TENDENCIAS
Con una copa de vino (o alguna más)
@María José S. Mayo - 11/04/2009

Un sorbito de un buen vino mientras apreciamos una gran película. No hay nada mejor. Y es que el cine en casa nos ha posibilitado que la experiencia se convierta en un placer irresistible condimentado con un buen caldo.
Un vino no se casa con cualquier comida, pero hay otros maridajes. El otro dia descubrí un vino francés, el Parallèle 45, y creo que nunca dejaria de tomarlo con una película como el Pickpocket de Bresson o cualquiera de Louis Malle. Póngase al caso Los amantes. O mejor: acompañemos a los protagonistas de la encantadora Mi cena con André, una cinta que es eso, una conversación inteligente de casi dos horas de duración.
Prueben a ver Blade Runner con un multivarietal como Regajal, un vino de Madrid muy psicológico ya que lleva en su etiqueta una de esas imágenes de manchas del test Roschard hecha con los colores terrosos de un vino. Todo por aquello de que la película de Ridley Scott es profunda y tiene también su propio test: el que hacen para descubrir si alguien es replicante.
Una gran noche de cine sería ver Amanecer o La regla del juego con un jumilla de altura, del tipo de Nido o Clio. Sus inigualables sabores combinarían perfectamente con el esplendor de las imágenes de ambos filmes. Insuperables.
Volvería a ver Surcos con un vino toledano como el Jiménez Landi, y Fresas salvajes acompañada con Huno, todo un descubrimiento de la Ribera del Guadiana que combina con esa fruta primaveral de manera excelente. Además, sería toda una apuesta segura revisitar Ciudadano Kane con un vino como Zerberos Finca 2007.
Seguro que lo están pensando. Sí. Vino y cine, vino y cine… ¡claro! ¿Qué pasa con Entrecopas?. Hay que hablar de ella. Su argumento es simple. Es un pequeño viaje. El que emprenden dos amigos, uno experto en vino y el otro un tanto cazurro, el primero un escritor deprimido y el segundo un actor de televisión a punto de casarse que quiere echar una cana al aire. Ambos se lanzan a la carretera para realizar una ruta de vinos por California.
¿No me dirán que la película no se convierte en el perfecto complemento a la degustación de unos sorbitos de buen caldo? Eso sí, nunca Merlot, que el personaje de Miles, interpretado por el genial Paul Giamatti, lo odia. De hecho, uno de los momentos que más gracia me hacen es aquel en el que antes de entrar en un restaurante en el que han quedado con unas chicas, su amigo Jack le pide por favor que no se ponga pesado con el vino. Miles le contesta que de acuerdo, pero que si piden un Merlot, se larga de allí.
Ya sea con Syrah, con Cabernet Sauvignon, con Tempranillo de toda la vida, con Garnacha o con Pinot, el cine sabe mucho mejor con un buen vino. Si el arte de la superemoción depende tanto de nuestro estado de ánimo, no hay nada como dejarnos embaucar por un sabor que definitivamente asociaremos a un buen momento de cine.
Opiniones de los lectores (1)
1.
Leg»14/04/2009, 11:46 h.
Qué gran película, Entre Copas! Sencilla y profunda, divertida y triste. Al final, te quedas con ese sabor agridulce, esa sensación increible que sólo te deja el buen cine.
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