indispensable una modernización de sus organizaciones, que siguen confiando a la capacidad autodidacta de sus propios representantes la gestión de conflictos cada vez más complejos, cuando no ya los empresarios, que cuentan con consultoras y bufetes a su servicio, sino los propios Gobiernos utilizan laboratorios de ideas para buscar alternativas o encontrar soluciones a los problemas que enfrentan.
Es necesario también imaginar nuevas formas de presión, porque la ciudadanía esta harta de soportar movilizaciones que le son ajenas, especialmente si afectan a sectores como el transporte, la educación o la sanidad. Hay quien ha planteado con bastante criterio aprovechar la necesidad de imagen que tienen hoy las empresas o buscar la complicidad de los consumidores, fórmulas que, por otra parte, han explotado con relativo éxito las ONG en sus pugnas con las multinacionales.
Los sindicatos han de ser cada vez más globales, sin olvidar que su poder radica en los centros de trabajo. No es una tarea fácil en un país con una red empresarial tan atomizada, con casi un 20% de empresas de menos de seis trabajadores. Es aquí donde han de desarrollar su función los liberados sindicales, en vez de copar el 5% de la plantilla de RTVE.
Su acción es imprescindible para enfrentarse a directivas como la del comisario Bolkestein, que pretendía con la libre prestación de servicios trasnacionales que empresas y trabajadores se rigieran por las condiciones de su país de origen, o para impedir que la jornada laboral pueda fijarse en un pacto individual en el contrato. Son útiles, incluso, a las propias empresas, que difícilmente podrían encauzar sin su ayuda algunos conflictos laborales a los que se enfrentan. No dan peras pero ofrecen algo de seguridad. A algunos, les basta.
Opiniones de los lectores (72)
72.
169 Brown»04/05/2009, 14:29 h.
Cuando Méndez llegó a la Secretaría de Andalucía desde la de Jaén, vino con secretarios amigos de esa federación; que para que uno siguiera liberado en Sevilla, había que darle plaza en Sevilla. Se le facilitó el examen de Técnico con matrícula de honor, para que nadie le quitara la plaza. Desde que llegó a Sevilla NO apareció por la empresa jamás, a pesar de que ésta le pagaba la nómina. Así catorce años.
Cuando un senador PSOE dejó su sinecura en el Senado y debía volver a Sevilla, su tajo, se le concedió plaza en Badajoz, NO habiendo plazas vacantes en Badajoz y a continuación fue nombrado Consejero de Extremadura. Eso sí, sin dejar de cobrar su sueldo de la Empresa.
Cuando otro destacado liberado dejó su liberación, le dieron el exámen de Capataz y sin interrupción lo hicieron jefe de Recursos Humanos en Baleares. Qué salto; de sindicalista a jefe de Recursos Humanos.
Cuando otro sindicalista liberado cesó como presidente del Comité de Empresa de Cádiz, se le dio el exámen de Encargado Administrativo y se le nombró Jefe de Sección en Sevilla; terminó siendo Director Provincial.
Otro insigne liberado terminó de Director Territorial en Castilla la Mancha. En fin conozco ....
71.
maitica»03/05/2009, 22:02 h.
Yo no creo que hay que acabar con los sindicatos, pero sí con su actual manera de financiación y cambiar su actual sistema de apoyos. Me explico.No puede subvencionarlos ningún gobierno, pues nadie se mete con quien le da de comer. Igual que se hace con la Iglesia, a quien ya no la subvenciona el gobierno, en el impreso del IRPF se marca con una X quien quiera dar su dinero a los sindicatos y así y con las cuotas de sus afiliados que se sustenten.Así serán totalmente libres y tendrán que ganarse las lentejas frente a la gente. Por otro lado, hoy los sindicatos sólo cuidan a los trbajadores de las grandes empresas, que son de las que pueden sacar buena tajada, y no se han dado cuenta que en este momento más dek 40 de los trabajadores son autónomos y de éstos no se preocupan. Tampoco de los 4 y más millones de parados.entonces¿de quién se preocupan? de ellos, ¿No es totalmente injusto que habiendo todos estos parados los sindicatos tengan liberados?gente que cobra sin trabajar[qué chollo].Podían empezar dando ejemplo y hablar menos y hacer más. Hoy más parecen el sindicato de Franco que un sindicato que se preocupe de los trabajadores
70.
JOTALE»03/05/2009, 21:55 h.
Sr. Escudier. ¿Por qué íbamos a querer acabar con los sindicatos?.
Todo lo contrario. Lo único que pedimos muchos de nosotros, es que los mantengan con las cuotas de sus afiliados o las generosas donaciones de las personas que, como vd. mismo, defienden su presencia y permanencia. Ya sabe el truco, una crucecita en la declaración anual a Hacienda y listo.
Al menos, el antiguo sindicato vertical instaurado por el franquismo salía mucho más barato. Estos de hoy, soy tan verticales como aquel, con dos diferencias, sirven en exclusiva al mentecato que nos arruina y desgobierna y venden caro su favor, cargando un poco más las espaldas de los contribuyentes su favor.
Pues sucede que somos muchos los que renegamos de ellos y, puestos a escoger, desearíamos otros, independientes y sin subvención alguna, pagándolos con nuestra cuotas para que nos sirvieran a nosotros, no al gobierno del partido de su cuerda aunque este nos lleve a la ruina.
Que un elemento como vd. sea incapaz de entender que hay reformas necesarias, al igual que no todas las drogas medicinales son agradables de tomar, pero imprescindibles para asegurarnos el futuro, es una encomiable muestra de libertad de opinión.
69.
raf»03/05/2009, 21:51 h.
#65 Estimado Arquitecto:
¿Por qué trata de meter en el mismo saco a la Iglesia y a los Sindicatos?
Veamos algunas notables diferencias:
- Un 70% de los españoles admiten ser católicos. Frente al 11% de trabajadores afiliados a los Sindicatos que dicen representarlos.
- La Iglesia AHORRA dinero al Estado en Sanidad y Educación. ¿Qué aportan los Sindicatos?
- La Iglesia AYUDA a los pobres y necesitados. La IGLESIA DA DE COMER diariamente a decenas de miles de españoles [e inmigrantes] afectados por la Crisis. Dígame Usted [o algún otro con carné de "progre" en la boca] qué están haciendo los Sindicatos por los cuatro millones de parados.
:-/
68.
carlosDe»03/05/2009, 21:23 h.
Otro artículo que me ha gustado. ¿Será que soy de izquierdas y todavía no me había enterado?. !Yo que me creo que no soy de nada !.
Vista la lógica aplastante de la CEOE: Denme despido libre y así contrataré más, se deducen dos cosas.
1] Ya sabemos por que las empresas van tan mal.
2] Los sindicatos son necesarios.
Claro que tienes sus defectos, pero los de enfrente son de cuidado.
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Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.
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